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De la gloria al abismo

Era martes por la noche y veía la televisión mientras pensaba en todo lo ocurrido estas últimas semanas. Hacía menos de dos mes que mi vida había dado un vuelco, tan solo dos meses atrás, a estas horas estaría viendo una aburrida serie en la televisión esperando que me entrase el sueño para meterme en la cama junto a Sofía, mi esposa, uno de mis múltiples rutinarios días… Dios bendiga la rutina, como la extraño en estos momentos. Mi nombre es Sergio y tengo 35 años, estoy felizmente casado desde hace dos años con Sofía, una linda colombiana de mi misma edad. Ni Sofía ni yo somos top models, nadie se daría la vuelta para mirarnos, pero ambos nos conservamos bien, y en el caso de Sofía, su baja estatura, 1.60, hace que resalten más sus grandes pechos, que combinan a la perfección con su naturaleza latina, un buen culo y una cintura estrecha. Siempre hemos sido una pareja muy liberal, al menos de mente, y desde el principio de nuestra relación hemos hablado sin tapujos de nuestras fantasías. A los dos nos atraía la idea de hacer un trío en algún momento, tanto con mujeres como con hombres.


En numerosas ocasiones, durante nuestras relaciones fantaseábamos con otros hombres, y poco a poco nuestras fantasías fueron acercándose más y más al tema de las infidelidades. Nuestras fantasías iban desde lo más sencillo, que Sofía se follase a un desconocido en una discoteca, a cosas más fuertes, como que se quedase preñada de otro hombre. Sofía solía contarme que le excitaba mucho la idea de que se la follase su exnovio, Javier. Javier, también era colombiano, era el típico hombre latino, alto y moreno con mirada prepotente en los ojos. Sofía y el habían emigrado juntos hacía diez años, durante los primeros años todo les fue muy bien, pero finalmente Sofía descubrió que Javier la engañaba con frecuencia, y se terminó la relación. Javier no había digerido bien la ruptura, y durante mucho tiempo, incluso tiempo después de que Sofía empezase su relación conmigo, siguió llamándola y enviándole mensajes diciéndola que volviese con él, lo que hacía que a mí Javier me cayese la mar de bien. Sofía solía contarme como se la follaba Javier, como la trataba en la cama, como una zorra, me solía comparar con él, diciéndome cosas del estilo “el si que tiene una buena polla”, y “el si que tiene aguante”. Todas esas frases me excitaban una barbaridad, y ella me hacía rogarla que se lo follara otra vez.


Vamos cornudito, pídemelo, quiero escuchártelo decir.- Decía mientras me cabalgaba salvajemente. –Por favor, si, por favor, fóllate otra vez a Javier y cuéntamelo todo. – Respondía yo totalmente excitado. Esa era la tónica cada vez más frecuente en nuestras relaciones, hasta que un día, mientras follábamos, me preguntó -¿De verdad quieres que me folle a Javier?.- Claro Sofía, ya sabes que es lo que más me excita en el mundo, imaginarte follando con otro, y más si es con el imbécil de tu exnovio. -Vale, yo me lo tiro, pero luego no quiero enfados ni excusas. –Decía mientras seguía movía su cintura con mi miembro dentro.- Hasta aquí el polvo transcurría como muchas otras veces. -De verdad, no te preocupes, yo te quiero y esto solo es sexo, y los dos lo vamos a disfrutar. –Le respondí totalmente excitado con la idea. -Me alegro de que pienses así, porque ya me lo he tirado.- Dijo mirándome a los ojos con una cara de puro vicio.- ¿En serio?- mi corazón se puso a latir a cien por hora totalmente excitado.- ¿de verdad?.- Ella seguía mirándome con cara de vicio, sonriendo, y moviéndose encima de mi sin responder.- ¿Te gusta la idea cornudito?. -Si, claro que me gusta.- Respondí cada vez más excitado. – Pues ya es oficial, eres un cornudo. – Jamás en mi vida había estado tan excitado.- ¿Cómo ha sido? ¿cuándo? ¿dónde? Cuéntamelo todo, por favor Sofía. - El martes pasado me encontré con Javier, me saludó y estuvimos hablando un rato, recordó que yo me había quedado con unos discos suyos y me pidió que se los devolviese.


Como estábamos cerca de casa, le invité a subir para devolverle los discos. Encontré los discos enseguida y se los devolví, y seguimos hablando de los viejos tiempos, de pronto el me agarró de la cintura y me atrajo hacia él. Mi primer impulso fue separarme de él, pero sinceramente, me había excitado, y en mi mente durante un instante dudé entre resistirme, o dejarme llevar, como en nuestras fantasías. El aprovechó ese breve instante para meterme la lengua en la boca, y ya no pude resistirme más. -Joder Sofía, como me está poniendo de cachondo tu historia, por favor sigue.- Mil ideas recorrían mi cuerpo, esa sensación de celos combinada con la humillación de que Javier se hubiera follado a mi mujer, se transformaba en un sentimiento de excitación más fuerte que cualquiera que hubiera sentido antes. -Mientras jugaba con su lengua dentro de mi boca, Dios, que bien besa Javier, metió su mano debajo de mi blusa y empezó a magrearme las tetas por debajo del sujetador. Yo metí la mano dentro de su pantalón y agarré su polla. Estaba morcillona, era más grande de lo que recordaba. Me moría de ganas de sacarla del pantalón para poder saborear esa polla, como tanto había fantaseado los últimos meses, pero Javier no me dejó, me desabrochó el pantalón y me tumbó en el sofá, y sin más preámbulos me la metió y me folló. -Pero, ¿usaría condón no?.- Pregunté alarmado, a la vez de excitado.


no te gusta más así cornudito?, ¿saber que otro me puede dejar preñada?.- Sofía seguía con esa cara de vicio que me estaba matando de excitación. - Ya, pero una cosa es la fantasía y otra es la realidad Sofía. -No te preocupes cornudito, Javier llevaba un condón en la cartera y se lo puso antes de metérmela. -Uf, menos mal, sigue con la historia, ¿Qué más te hizo Javier?. -La verdad que poco más, me la metió y me estuvo follando una media hora sin parar, como un salvaje, hasta que se corrió. Después la sacó, se vistió y se marchó sin decir gran cosa. Ese es el Javier que me excita, primero te folla como si fueras una zorra, y luego te deja ahí tirada como si fueras una puta. -¿Y ya está?, ¿nada más?- pregunté, estaba totalmente excitado, pero necesitaba más. -¿Te parece poco?, ¿saber que se han follado a tu mujer? ¿Qué es la zorra de otro hombre te sabe a poco?.


Me preguntó mientras sonreía. No pude más y me corrí dentro de ella, acabando gloriosamente el que ha sido uno de los mejores polvos de toda mi vida. Después del polvo, hablamos con más tranquilidad, Sofía me contó que después de que Javier se la follara, había estado muy preocupada y arrepentida, no encontraba ni la forma ni el momento de contarme lo sucedido. Por mi parte, la verdad que no me hacía mucha gracia que el gilipoyas de Javier se hubiera salió con la suya, pero me reconfortaba la idea de que él tampoco sabía que yo lo sabía, que él había sido un mero objeto sexual. Hasta el momento la relación entre Sofía y yo había sido liberal, pero solo en teoría, indudablemente se abría una nueva etapa en nuestra relación. Sofía no tenía más interés en Javier más allá del morbo de la situación acontecida, ella me quería a mí, y yo la quería a ella, no había por que preocuparse, así que nuestras vidas continuaron con tranquilidad durante un tiempo.