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Tu esposa es tu esclava

Mikael y Erika se habían casado hacía poco más de un año cuando sus inclinaciones sexuales empezaron a emerger. Un cambio que algunos, con la moralidad por bandera, lo califican de rareza o incluso enfermedad. Inocentes, despreciar su propio impulso sexual solo por agradar a no se sabe quién. En sus juegos, invariablemente, incluían grandes dosis de servidumbre y sumisión, intercambiando hasta los roles. Así descubrieron que alcanzaban una mayor excitación y un mejor sexo, cuando Mikael hacía de maestro y Erika obedecía. Y llegó la primera prueba fuera en la seguridad del hogar. Mikael quería saber el dominio que ejercería sobre su dócil esposa. Una noche la obligó a subir en la parte trasera de su coche y se dirigió a un que previamente había contactado. Era un garito bastante limpio pero no apto para mujeres solas. Antes de entrar la desnudó, vendó sus ojos e inmovilizó sus manos a su espalda. Era noche cerrada y desnuda, sin saber dónde iba, Erika traspasó la puerta del bar.


Seis hombres estaban apoyados en la barra. Mikael la guió hasta dejarla frente al primero de ellos. Escuchó el “ziiippp” de las cremalleras y el sonido seco de esos pantalones caer al suelo. Estaba pálida y excitada. Con firmeza su marido la empujó a arrodillarse. Una a una chupó cada una de esas pollas. Todas descargaron sobre ella, en su boca, en sus pechos... Mikael realizó muchas fotos para, más adelante, obligar a Erika a masturbarse con ellas. Se sucedieron otros "experimentos" a lo largo de las siguientes semanas, comprobando que la entrega de Erika era casi absoluta. Pero todas esas pruebas palidecen en comparación con lo que estaba por venir. Mientras navegaba por unas páginas especializadas, Mikael se encontró con una web de contactos BDSM. Todos eran de servidumbre y sumisión sexual, algo a lo que la pareja se había vuelto adicta. Estudió cuidadosamente cada uno de ellos. Hasta que uno le llamó la atención. "BDSM Swingerclub busca parejas atractivas con marido dominante y esposa sumisa. También instruimos a esposas reticentes para servir a sus maridos. Y recuerda: Tu esposa es tu esclava". Inmediatamente les escribió adjuntando una foto donde Erika estaba inmovilizada siendo sodomizada. A las pocas semanas recibió respuesta. Le invitaban a asistir a una de las orgías del club en calidad de espectador. Podría permanecer vestido o desnudarse si lo deseaba.


También podía colaborar si se lo solicitaban, pero de ninguna manera podía participar directamente en la orgía. Se le prohibía expresamente tocar a cualquier sumisa, incluso a Erika, hasta que no finalizase su iniciación. Todas eran esposas o compañeras de los miembros del club. Aunque un poco decepcionado por esta última advertencia, aceptó todos los términos. Su sobrexcitada mente le obligó a masturbarse. Mikael conducía sumido en sus pensamientos hacia la mansión donde tendría lugar la orgía. Erika, casi en silencio todo el trayecto, se preguntaba por su iniciación. No quería dejar a su marido en mal lugar y estaba decidida a pasar la prueba con gran nota. La sola idea de ser esclava de veinticinco Amos era suficiente para hacerle mojar las bragas. Siguiendo las instrucciones recibidas al pie de la letra, Mikael desnudó a Erika y le ató a su cuello un collar de perro del que colgaba una correa. .-Vamos, perra. –expresándose en los términos que le habían indicado- Y no olvides de dirigirte a todos los hombres con respeto. -mientras tiraba de la correa arrastrándola hacia la puerta principal. Todos los miembros del club ya estaban reunidos en la sala principal cuando entraron. Mikael tiraba de su bella esposa desfilando entre ellos. Habían formado un pasillo alineándose en dos filas enfrentadas entre sí.


Mikael, orgulloso de mostrar el cuerpo desnudo de su mujer, caminaba lentamente muy cerca de ellos. Y no lo desaprovecharon. Le sobaron las tetas, el coño y acariciaron su culo. Erika gimió y casi saltó, cuando un dedo se deslizó hasta el centro de su culo y presionó su ano. Innumerables dedos invadieron cada uno de los orificios de su cuerpo. Cuando llegó al final del pasillo humano, cincuenta manos la habían manoseado. Fue un tratamiento inicial despiadado, pero su húmedo coño ya mojaba parte de sus muslos. Al ver la obscena forma de recibir a su mujer, Mikael ya presentaba unos signos más que evidentes. Tenía una idea general de lo que le esperaba a su mujer, pero no le había adelantado muchos detalle. Mark, el rico propietario de la mansión y líder del club, se adelantó para saludarlo estrechando su mano. .-No te preocupes. –estrujándole las tetas a Erika- Vamos a hacer de esta zorra una buena y obediente esclava. -Mikael se agitó cuando escuchó referirse a su mujer como a una puta- Como esas. –señalando hacia la puerta- Ya sabes que todas son esposas o compañeras de los presentes. Al entrar no las había visto. Todas las sumisas estaban situadas a los lados de la puerta por donde habían llagado. Dos de ellas fueron llamadas para que chuparan y sorbieran sus pezones.


