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Arranquemos el invierno

El sonido de las luces del pasillo me sacó de mis pensamientos. Levanté la vista y analicé al situación. Estaba con ella, a punto de entrar en mi departamento en un viejo edificio. Las manchas de humedad de las paredes estaban por todas partes de aquel pasillo, la poca luz que había, que se encendía y apagaba con un constante zumbido, no me dejaba ver más allá de unos cuantos metros. Recordé que habíamos subido hasta el cuarto piso, por unas interminables escaleras de grandes escalones. En nuestra travesía, había sido arrinconada a la pared en varias ocasiones, mi boca asaltada sin piedad alguna, mi ropa corrida en busca de un contacto más intimo. Fuimos interrumpidas por un tipo que venía bajando, supongo que de un piso de más arriba, nos miró e intentó aclararse la garganta. El chico no debía de tener más de 18 años, sonreí al pensar de que la escena le serviría para unas varias pajas. Ahora que estábamos por entrar al departamento, nuestra ebrieda no me dejaba encontrar la llave correcta, bacilé sobre la situación. Al parecer, fue consiente de mis pensamientos y me abrazó por atrás, pude sentir sus manos en mi estómago, su respiración en mi nuca. Traté de aclarar mi mente y como pude seguí con la tarea de abrir la puerta, me tiritaban las manos, estaba nerviosa.


Cuando por fin logré mi tarea, fuí empujada hacía adentro, sólo sentí el sonido de la puerta cerrase e inmediatamente fuí acorralada contra ésta. Su boca llegó a la mía sin esperar invitación, sentí su mano aferrada en mi nuca para levantar mi cabeza y una de sus piernas se colocó entre las mías. Dios. No fui conciente del momento en que su lengua entro a mi boca, recorrió mi lengua en busca de posesión y no paró hasta que gemí. Mi propio gemido me sacó de aquella niebla de deseo, dejé caer las llaves de mis manos y la tomé de las caderas. Respondí a su beso, saborié todo lo que entregó y a ciegas la fuí empujando por el pasillo. Estaba ansiosa, necesita tenerla más cerca, apreté un poco una de sus caderas hasta que sentí un gemido en mi boca. Le gustaba. Levanté un poco su blusa y por fin pude sentir lo caliente de su piel, mi respiración se agitó más y traté de tomar el control de aquel beso metiendo un poco más mi lengua dentro de su boca. Necesitaba poseerla. Paramos cuando noté que estabamos cerca del sofá, le quite su bolso y lo dejé caer sobre la alfombra. La acerqué un poco más a mí y juntas fuimos dejándonos caer en aquel sofá, hasta quedar completamente sobre ella, con una de mis piernas entre sus muslos. Apreté un poco y pude sentir lo caliendo que estaba a pesar de la ropa, sonreí.


Como pude la fui desnudando, aparte de un tiron su blusa hasta que sólo quedo con un delicado sostén. Mi boca rápidamente abandonó la suya y bajó por su cuello dejando un rastro de saliva. Llegué a sus pechos y apreté, al principio suave pero luego más duro, sentí como sus pezones se endurecian así que puse mi boca por sobre la tela y chupe un poco, dejando saliba en la tela para que se notasen aquellos picos. Revisé mi obra de arte y sonreí. Tenía los ojos cerrados y el cabello esparcido por la cara, su respiración estaba muy agitada, su pecho subía y bajaba rapidamente y el rubor de su cara se esparcía hasta llegar entremedio de sus pechos. Me acerqué de nuevo y pasé nuevamente mi lengua por uno de sus pezones, dejé mas saliva y mordisqué un poco, al principio suave mientras hacía círculos con mi lengua mientras iba aumentando la intensidad de las mordidas. Con el último apretón gimió roncamente, ya se estaba desesperando, lo que era un claro indicio de que estaba por llegar al orgasmo.


Dejé mi entretención de sus pechos y rápidamente le quite aquel sostén, me saboré al ver sus pechos desnudos y puse mis manos en la cintura de su pantalón. Sin quitar la vista de ella bajé el pantalón de un sólo tirón, ella me ayudó con sus zapatos y me menos de unos segundos ya estaba desnuda y completamente a mi vista. Puse mi mano en su estómago e hice pequeños movimientos, quería que se desesperara, que sufriera por mis caricias. Al parecer funcionó, porque no fuí consciente de cuando se incorporó y ataco mi boca mientras sus manos recorrían mi cuerpo desnudandome. Sentí el sonido de mi camiseta rasgarse cuando de un tirón la saco, y con manos hábiles me quito el sostén. Lo siguiente en salir volando fue mi pantalón junto con mis zapatillas, que rogando a los dioses empuje a patadas para que salieran. Cuando sólo tenía las bragas como única prenda que me cubría, su boca ataco mis pechos, no fue suave y debo admitir que me encantaba. Me mordió y apretó de distintas maneras, cada una mejor que la anterior, sabía lo que me gustaba y se estaba aprovechando.


