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Iniciando a mi cuñada

Una tarde al inicio de un curso escolar en la universidad, estaba con mi mujer en casa de mis suegros y mi cuñada dijo que pronto empezaría su nuevo curso. Cabe decir que es una chica muy linda, se llama Karina, tiene 21 años (yo tengo 31) mide 1.67, es de tez blanca, un cabello hermoso, una cintura delgada, tetas pequeñas pero paraditas y un culito muy rico, se viste muy bien y a veces deja ver su hermoso culito con su ropa ajustada. Resultó que los inicios del horario de su curso se cruzarían con mis horarios para abrir mi negocio y algunos días el cierre sería a la hora de su salida. Por lo que cuando comenzó a contarnos, le ofrecí que yo pasaría por ella ya que la universidad me quedaba de paso. Al inicio no lo hice con ninguna intención, pero después de acostumbrarme a verla, empecé a mirarla diferente. Las primeras semanas conversábamos poco, pero con el pasar del tiempo teníamos muchas conversaciones. Karina me contaba de sus cursos de la escuela, sus amigos y amigas, y lo que más me llamaba la atención, de todo el ejercicio que hacía y de cómo le dolía su cuerpo. Poco a poco empezamos a tener más confianza. Un día entré a su casa y escuché que Karina se estaba bañando. Imaginé como sería verla, pero no me apresuré por lo que aproveché y subí a su habitación. Me excitaba el hecho se saber que llevaría debajo de esa ropa ajustada que usaba.


Abrí su cajón y vi todas sus braguitas y tanguitas, sus sujetadores. No vi conjuntos de lencería y por lo que la conocía asumí que aún era algo inocentona en cosas de sexo. Cuando ella salió, yo estaba muy serio sentado en la sala. Karina: Hola Beto (ya no me decía cuñado, sino por mi nombre), se me hizo algo tarde, ¿me esperas un poco? (se asomó en toalla) Yo: Si claro, con mucho gusto. ¿Aun sigues adolorida de ayer? Karina: Si un poco. Creo que no haré ejercicio hoy. Al salir, le volví a preguntar si haría ejercicio, ella me dijo: Karina: No, creo que no. Yo: ¿Con un buen masaje te repones no crees? Karina: El problema es quien me lo da jejeje (se rio) En la tarde tocaba que pasara por ella. Cuando se subió al auto empezamos a platicar de todo, cuando llegamos, me percaté que no había nadie en su casa, entonces le dije: ¿Aun quieres ese masaje? Karina se sonrojó. Y me dijo: Pues no suena mal. ¿Quieres pasar? Entramos y ella se fue a cambiar, eso me extrañó. Regresó y llevaba puesta una blusa de tirantes y un short pequeño. Yo estaba sentado en un sillón individual y ella se recostó boca abajo, lo cual dejó su culito redondo y hermoso en una mejor vista para mí. Empecé a recordar que había visto su ropa interior y aunque no sabía que llevaba puesto, me lo imaginaba, fue tan rápido. Karina me dijo: Si me vas a dar ese masaje prometido, ¿cuñadito? Me levanté rapidísimo y me acerqué. Ella se puso boca abajo y empecé a masajearla.


No era un masaje de estrés así que no estuve mucho en el cuello, estuve buen rato en la espalda dándole un rico masaje, de pronto vi sus piernas y empecé desde los tobillos, poco a poco subía, llegué a sus muslos y subía poco a poco, cuando estaba por llegar a su culito me detuve, me lo salté y fui a la espalda. Karina sonrío. Seguí por la espalda, cuando de pronto ella se bajó los tirantes de la blusa y el sujetador. y me dijo: Desabróchame el sujetador y bájame la blusa, para que me masajes bien la espalda. La obedecí, aunque tenía unas ganas de verle las tetas me contuve y solo le di masaje en su espalda. Volví a sus muslos y estaba por terminar, cuando, sin levantare me dijo: Karina: ¿Sabes qué? me ejercito de abdomen, piernas y... (hizo una pausa) glúteos. Me quedé atónito. Jamás pensé que me lo pediría. Pero lo empecé a masajear, lentamente, quería aprovechar el tiempo y tocarlo era delicioso. Duré varios minutos solo masajeando su culito, pensé que debía terminar y lo hice. Karina se acomodó su blusa y sujetador y se fue a su recamara. Me fui a la cocina para estar a solas, para relajar mi excitación que ya se notaba. Estaba a punto de irme sin despedirme cuando llegó y me agarró las nalgas. Karina: Bueno creo que me debes varios de estos. Me sorprendí demasiado y le dije: Yo: Creo que sí. ¿Quieres que congelemos la deuda? Karina: Dejémosla abierta. Puedes incrementarla, aunque dudo que la puedas saldar pronto.