Cuando consiguieron sin mucha dificultad endurecerlos, dos de los Amos colocaron en cada uno de ellos unas pinzas que fueron prensando hasta que gimió. Estaban unidas por una pequeña cadena que colgaba entre ellas y que podían acortar. Otros dos se acercaron y colocaron otro par de pinzas en los labios de su coño. De cada una de ellas colgaba un peso que alargaba sus labios exageradamente. Dos esclavas se acercaron y le colocaron unas rodilleras. .-Siempre hay que usar rodilleras en nuestras orgías, perra. -advirtió Mark- Es por tu propia comodidad. Puedo ordenarte que te arrodilles en cualquier momento y en cualquier lugar. –forzando a Erika a doblarse hacia adelante exponiendo sus nalgas- Esto es para preparar tu culo para nuestras pollas. –introduciéndole un plug bien lubricado. Mark se entretuvo moviendo el plug en el interior de Erika. Lo sacaba y lo removía asegurándose que dilataba perfectamente. Cuando creyó que todo estaba bien miró a Mikael y le explicó lo que sería la primera prueba. .-Somos bastante tradicionales. –haciendo una pausa y mostrando una sonrisa viciosa- Tu esposa va a chupar todas las pollas que hay hoy aquí. Somos muchos, ya lo sé. Tu mujer ha causado sensación cuando convocamos la iniciación. Por esto tan solo nos la chupará un par de minutos a cada uno. Vamos a hacer todo lo posible por corrernos en su boca. –acariciando los labios de Erika- Pero la mayoría de nosotros fracasaremos.


Dos minutos es poco tiempo, pero ya lo tendremos más tarde. Tú controlarás el tiempo de cada uno de nosotros. Al final calificaremos su capacidad como mamona en una escala de uno a diez. –mientras hablaba metía y sacaba un dedo de su boca que ella chupaba y lamía- Ganará automáticamente 10 puntos si consigue que se corran en su boca, siempre y cuando se trague hasta la última gota. Si no lo hacen la puntuación más alta sería de 9. La puntuación perfecta… 250 puntos, pero no lo va a conseguir. Por cada punto que no logre su culo será azotado con la fusta. –limpiándose el dedo de las babas que le había dejado en su culo. Mark entregó un cronometro a Mikael que, siguiendo sus iniciaciones, la apremió a arrodillarse. .-Arrodíllate. –señalando los pies de Mark- Y abre bien la boca. –tirando de su morena cabellera con vigor y acercando su boca hacia la polla de Mark. Mikael pulsó el cronómetro. .-Este inicio es muy prometedor. –elogió Mark- Será con casi total seguridad una de las mejores mamonas que poseamos. Tendrá que enseñar a más de una de esas zorras. -Erika quería dejar una buena impresión a cada uno de sus ya Amos, desesperadamente chupaba y no tuvo un mal comienzo.


Los dos minutos pasaron sin darle tiempo a correrse. Mikael tenía un impulso casi insoportable por masturbarse, pero había sido advertido que solo podía mirar y colaborar. La privación de todo el placer sexual era su iniciación. Su polla exigía atención y ya apuntaba directamente hacia su ombligo. .-Abre la boca, coño. –casi cabreado por su excitación. Una segunda polla ya llenaba su cálida y húmeda boca. Una tras otra invadieron la boca de la zorra. El tiempo del que disponía para cada una de ellas era muy limitado, pero formaba parte del juego. Era del todo imposible no perder puntos y ello la llevaría al castigo. Solo consiguió que uno descargase completamente en su garganta. Se lo tragó todo y se la limpió sorbiendo hasta la última gota. .-Prepararla. -ordenó Mark. Cuatro sumisas se acercaron con celeridad y guiaron a Erika hasta emplazarla sobre un potro boca abajo, con los brazos y las piernas flexionadas sobre unos salientes. Primero sujetaron sus tobillos. Su estrecha cintura quedó aferrada sobre el potro sin posibilidad de moverse, mediante una cinta que la oprimía contra él. Unas muñequeras completaban su inmovilización. Todo ello la mantenía firmemente sujeta impidiendo que pudiera esquivar los castigos. También dejaba sus orificios totalmente vulnerables.


