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Un tio con suerte

Estoy convencido, que, para las jóvenes, los hombres mayores representamos un reto a conquistar, será la experiencia, el trato amable o simplemente la madures que no encuentran en chicos de su edad, lo que provoca que ellas busquen tener sexo con hombres mayores. Pero también es importante la imagen que trasmitimos, la cortesía, la educación, la apariencia y sobre todo el respeto, son parte de la miel que atrae a tan lindas chicas. Mi siguiente historia, trata sobre la bella experiencia que tuve con una chica 22 años más joven, que paso de ser, la niña consentida y confidente a la mujer amante. Mi sobrina Daniela fue, desde su nacimiento, la niña más mimada de mi familia política, al ser la primera nieta de mis suegros, toda la familia se volcó en atenciones y mimos para ella, pero de manera especial, lo fue para mi esposa, se volvió su compañera y su muñeca y como éramos novios todavía, los primeros años de Daniela, siempre nos acompañaba a todos lados.


Cuando nos casamos y nos fuimos a radicar a Guadalajara, mi esposa siempre buscaba la forma de enviarle regalos y de visitarla cuando tenía vacaciones. Lógicamente, cuando eran mis cuñados quienes nos visitaban, mi esposa se desvivía por consentir a su sobrina. Daniela tenía 11 años cuando quedé viudo, y para ella, la pérdida de su tía, fue muy significativa, su actitud para con mis hijos era la de una mamá sustituta y cuando los veía los trataba tal y como ella era tratada por mi esposa. Cuando regresamos a la Ciudad de México, mi sobrina ya contaba con 17 años, y solía pasar a la casa para estar con sus primos o los llevaba al cine, además de empezar a considerarme como su tío-amigo, el que le ayudaba cuando necesitaba algo que sus papas no podían darle o el confidente al que le podía platicar todo y recibir a cambio, consejos o recomendaciones.


Las cosas que no le decía a sus padres, venía conmigo a ventilarlas, fue así como me enteré, de sus novios, de sus problemas escolares, de su elección de profesión, del supuesto viaje con su escuela que en realidad fue un viaje con su novio y donde perdió su virginidad, de sus triunfos y sus derrotas, de sus buenas y malas experiencias, fui yo quien la llevó por primera vez a un ginecólogo y quien le compró sus primeros preservativos y anticonceptivos, y a los 21 años, cuando decidió casarse, después de que su novio pidió la mano a sus papas, vinieron a platicar conmigo. Así era la relación con mi sobrina, hasta que días después, vino a la casa y me platicó que recordaba la vez que nos descubrió a su mamá (Rosalba) y a mí, teniendo sexo en mi casa de Guadalajara, y las veces siguientes que despertaba y se imaginaba, lo que pasaba en el cuarto donde yo supuestamente dormía, me confió que me había escogido como confidente porque sabía que yo le daría los mejores consejos sobre sexo y que ahora antes de casarse, deseaba hacer el amor conmigo, su mejor amigo.


Recordé todas esas ocasiones donde vino a mí, pidiendo consejo, donde me platicaba alegremente sus experiencias agradables, y donde lloraba en mi regazo sus desventuras, cuantas veces la vi semidesnuda en la casa, o durmiéndose recostada en mis piernas, sin que causara ningún morbo. Hasta ahora, que, al pedirme ser su amante, al recordar todo esto, la empecé a ver como mujer, a darme cuenta de su belleza y sus atributos físicos, Daniela causó en ese momento un sentimiento confuso, una parte de mí se negaba a aceptar la propuesta, otra, la más fuerte, no dudó en aceptar la proposición de una bella mujer. Quedamos en hacerlo un fin de semana, donde diríamos que iríamos a buscar su regalo de bodas, y aprovecharíamos para irnos a un hotel a la salida de la ciudad, donde no hubiera problema de que alguien nos viera.


