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En Rusia con un Ruso

En verano estuve en Rusia en un viaje de dos semanas. Fuí con un colega hetero al que siempre le ha fascinado el país y que me convenció para ir. A mí la idea de Rusia no me atraía tanto pero como mi amigo había estado estudiando ruso y nos había hecho todo un plan, accedí. Estuvimos bastante tiempo en Moscú, una ciudad bastante fascinante. Yo me anduve con cuidado sabiendo lo homófoba que era aquella sociedad, pero no podía dejar de mirar a esos rubiazos buenorros. Y cómo no, acabé probando webs de contactos para ver si conocía a algún chico. Comencé a chatear con alguno, pero parecían tímidos para quedar ¡y yo lo que quería era aprovechar el tiempo! Tras mi tercera noche dado de alta en una red de contactos, me escribió un chico. Sólo tenía dos fotos de las típicas en el espejo y sin dejarse ver la cara, pero parecía que estaba muy interesante. Comenzamos a chatear ambos en nuestro inglés mediocre y el chico realmente estaba por la labor de quedar. Así que nos encontramos en una plaza pública. El tal Vladimir (¡y no Putin!) me esperaba en pantalones cortos y gafas de sol. Sí, hacía sol en Moscú. Me fijé en sus rodillas, su vello dorado, y luego su cuerpo. Era una de esas sorpresas para bien que te llevas al conocer a alguien. Nos saludamos de forma muy distante, dándonos la mano, y empezamos a caminar. Me enseñó unas calles y luego fuimos a un bar. Mientras nos tomábamos algo, yo no paraba de mirarle fascinado. Un hombre tan viril que jamás habría sido detectado por mi gaydar estaba tomándose algo conmigo. De hecho seguía sin creerme que le podían molar los chicos.


Y además no era un tema del que le gustaba hablar. Cuando le preguntaba por su vida amorosa o sexual cambiaba de tema. Al rato nos terminamos la cerveza y me invitó a su casa. Yo acepté y cuando llegamos a su pequeño estudio me quise sentar en el sofá. Pero fui sorprendido por su mano que me agarró el culo con fuerza. Sentí esa fuerza de macho con la que me tocaba, me giré y pude ver en sus ojos que esto no iba de besos o caricias sino que iba a ser sexo del duro, puro. El chico quitó su mano de mi culo, se deshizo del jersey y también de la camiseta. Yo me quedé fijado en sus tetillas rosas y su poco vello rubio mientras me quitaba también el jersey. Luego me senté mientras seguía mirándole. No sabía qué decir. Vladimir se sentó, pero no en el sofá conmigo sino en un sillón, con las piernas abiertas y tocándose el paquete mientras me miraba con cara de ¿a qué estás esperando? Yo no me moví, me quedé paralizado mientras miraba su cara, mientras su cuerpo me ponía cachondo, mientras esperaba a ver cómo se solucionaba esa situación tensa y nos pondríamos a follar. Vladimir parecía gozar con la situación. Había tenido prisa por quitarse la camiseta pero ahora no daba más pasos. Disfrutaba con el silencio, disfrutaba viéndome incómodo. Pero él no parecía estar nada incomodo, todo lo contrario, estaba en su casa, echado en el sillón, tocándonse un muslo y acariciándose la polla por encima. Otros tantos segundos eternos de silencio pasaron en las que ninguno de los dos apartamos la mirada. Yo procuraba no fijarme en su paquete demasiado. Entonces Vladimir tomó finalmente la iniciativa. Me dijo "come here". A lo que yo me acerqué.