Cuando ya estaba jadeante y a su merced una mano empezo a bajar con rumbo conocido. Separé las piernas de manera automática y pude sentir su sonrisa sobre mis labios. Acarició mis muslos y pasó de largo, sólo para volver haciendo presión con los dedos. Me rasguño un poco como advertencia para que me quedara tranquila, y sin previo aviso corrió la fina tela de mi ropa interior y sentí sus dedos penetrante. Gemí, no podía hacer nada, un fuerte hormigueo comenzó a crecer desde lo más profundo y se extendió hasta que perdí el control de todo, grité, gemí y le supliqué que seguiera, y ella no se hizo de rogar. Sus desdos empezaron un movimiento de entrada y salida que me tenía loca, entraban hasta lo más profundo de una manera dura, bruta y sin contemplaciones, sólo para hacer pequeños círculos dentro de mí y salir de la manera más lenta y tierna posible. Su otra mano llegó hasta mi boca, así que con esmero chupe sus dedos y dejé un poco de saliva en ellos. Sabía lo que quería, y aunque creí que era innecesario ya que yo estaba muy mojada, igual sonreí por su preocupación.


Y sin más, sentí la dulde combinación de ella dentro de mi torturandome mientras su pulgar me frotaba el clitoris de la manera más exquisita que puede existir. Y así siguió, hasta que yo volví a perder el control y me consumió un orgasmo recorriendome todo el cuerpo. Cuándo por fin fuí consiente de mi, ella estaba a mi lado apoyada sobre su brazo observándome, sentí su mano hacerme cariño en el estómago y eso fue suficiente para volver a encenderme. Me incorpore y tomé su boca por asalto, la bese a conciencia mientras iba avanzando y dejando su cuerpo bajo el mío, mi boca recorrió la suya, su cuello y sus hombros, bajé dejando pequeños mordiscos en el camino, hasta que su ombligo apareció y me dediqué a jugar con él. Sus caderas se levantaban, su respiración era muy agitada, seguí bajando y su monte de venus me dió la bienvenida. Mordisqué un poco y le separe las piernas, para quedar perfectamente entre ellas, y sin más mi lengua recorrió toda aquella dulzura. Estaba muy mojada, y su esencia impregno mis sentidos. Jugueté con ella hasta que apretó mi cabeza entre sus muslos, ahí recién la penetré con la lengua mientras mi pulgar jugaba con su clitoris.


La estuve torturando, juguetiaba con ella hasta que estaba cerca de correrse, sólo para alejarme y esperar a que me rogara. Ahí recién la deje acabar, y que se perdiera junto con su respiración. La observé mientras volvia, me levanté lo suficientemente para ver como se acomodaba en el sofá, y con mi desnudez fui a la cocina en busca de más vino. De ahí fuimos a mi habitación, bebimos de la botella y jugamos con nuestros cuerpos. Mis manos fueron atadas al cabecero de la cama mientras ella me recorría a su antojo. Cuándo por fin se dió por satisfecha me separó las piernas y colocó las suyas entre ellas. Con movimientos suaves nos fue guiando a las dos al orgamo, sientiendo su humedad junto a la mía, a su clitoris haciendo fricción con el mío. Ese orgasmo me dejo rendida, con suavidad me soltó las manos y nos cubrió con una manta.


A penas estaba amaneciendo, y la tenue luz de la cuidad entraba por la ventana. Sentí como se acomodó a mi espalda y su respiración se hizo constante. La observe un rato evitando pensar y sacar conclusiones sobre la noche. Me acomodé un poco en la cama evitando el contacto con ella, y ahí estuve, pensando. Cuando la mañana llegó debo admitir que yo no había pegado pestaña. A mi lado seguía ella durmiendo con un brazo apoyado en mk espalda. De repente su móvil comenzó a sonar, lo que bastó para que ella reaccionará y respondiera somnolienta. Dijo algunos monosílabos y colgó, mientras yo me hacía la dormida evitando tener alguna conversación. Sentí su mirada en mi espalda y suspiró, se acercó a mi y su mano recorrió mi columna y murió mi homoplato izquierdo. -Sé que estás despierta-. y acto seguido se fue de la cama mientras yo seguía ahí, presa del miedo, sin saber que decir. Cuándo sentí el sonido de la puerta y la posterior calma, por fin fuí capaz de respirar.