En los días y semanas siguientes, muchas veces me dejaba tocarle el culito, poco a poco los toqueteos mutuos eran más comunes pero discretos. Habíamos empezado por tocarnos el culo, pero poco a poco ella me deba más apertura para acariciarla. En 4 semanas, los toqueteos estaban tan permitidos, que empezó a ir a diario a mi negocio, yo cerraba, nos besábamos y ella me tocaba lo que quería y ella se dejaba tocar todo, pero siempre por encima de la ropa. Un día, casi 7 semanas después del masaje, llegamos a su casa y vimos que no había nadie. Karina envío algunos mensajes, no me dijo nada y de pronto recibió algo. Entonces me dijo: Karina: ¿Quieres pasar? No llegará nadie hasta las 10. (Eran las 6) No habíamos tenido esa oportunidad desde lo del masaje, pero esta vez ella se había asegurado del tiempo que teníamos. Entramos y ella comenzó a besarme, pronto empezó a tocarme como lo hacíamos en el negocio. Yo le correspondía con lo mismo. De pronto se detuvo y me dijo: Karina: Pensé que nunca tendríamos este tiempo y quiero aprovecharlo. ¿Me esperas un momento? Yo solo asentí con la cabeza. Fue a su recamara, no sabía que tenía planeado ni siquiera sabía si era virgen o ya había tenido una que otra experiencia sexual. Yo esperaba en la sala, cuando de pronto llego. Tenía puesto una blusa de tirantes y un short muy corto (casi la misma ropa del día del masaje). Cuando llegó le dije: Yo: ¿quieres otro masaje? Karina: ¿Cómo adivinaste? Yo: Pues... se nota. Karina: (mientras se recostaba) Pero esta vez puedes tocar y ver lo que quieras cuñadito. Estaba sorprendido, era mi oportunidad de tocarla todo lo que quisiera y por mi mente pasó, cogérmela. Empecé a masajearla y no dudé en irla desnudando poco a poco, ella se dejaba quitar la poca ropa que llevaba puesta, primero le quité su blusa y sujetador.


La masajeaba y de pronto quería tocarle sus tetitas, pero me contuve, masajee sus piernas y cuando le tocaba al culito, le baje y quite su short. Cuál fue mi sorpresa que llevaba puesta una tanguita diminuta que no había visto en su cajón antes. Yo: Que rica tanguita llevas puesta... Karina: ¿Te gusta? Es nueva, me la compre para cuando me dieras este masaje. En eso se incorporó y se tapó las tetitas con un brazo, y con la otra me lazo en el sillón. Se subió encima de mí y me empezó a besar. De pronto sus manos ya no estaban en sus tetitas, sino que me tocaban y empezaban a desnudarme. Fue en ese momento que se incorporó y le vi sus tetitas, sus pezones estaban parados, no dude y empecé a besárselos y chupárselos. Ella hacia pequeños gemidos. Mis manos recorrían todo su torso desnudo, tocaba sus tetas y le acariciaba su culo. Ella solo tenía puesta la tanguita nueva. Karina me quito algo de ropa mientras nos besábamos y tocábamos, me rozaba la verga con su culito y con sus manos, pero no me quitaba el pantalón. En eso ella se detuvo y me dijo: Karina: ¿Te puedo decir algo? Yo: Claro, con confianza. Karina: Pues he tenido novios antes, pero nunca he llegado a esto con nadie. ¿Si sabes a que me refiero? Yo: Si creo que sí. ¿Eres virgen entonces? Karina: Si, pero no quiero dejar pasar esta oportunidad. La empecé a besar y poco a poco la empecé a recostar sobre el sillón. Me quite mi pantalón y quede solo en bóxer. Seguí besándola y poco a poco empecé a bajar, cuando por fin llegue a su concha le quite su tanguita y comencé a acercarme, le empecé a chupar la concha, le paseaba mi lengua por todos lados, lo tenía semidepilado y estaba muy mojado. Se lo chupe por mucho rato, le movía el clítoris de un lado a otro mientras ella solo se revolcaba en el sofá. Estaba gimiendo muy quedito, yo seguí chupándole sus jugos y jugando con su clítoris, le gustaba lo que hacía y me habría más las piernas para que se lo chupara bien.