Esta zorra ha logrado una excelente puntuación y eso que solo ha conseguido una corrida. –anunció Mark- A obtenido 230 puntos, por lo tanto, solo se le aplicarán 20 azotes. -una sumisa se adelantó y apuntó hacia el culo de Erika- Os recuerdo zorras que sí no os esmeráis lo suficiente, os voy a enseñar yo lo que se puede hacer con una fusta contra vuestro culo. –señalando el culo de Erika en señal de inicio del castigo. Chilló cuando la fusta estalló contra la tierna piel de sus nalgas. En ese instante entendió por qué un caballo de carreras corre más rápido cuando el jinete le enseña la fusta. .-Tienes que estar orgulloso de esta mamona. -comentaba Mark.- Aunque este haya sido uno de los golpes más ligeros que recuerde. –riendose a la vez que miraba casi con ira a la sumisa que había azotado el culo de Erika. Las obligadas ejecutoras siguieron adelante en el castigo de Erika. Las lágrimas comenzaron a fluir a partir del octavo fustazo. Cuando llevaban 15 azotes de detuvieron. Acariciaron sus enrojecidas nalgas y hurgaron en su coño. De repente el dolor se convirtió en un placer perverso. Su coño destilaba fluidos y cada nuevo golpe era una sensación distinta. .-¡Folladme yaaaa! -se lamentaba- ¡Folladme! El último golpe sonó con mayor intensidad y su cuerpo se curvó tanto como pudo.


Mark dio un paso adelante y le hundió la polla de una sola vez. Después de unas pocas pero profundas arremetidas, donde sus pelotas chocaban contra su culo, cedió el turno a otro de los Amos. Los veinticinco probaron el coño de Erika que se corrió varias veces entre gruñidos y gemidos. Alguno de ellos consiguió correrse en su interior. Cuando el último de los 25 salió de su interior, Mark llamó a su propia esposa, June, para que limpiara el coño que acababan de utilizar. Tan pronto como la lengua lamió su clítoris, Erika tubo un orgasmo tan fuerte que casi desfalleció. .-Llevad a la perra a la mesa giratoria. –ordenó Mark a las sumisas. Había diseñado un dispositivo especial para las iniciaciones. Permitía a varios hombres utilizar a una mujer al mismo tiempo. Después de reanimar a Erika con un poco de agua fría sobre su cara, la ataron boca arriba sobre la mesa donde la habían llevado. Una amplia argolla le impedía alzar la cabeza. Los brazos en cruz estaban sujetados a la altura de los codos, dejando cierta libertad de movimiento a sus manos. En la cintura algo similar a un amplio y suave cinturón la incrustaba literalmente sobre la lisa mesa.


Unas correas que unían el tobillo con el muslo la obligaban, al tensarlas y ajustarlas, a abrir totalmente las piernas. Antes de ceñir todas esas ataduras, empujaron el cuerpo de Erika hasta dejar que su culo sobresaliese lo necesario de la mesa. Le retiraron el plug de su culo para tenerlo a disposición de cualquier que quisiera hacer uso de ese orificio. Sus tetas fueron bañadas con aceite y la cadena que unía las pinzas de los pezones se acortó tanto que casi se tocaban. Quien quisiera podía hacer un buen uso del canal bien lubricado que formaban. Finalmente le vendaron los ojos para que no supiera quien estaba abusando de ella. Formaron un círculo alrededor de la mesa 8 de los que aún no se habían corrido. Acordaron que cada 3 minutos girara la mesa y quien de las sumisas sería la encargada de controlarlo. Al fin todos de acuerdo y después de que las sumisas trabajasen en ponerles de nuevo las pollas bien duras la hicieron rodar. Cuando ceso el giro, el que tenía más cerca su boca la utilizó de inmediato. Otro tenía el privilegio de escoger entre coño o culo. Escogió culo, la sodomizó.


Mientras dos se beneficiaban de su boca, coño o culo por no más de los 3 minutos acordados, los menos favorecidos se entretenían magreando el resto de su cuerpo. Los que quedaban cerca de sus manos podían obligarla a masturbarles. .-Tres minuto. –grito la sumisa al tiempo que hacía girar la mesa por segunda vez. Casi no les dio tiempo a salir del cuerpo de Erika. Al detenerse la mesa, otro par de hombres ocupó su lugar en su interior. Esta vez su coño fue el premiado. Las manos seguían acariciando todo su cuerpo. El círculo que formaban los hombres alrededor de la mesa era tan compacto que Mikael no podía ver lo que le estaban haciendo a su mujer. Para tener una mejor visión subió por una escalera hasta un pequeño rellano desde donde no se perdería ningún detalle. .-Tres minutos. –se oyó de nuevo. Durante varios turnos se repitieron situaciones similares hasta que uno se subió sobre la mesa. Su objetivo, sus tetas. Se arrodilló sobre su vientre y apuntó la polla hacia ellas. Erika, aun teniendo la boca ocupada, gruñó cuando el prieto canal que las ajustadas pinzas permitían cedía a su paso. Cada embestida provocaba que las pinzas, en su intento por desprenderse, estiraran fuertemente sus pezones. Una lluvia blanca precedió al dolor que experimentó cuando las pinzas le fueron arrancadas.