Al llegar el día, pasé por ella a su casa, y ahí me dio dos gratas sorpresas, estaba vestida, con una sensual minifalda y una blusa semitransparente, con un suéter amarrado al cuello que le tapaba discretamente, la segunda fue mejor, pues les dijo a sus papas, que después de las compras, iba a pasar la noche con su mejor amiga (cosa que no era cierta), su idea era pasar dos días conmigo. Tomé ruta hacia la carretera, a un Motel, que investigué por internet, y donde ofrecían confort, limpieza y sobre todo discreción para sus clientes. En el camino, ella no soltó mi mano, platicamos normalmente, y en cada semáforo, aprovechaba para besarme rápidamente, yo disfrutaba viéndole sus piernas casi desnudas y en ocasiones ponía nuestras manos sobre ellas. Al llegar al Motel, pudimos comprobar todo lo ofrecido, además de que, al entrar a la habitación, nos sorprendió todo lo que vimos en ella, cama circular con sabanas de seda, espejos en las paredes y techo, jacuzzi, sillón tantra, dos copas y una botella de vino blanco frio, en el baño había un par de batas blancas, varios preservativos, un tubo con gel, además de una lista de precios no solo de comida sino también de juguetes. Al cerrar la puerta, no atinábamos a hacer nada, yo pasé al baño, mientras Daniela se sentó en la cama y prendió la televisión, al salir de baño, la sorprendí anonadada, viendo una película porno, donde una joven se estimulaba con un vibrador junto a un hombre con un miembro descomunal.


Me comentó que nunca había visto una película porno y que deseaba que la viéramos un rato, yo preferí observarla a ella, me hinqué frente a mi sobrina para besar y acariciar sus piernas, subiendo despacio, desde las rodillas hacia su cadera, poco a poco fui subiendo su pequeña falda, hasta lograr divisar sus braguitas de color azul claro con diminutos puntos obscuros, ella estaba absorta en la película donde ya se mostraba al hombre enterrando su mástil en la joven protagonista, seguí acariciando y besando hasta llegar a su entrepierna, su braguita estaba completamente mojada, destilaba un fino olor a sexo que yo aspiré, en ese momento Daniela apagó la televisión para disfrutar mejor lo que a ella le estaba ocurriendo. Nos empezamos a besar, una a una, nuestra ropa fue cayendo, primero, quité su blusa y su brassiere, para dar paso a unos generosos y firmes pechos (herencia de su madre), su pequeña falda no costó nada de trabajo, me detuve un momento para desvestirme completamente, empezó a besarme el pene, lo tomaba con sus manos y lo metía a su boca, lo chupaba, pasaba su lengua por la punta y seguía así hasta llegar a mis huevos, los cuales también masajeaba, llegó el momento en que no podía más y le avisé que estaba a punto de venirme, puso mi verga entre sus bubíes y así me llevo al orgasmo, recibiendo mi leche en su cara, su boca y sus pechos.


