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Un entrenamiento anal

Mi primera experiencia anal no fue con un hombre, ni siquiera con un consolador pero no lo cambiaría por nada. Acababa de tener lo que se llama a veces un mal día. Estaba en plenos exámenes del instituto y por mas tarde debería continuar estudiando. Por aquel entonces yo mantenía una relación con mi novio Santi pero aun no teníamos relaciones sexuales. Así que estando sola, aburrida y sin mucho que hacer decidí ir al baño. Realicé la operación a la que tan acostumbrada estaba. Me quité la ropa poco a poco mientras me daba largas y sensuales caricias mirándome al espejo. Me tumbe en el frío suelo de mármol que me obligaba a arquear la espalda. Vi mi móvil apoyado en el retrete y decidí comentar lo que estaba haciendo con mi novio. "Adivina lo que hago" le escribí. "Alicia deberías estudiar" contestó un poco seco para mi gusto. Le dije que estaba muy caliente y que me estaba masturbando.


A partir de ese momento no quiso ni oír hablar de estudios. Le mandé un par de fotos de mi cuerpo desnudo y mi mano adentrada por dentro de mi vagina. "Anda a la cocina y agarra una zanahoria o un pepino" dijo Santi. Al principio pensé que solo quería un par de fotos con la fruta en la boca y me recorrí la casa desnuda para buscarla. Me dijo que lo chupase y estaba preparada para tomarme la foto cuando me escribió. "Así estará suficientemente mojado para metertelo por el ano".


"Prefiero por la concha" le dije. "Quiero desvirgarte yo mismo la concha. Ponte a cuatro patas" No sé si por excitación o por sumisión lo hice suponiendo que aquello dolería realmente. Observé la zanahoria. Era mas gruesa al final que la punta gradualmente. Pensé que la punta en si no costaría nada y que si eso hacia feliz a Santi debería hacerlo. Puse mi trasero en pompa dejando mi ano al descubierto. Por el interior de mis muslos pasé mis brazos de manera que quedaba el espacio exacto para apuntar con la zanahoria. Me toqué un rato el ano.


Pensando en lo que iba a hacer y metí la punta de la zanahoria. Se ajustaba perfectamente con el tamaño de mi ano y pensé que ya no podría más comenté a Santi mis avances. "Alicia sabes que puedes. Cierra los ojos y empuja un poco la zanahoria" Ese comentario me dio muchísimos ánimos para seguir sus instrucciones. Al principio note como si me quemasen el ano por dentro pero pronto se acostumbró dando lugar a un placer formidable. Moví el extremo de la zanahoria circularmente y en movimiento de vaivén de manera que me imaginaba allí detrás mio a Santi enculandome.


Le dije que me estaba gustando ahora y me ordenó que era el momento de meterlo hasta el fondo. Le dije que no podía que aquello no daba más de si y la zanahoria era demasiado gruesa. "Más gruesa es mi pija Alicia y la próxima vez que te vea pienso metertela hasta el fondo sin parar ni un segundo. Piensa que esto es solo un entrenamiento para el futuro". Armandome de valor cambie de postura para sentarme de sopetón sobre mis nalgas. Al contacto con el suelo la zanahoria entró de golpe y eso junto al frío del mármol que sentían mis nalgas me produzco un dolor brutal que poco a poco fue convirtiéndose en un orgasmo. Cuando me recuperé le mandé una foto del resultado a Santi que inmediatamente me contestó. "Te quiero princesa".