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Mi hermano disfuto de mi mano

Mi hermano y yo íbamos a la misma universidad, yo cursaba el segundo semestre de enfermería y mi hermano el cuarto, escogimos la misma carrera ya que siempre tuve una gran admiración por él y aunque fuimos muy unidos desde niños al llegar a el estudio profesional ya casi no convivíamos como en antaño. Recuerdo una vez que regrese a casa de una práctica de anatomía, en ella habíamos asistido al anfiteatro, lugar donde se encuentran las personas muertas en accidentes y que nadie reclama y que se nos permitía hacer disecciones para conocimiento de los órganos internos del cuerpo para nuestra posterior vida profesional como enfermeros, esa vez nos tocó examinar a un hombre de aproximadamente 40 a 45 años, de tez clara que había muerto de un paro cardiaco, ahí estaba aquel cadáver tendido sobre una fría plancha de azulejo blanco, desnudo y grotescamente cosido con hilo corriente como si fuese un costal de papas ya que los médicos forenses le habían practicado la autopsia de ley.


El cadáver yacía con las piernas entreabiertas y destacaba un gran pene que caía hacia la derecha descansando sobre el muslo, era un gran ejemplar, yo en lo personal nunca había visto un garrote dormido de tal tamaño, se empezaron a oír risillas entre los estudiantes ya que había también chicas en el grupo y al tiempo que el instructor nos daba la clase mis ojos no podían apartarse de esa gran pija. De regreso a casa no dejaba de pensar en aquel hombre e imaginaba el tamaño que tendría aquella verga erecta, acariciaba mi concha por debajo del pantalón mientras conducía ya que estaba sumamente excitado, llegue, me metí directo a tomar una ducha, estaba muy caliente y quería masturbarme pensando en aquel hermoso pene. Estaba tan entusiasmado acariciando mi concha bajo la regadera que no me percaté que había dejado la puerta del baño entreabierta y que mi hermano que había llegado en silencio me observaba acariciando el gran bulto que se veía abajo de sus pantalones, fue entonces que gire la cabeza y lo vi, me pegue un gran susto y mi primer reacción fue la de cubrirme con la toalla, mi hermano entonces me dijo con voz sarcástica mientras me arrebataba la toalla dejando mi pene aún erecto a la vista, lo miró fijamente y me dijo con voz de mando, ven acá mientras salía del baño.


Lo seguí avergonzado, no sabía que iba a pasar, si me delataría con mis padres o que me iría a hacer, él se sentó en un sofá y me dijo acércate, me acerqué temeroso, temblaba del miedo al desenlace desconocido, mi hermano notó mi nerviosismo y acariciando mis nalgas me dijo con voz tranquilizadora, relájate no va a pasarte nada. Mi hermano bajo su cremallera y saco de entre sus piernas un bien dotado y erecto pene, tomo mi mano y me ordenó: ¡tócame!, mi primera reacción fue de desapruebo, pero él tomó mi mano y la puso sobre su pene, al sentir aquel trozo de piel caliente y palpitante entre mis manos instintivamente comencé a masturbarlo lentamente. Mi hermano me recostó sobre el sofá y puso su pene en la entrada de mi ano y con un movimiento brusco logró meter su cabeza, el dolor fue insoportable y me hice a un lado instintivamente, mi hermano se inquietó un poco y me preguntó, ¿te lastimé?, asentí con la cabeza y entonces me dijo, ok entonces tómala con tu mano.


Él se recostó en el sofá y yo le tome su pene suavemente de arriba a abajo muy despacio dejando al descubierto su cabeza roja y brillante que dibujaba una gota de lubricante cristalino y espeso, mi carnal estaba muy caliente y yo también lo estaba, los minutos pasaban y entonces mi hermano se empezó a arquear, su respiración se hacía más rápida y entrecortada, me di cuenta que estaba por tener un orgasmo, entonces empecé a frotar su pene más y más rápido, ya mi mano estaba babosa de tanto lubricante que salía por aquella enorme cabeza que pareciera que explotaría en mi mano, de pronto aquel pene se puso más duro todavía se oyó un quejido profundo de placer y empezó a brotar aquel semen blanco y tibio, fue algo que a la fecha nunca más he visto, lanzó tres chorros consecutivos de esperma con tal fuerza que llegaron hasta el techo de la casa, yo seguía moviendo mi mano, ahora más suave, más lento y la cascada de leche continuó brotando llenando mi mano, mi hermano se levantó, se dirigió a su habitación y antes de cerrar la puerta me dijo aquí no pasó nada, yo no vi lo que hiciste en el baño y tú no me hiciste nada, después cerró la puerta. Yo tenía una erección durísima y estaba muy caliente por todo lo que había pasado, así es que tomé mi pene con mi mano todavía llena de semen tibio de mi hermano y empecé a masturbarme, que sensación tan agradable con aquel lubricante natural, fue algo rápido pero hermoso y llegue al orgasmo con tanto placer que eyaculé copiosamente mezclando su semen con el mío, por un momento quede exhausto recostado en el sofá para luego pasar a limpiar aquella escena que quedó bañada de nuestros jugos. La vida continuó mi hermano y yo nos vemos, pero como si no hubiera pasado nada, pero en el fondo sé que al igual que yo desea volver a tener acción.