Daniela se mostraba feliz, únicamente vestida con su braguita azul se puso a bailar en el tubo, como si fuera una bailarina de tabledance, se movía lo más sexi posible y me invitaba a tocarla mientras ella bailaba, así bailando la despojé de su única prenda y aproveché para manosearle su húmeda vagina. Cuando notó que yo tenía otra erección, fuimos a la cama. Empecé a tocarle libidinosamente sus senos, estiraba sus pezones y comencé a chupárselos fuertemente, mientras mi mano buscaba su concha y mis dedos frotaban su clítoris, para después meterle el dedo medio por su rajita que en ese momento ya chorreaba, estaba a punto del éxtasis cuando bajé a darle una mamada y clavarle mi lengua lo más al fondo de su sexo, lo que le provocó un enorme y húmedo orgasmo, era como si se orinara encima, yo bebía ese elixir que al mismo tiempo me empapaba e inundaba la cama. Nos separamos solo un momento, para acomodarnos, poner la cabeza de mi empalada verga en la entrada de su concha y despacio, penetrando poco a poco, dejarle ir los 18 centímetros de carne hasta el fondo de su sexo, ella gozaba, gemía y gritaba que me amaba, fui acelerando mis movimientos y entonces yo le decía que era mi puta gatita, que le iba a dar como nunca le había dado ningún mozalbete de los que ella conocía, le tomé las piernas y las llevé a mis hombros, para poder llegar más a fondo, mamaba y chupaba sus generosos senos, dejándole marcados mis labios, era como si peleáramos, ella tomaba mis nalgas para empujarse más fuertemente mi verga al tiempo que me enterraba sus uñas, me gritaba que le encantaba ser mi puta, nos separamos brevemente para cambiar de posición, poniéndome yo de espaldas para que ella pudiera cabalgarme, movía sus caderas de manera impresionante, se metía y se sacaba mi pija completamente y en cada arremetida gemía y gritaba como loca, yo la veía por los espejos y me excitaba cada vez más, estaba a punto de correrme y ella no paraba de moverse, me vacié completamente dentro de ella, acompañado de gemidos y gritos, ella al oírme y sentirse inundada todavía aumentó la velocidad de sus movimientos y la fuerza de sus gemidos, para a continuación tener otro larguísimo orgasmo que terminó de mojar las sábanas y la cama, dejándose caer rendida sobre mi pecho, así estábamos jadeando los dos, cuando empezamos a reírnos a carcajadas y a besarnos locamente.


Después de un rato, volvió a prender la televisión, estaba encantada con el Porno, nos metimos al Jacussi, mientras solicitamos nos fueran a cambiar las sabanas de la cama y aproveché para comprarle un dildo con masaje. Mientras estábamos en el agua y frente a las dos señoras que hacían la limpieza, nos pusimos a echar un faje, que, junto con la película, nos pusieron nuevamente a mil a los dos. Cuando las empleadas se retiraron, visiblemente excitadas, Daniela me pidió le enseñara a usar su juguete nuevo, nos acomodamos en el sillón tantra, e inicié a masturbarla con el dildo en su panocha y mi verga en su boca, en la televisión se mostraba un anal, por lo que mi sobrina me pidió que la preparara para que le rompiera su culito, quería entregarme su virginidad, con los mismos jugos que emanaban de su concha, humedecía mis dedos, que le iba metiendo uno a uno en su agujero, cuando lo creí conveniente, me puse un condón y llene su culo y mi verga de gel, para así, empezar a meterle mi falo lentamente, al sentir como le abría su ducto anal, Daniela me gritaba y maldecía al tiempo que me pedía le metiera más mi tumefacto palo hasta sentir mis huevos en su cola, momento donde me detuve brevemente para que su culo se acostumbrara a su nuevo visitante y después poco a poco irme moviendo junto con ella para terminar con unas arremetidas de verga que la llevaron al paraíso junto con su dildo que metía y sacaba salvajemente de su panocha.


Cuando terminamos, Daniela estaba molida, nunca experimento sexo tan salvaje en su vida, jamás se imaginó verse con su culo tan dilatado. Nos metimos a bañar con agua bien caliente, para que se relejara, mientras nos traían algo de comer. Después de bañarnos y comer, aprovechamos para dormir un poco, sabíamos que nos esperaba una larga noche. Durante la noche y la mañana, disfrutamos y gozamos el uno del otro, hasta el mediodía del domingo en que abandonamos el hotel, y pase a dejarla a casa de su amiga. Para Daniela sigo siendo el Tío-confidente, además de ser una gran mujer y empresaria triunfadora, hoy se ha convertido en una excelente madre, en estos catorce años que han pasado de nuestra aventura, solamente una vez más volvimos a encontrarnos sexualmente, y les puedo asegurar, que sigue viendo películas porno y gozando de su juguete, pues en esa ocasión, probamos formas y posturas que jamás imaginé.