Cuando estaba cerca me cogió del brazo y me acercó más. Me senté en el reposabrazos y mi cabeza quedó cerca de la suya. Me giré para darle un beso pero él me evitó y se empezó a desabrochar el cinturón. Luego se abrió la cremallera del pantalón y se sacó una polla muy gruesa y empalmada a relucir. Me puso la mano en la cabeza y me llevó la boca directamente hacia su prepucio. ¿Para qué besar si Vladimir prefería que le comiera la polla? Si me tocaba darle placer, ¡pues que eso fuera! Me deslicé de mi incómoda postura en el reposabrazos desde la que apenas podía llegar bien a su polla, me arrodillé delante de él y empecé un talentoso sube y baja por su pene. Tenía suficiente espacio en el suelo pues Vladimir estaba totalmente abierto de piernas. Mientras se la chupaba notaba como el chico se ponía cada vez más cachondo. Empezó por poner su mano nuevamente en mi cabeza para ayudarme con la mamada y acabó por cogerme del pelo para meterme su polla hasta la garganta. Yo me la comía como podía y procuraba no asfixiarme. Estaba volviéndome loco, comiéndome el rabo de un macho ruso, y tenía ganas de que me hiciera lo que quisiera. Y así sería. Vladimir se retorcía y gemía suavemente mientras disfrutaba cogiéndome del pelo y forzándome a meterme su rabo aún más. Su punta seguía chocando contra mi garganta. Era una situación violenta que me daba tanto morbo que sólo quería tocarme, pero no encontraba momento para desabrocharme el pantalón. De repente Vladimir sacó su polla de mi boca y se puso de pie. Se fue hasta un cajón para sacar un condón y lubricante. Yo fui donde él y me dejé poner, manos arriba, contra la pared. El chico me quitó los pantalones y se bajó los suyos. Se puso el condón, echó algo de lubricante y me escupió en la espalda. Yo me giré desconcertado. Él me dio un golpe en el muslo para que sacara más el culo y me metió la polla.


Yo grité del momento de dolor, el cual no fue tan intenso como el susto de ese pollazo tan repentino. Estaba tan cachondo que apenas necesitaba lubricante. Antes de poder pensarlo ya tenía metida esta polla entera y Vladmir me estaba follando el culo a toda ostia. Me metía y sacaba su aparato de forma violenta. Se agarraba de mis caderas, me cogía del pelo para mostrar más dominación. Solté mi mano derecha de la pared para empezar a masturbarme pero me costaba mantenerme de pie. Por ello Vladimir decidió cambiar de postura echándome sobre el reposabrazos del sillón. Ahí estaba yo, con la cabeza metida entre un cojín y follado al gusto de mi ruso. Aguantamos así un minuto hasta que mi follador decidió volver a cambiar de postura bruscamente. Me sacó el rabo, me dio la vuelta, me cogió de las piernas y del tirón empezó a metermela mientras yo le miraba a la cara. Sus huevos chocaban violentamente contra mi piel. Pensaba que no iba a sobrevivirlo. Si no fuera por el morbo, no habría podido aguantar tanta violencia. Vladimir empezó a respirar más fuerte y a dar empujones aún más. Me di cuenta de que había llegado el final y me dispuse a rozar mi polla, lo cual me bastaría para correrme. Y así fue, me corrí por todo el pecho a gritos de placer. Mientras seguía exprimiendo mi leche y la situación se estaba poniendo incomoda, Vladimir se vino dentro de mi con un "aah, aah, aaah, aaaah", a la vez que seguía y seguía follándome. ¿Cuánto semen tendría este hombre? Al rato ya pudo parar y sacarme la polla del culo, con lo que pude relajarme y bajar las piernas que tenía dolorientas. Pero quién lo iba a decir que Vladimir aún no había acabado. Cuando pensé que iría al baño a limpiarse, solo estaba acercándose al sillón desde el lado para meterme su polla aún erecta en la boca y demandarme que la limpiara bien. Me dispuse nuevamente a succionar esa maravilla para luego secarme con una toalla mi propio semen y marchar de esa casa, pues la conversación había acabado. Desafortunadamente, tras intentar contactarle varias veces, no volví a verle jamás. Si lo hubiese sabido de antes, ¡habría arriesgado mucho más en esa follada!