Sus sensibles pezones quedaron libres e inflamados. Pechos, cuello y buena parte de su cara quedaron salpicados. El círculo de hombres alrededor Erika fue cambiando a sus integrantes a medida que avanzaba la orgía. Estaba en su pleno apogeo. El resto de los Amos que en esos momentos no participaban de la mesa, eran atendidos por las sumisas. Mikael vio con envidia como dos sumisas le chupaban la polla a Mark, mientras una tercera le hacía un beso negro. Toda la sala estaba llena de suspiros i/o lamentos. Todas las sumisas estaban cumpliendo con su cometido dando placer a sus Amos. Unas dejándose profanar cualquier rincón de su cuerpo, otras aceptando los castigos que los Dom les aplicaban. Mikael observaba cada una de las escenas que se prodigaban a su alrededor, hasta que su mirada volvió a centrarse en Erika. Casi en perfecta sintonía su cuerpo estaba siendo salpicado por dos abundantes corridas en ese instante. Tan pronto como las últimas gotas de esperma pervirtieron su piel, otros Amos tomaron el control de su cuerpo. Su boca de nuevo sellada y su coño recibiendo de nuevo un ritmo diabólico. Algunos se limitaban a dejarse masturbar por esas manos totalmente pringosas. Sus pezones y su clítoris seguían siendo estimulados constantemente. Nunca había conocido un éxtasis tan intenso, casi insoportable. Se agitaba de placer viajando de un orgasmo a otro.


Erika perdió el control y su vejiga reventó. .-Mirad todos. –fanfarroneó- Me la he follado tan bien que se está meando de gusto. –dejando que su polla fuera rociada por la lluvia dorada que ella no podía retener. Mark, que había sido el primero en disfrutar de Erika, también quiso ser el último en usarla. Con una mano la sujetó firmemente por su morena cabellera y le metió la polla hasta la campanilla. A pesar de las arcadas que eran evidentes, la devoró con afán. Un primer reguero de semen estalló en su garganta. Los siguientes se esparcieron por cara y tetas. La iniciación había acabado. Mark se retiró y todas las sumisas se acercaron a Erika abandonando a sus Amos. Lamieron y sorbieron su cuerpo limpiándolo de los restos que lo cubrían. No quedó ni el más mínimo rastro. Incluso se esmeraron en hacer desaparecer todas las manchas esparcidas sobre la mesa. Ni una sola gota fue desperdiciada. .-Enhorabuena, Mikael. -dijo Mark ofreciéndole un apretón de manos- Tu esposa es tu esclava. –recitando el slogan del club- Será una buena zorra como esta. –señalando a su mujer que la tenía arrodilla a sus pies- Después del período de prueba, no menos de un par de orgías más, decidiremos si eres aceptado como miembro permanente. Nuestra decisión se basa esencialmente en la predisposición de tu esposa en complacernos.


Por lo visto y comprobado hasta ahora, no debería ser un problema. Ahora ya puedes disfrutar de cualquiera de nuestras zorras. Sugiero que comiences por la mía. Además me debe un castigo que gratamente te cedo. –empujando la cabeza a su sumisa hasta que quedó postrada a 4 patas- Azota bien este culo que pueda apreciar las marcas al llegar a casa. Después… tú mismo. Mikael hizo exactamente lo que Mark le había recomendado. June recibió toda la excitación que hasta ese momento había acumulado. Calentó ese culo hasta tener la mano algo dolorida. Después la disfrutó por todos sus orificios. Cuando la orgía llego a su fin, ya había sido atendido por varias de las mujeres de sus futuros socios. Erika finalmente se adormeció. Su cuerpo había soportado demasiados orgasmos y estaba extenuada. Al intentar incorporarla sus piernas apenas casi no le respondieron. Varias sumisas la llevaron agotada hasta el asiento trasero del coche. Mikael mientras conducía de vuelta a casa, no podía pensar en otra cosa que en la siguiente orgía. Deseaba volver a ver la entrega de Erika hacia él. Pero en esa ocasión ya podría participar disfrutándola como los demás.