De pronto ella se vino, se mojó muchísimo y se reclino un poco. Karina: Estoy muy excitada. Nunca me había sentido tan excitada. Yo: No me digas que no te tocas tu coñito, Karina. Karina: Si me lo toco pero que me lo hayas chupado me ha mojado y excitado como loca. Yo: ¿Quieres intentarlo? Karina: Si. (riéndose y un poco con temor) Me levante y me disponía a quitarme el bóxer, cuando me detuvo y empezó a hacerlo ella. Me bajo el bóxer y salió mi verga frente a su cara, su cara fue de asombro y me empezó a tocar la verga, me la acariciaba como cuando nos tocábamos en el negocio, así estuvo un rato cuando de pronto me dice: Karina: ¿Te la tengo que chupar? Yo: Pues si quieres, no es a la fuerza. Karina: Quiero, pero no sé si me va a gustar. A ver... Comenzó dándome besos en la verga, yo parado frente a ella. Me la besaba por todas partes, le daba vuelta a la verga con besos, pero sin lengua, cuando de pronto le dio un beso a la punta, yo sentía que se me salía el semen. Le empecé a tocar las tetitas y ella empezó a lamerme la verga, poco a poco su lengua la sacaba más y me recorría la verga con ella. Eso me excitaba mucho. Yo: Ya habías hecho esto antes Karina? Karina (con mi verga en su lengua): No cuñadito, me estas estrenando con la chupada de concha, ¿esta chupada de verga y.… ¿me vas a desvirgar verdad? Ella seguía pasando su lengua por mi verga y después le dio otro beso a la punta, abrió su boca y se la metió un poco, le paso la lengua y nuevamente abrió su boca y esta vez se metió mi verga más al fondo, así poco a poco hasta que pronto la tuvo casi por completo en su boca, la metía y sacaba lentamente y estaba a punto de estallar mi corrida de semen en su boca, pero sabía que aún tenía que desvirgarla.


Me estaba conteniendo de la corrida y Karina no dejaba de meter y sacar mi verga de su boca. La tome de la cabeza y se la menee para que me chupara la verga completa, entonces saque mi verga de su boca y le dije: Yo: ¿Te gustó? Karina: Me encantó, espero que me dejes hacerlo muchas veces. Le abrí las piernas, le puse mi verga cerca de su concha y le dije: Yo: ¿Estás lista cuñadita para ser mía? Se mordió los labios y asintió con la cabeza. Me acerqué poco a poco y le pasé mi verga por su coñito húmedo. Ella estaba nerviosa. Puse mi verga en la entrada de su coñito virgen y poquito a poquito empecé a empujar. Karina: Mmm me duele un poco, hazlo despacio. Yo: Eso haré cuñadita. Sacaba lo que había metido y comenzaba de nuevo. Puse su short debajo para no manchar el sillón. Y seguí metiendo poco a poco. Cada vez más le empujaba mi verga en su concha. Ella gemía y muchas veces me decía que le dolía un poco, pero siguiera. Empuje y empuje, despacio para que pronto lo disfrutara. Entonces saqué casi toda mi verga y ahora si lo hice más fuerte. Mi verga entro toda y Karina dio un pequeño grito. Karina: Ahhh. ¿Ya me la metiste toda? Yo: Ya cuñadita, esta toda adentro. Le deje mi verga adentro por un rato, moviéndome lentamente hacia adelante y hacia atrás, me acerque un poco y le comencé a chupar los pezones. Mi verga estaba ahí, adentro tratando de acostumbrarla. Su cara era por momentos de dolor y por momentos de placer. Poco a poco empecé a bombearla lento hasta pronto estábamos cogiendo ya en mas forma. Karina ya no sentía más dolor y quería más y más, me decía: siii así, que rico... mmmm.... aaaaa.... Nos detuvimos, le dije que se volteara, la puse en 4 y le meti mi verga nuevamente por la concha. Esa posición me dejaba agarrarle su hermoso culo, la sujetaba de ahí mientras me la cogía cada vez más fuerte. Ya la había desvirgado, pero ver su culito frente a mi hacía que deseara penetrarlo también.


Me contuve, sabía que eso no acabaría ese día. Esa posición le hacía sentir mi verga más profundamente, ella estaba gimiendo mucho y pidiéndome que no parara. Estaba a punto de correrme, entonces le dije: Yo: ¿Dónde quieres que me corra? Karina: Dentro de mí, quiero sentir todo. No lo dudé ni un segundo. Seguí cogiéndomela, ella gemía y sin moverse mucho la penetraba lo más que podía. Ya era mi hora y me corrí dentro de ella, fue una corrida muy abundante. Le dejé mi verga dentro y poco a poco la fui sacando. Ella estaba sudada y satisfecha, ambos lo estábamos. Karina: Eso fue delicioso. No sé cómo no deje que me cogieras antes. Yo: Pues ahora solo pídelo cuñadita. Nos levantamos, nos fuimos a limpiar. Ella se metió a bañar y yo me limpie ahí viéndola desnuda. No podía creer que ahora mi cuñadita era mía, que me la había cogido y lo que nos esperaba. Era tarde. Me apresuré para irme. Nos despedimos con un buen beso, ella aun desnuda y yo tocándole todo su cuerpo. Karina: Creo que tu deuda aumentó Beto. Pero nos vamos a divertir mucho de ahora en adelante. Yo: Ya lo creo, así que la seguiré aumentando. Paso por ti mañana.