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Conociendo a la familia de mi nuera en la boda

Verme a mis 63 años doblemente penetrada por dos pijas jóvenes es algo que nunca me hubiera imaginado, pero lo cierto es que según esos dos nabos entran al unísono en mi cuerpo y chocan en mi interior, me doy cuenta entre espasmos de placer, lo boba que fui por no haber hecho esto antes. Me casé joven, con solo 21 años. Juan Andrés me cortejó desde los 16 y no fue hasta las noches de boda en la que totalmente enamorada deje que me tomase por primera vez. Aquello no fue nada de todo el mundo, todo al contrario fue bastante decepcionante. Yo, pobre de mi, me imaginaba aquella primer noche como un volcán de placer y todo al contrario aquello no fue más que 10 minutos de dolor mientras mi recién estrenado marido me tomaba. Aquello acabó de espeso liquido depositándose en mi interior No puedo decir que Juan Andrés y yo no fuésemos felices. Afortunadamente disfrutábamos de una muy desahogada posición que no solo nos daba una muy inviable situación económica, sino que nos proporcionaba una posición dentro de la alta sociedad palentina. Nuestro matrimonio además de dos preciosos hijos me proporcionó largas noches de sexo en las que mi marido con la luz apagada me tomaba todos los sábados por la noche. No puedo decir que aquello fuese una interminable cadena de orgasmos, de hecho, creo que acabe no más de tres veces en 20 años, pero sentir a mi marido dentro de mi y ver como él disfrutaba era lo mejor que una mujer podía desear.


En aquellos años creía que estar a la disposición de mi marido era mi obligación, la obligación de cualquier señora de bien. Juan Andrés nos dejo con solo 45 años, un ataque al corazón en la oficina acabó con él sin que nadie a su alrededor pudiese hacer nada por el hombre de mi vida. Fueron años duros, a pesar de mi desahogada situación económica, me costó educar a mis hijos sin la compañía de su padre pero hice todo lo que pude para que mis dos hijos creciesen como hombres de bien. He de confesar que aunque me empeciné en educar a mis niños y ellos siempre fueron lo primero, con el paso del tiempo empecé a salir de vez en cuando con caballeros en citas que mis amigas más cercanas me organizaban. Tuvieron que pasar más de 15 citas con más de 15 caballeros distintos para que acabase en la cama con uno de ellos. Al principio aquello no pasaba de cena y copa, pero después de comprar un vibrador rosa por correo y por supuesto empezar a usarlo siguiendo los consejos de mi amiga Juana, hubo un día en el que se me fue la cabeza y acabe con un hombre en la cama . José Ignacio era un empresario palentino, conocido nuestro desde hacia muchos años. Desde luego no se me pasó por la cabeza al empezar la noche acabar con él en la cama, pero después de una larga cena regada de abundante vino y de unas copas en la sobremesa algo se encendió en mi. Como en mis anteriores cenas, mi acompañante me ofreció tomar la última en su casa, y ante mi propia perplejidad acabé aceptando. José Ignacio hizo conmigo cosas que jamás mi marido había realizado. Ni siquiera puso las copas me agarró por la cintura y me metió la lengua hasta la garganta. No sabía que decir, nunca me había besado así, simplemente me dejé llevar.


Mi acompañante me sentó en un sofá y arrodillándose ante mí, levantó ligeramente mis faldas y hundió su cara en mi entrepierna. Me quedé sorprendida cuando empezó a besar mi sexo por encima de mis bragas, la situación era totalmente nueva para mi, era excitante, pero solo eso. Estaba a punto de pedirle que parará cuando apartó mi ropa interior hacía un lado y pasó su lengua por mi encharcada raja. Sentí un sablazo de placer, jamás habían pasado una lengua por aquel lugar y realmente desaparecía toda idea por mi parte de que mi amante parase de lamerme. Chupó durante más de 10 minutos, 10 minutos en los que tuve más orgasmos que en años de matrimonio, cuando José Ignacio levantó su cabeza se encontró con la imagen de su vieja amiga de la familia, ósea yo, me había sacado las tetas de mi escoté y las amasaba fruto del placer. Me cojieron durante horas, hubiese creído que se me iba a caer el mundo encima cuando me penetrasen por primera vez, pero estaba tan salida que simplemente sentir aquel trozo de carne abrirse paso entre mis labios vaginales fue una liberación. En el taxi de vuelta a casa sonreí pensando en el placer recibido, como había disfrutado cuando veía mis tetas bailar al compas de las embestidas de José Ignacio mientras me cojia a cuatro patas y como al final me metió la pija en la boca para acabar en ella. Disfruté, no lo puedo negar, pero volví a casa confusa y pero sin ningún remordimiento. Seguí cojiendo con José Ignacio durante más de dos años. Lo nuestro era una relación de amistad salpimentada con un montón de sexo. La verdad es que mi amante quería hacer lo nuestro oficial, pero por mi parte no estaba de acuerdo, estábamos bien como estábamos y dar un paso más era para mi como una traición a mi marido que estaba segura que Dios tenía en su eterna gloria. Con el tiempo nuestros encuentros fueron dilatándose hasta que mi amante empezó una relación con otra viuda que se ve que estaba más por la labor de formar una familia. Hubo de pasar dos años más para volver a acabar siendo montada por uno de las citas a ciegas organizadas por mis buenas amigas.


e en paz descansaba, no me podía dar. No era un sexo espectacular, superado lo de José Ignacio y puesta al día por el, no puedo decir que mis encuentros tuviesen nada no realizado hasta entonces, todo lo contrario, algunos no pasaban de un corto y frustrante polvo a lo misionero. Lo cierto es que disfrutaba de aquello momentos en brazos de hombres que me deseaban. A pesar de mis años me conservó bien y desde luego nunca ninguno me hizo ascos. Los años pasaban y mis hijos iban creciendo ignorantes de la limitada pero satisfactoria vida sexual de su madre. Con el paso del tiempo José Antonio, mi hijo mayor se hecho una novia en Madrid, al principio no me gustaba la idea que el niño no saliese con una palentina, pero eso es lo que tiene mandar a los hijos a estudiar a la capital, acaba conociendo a una lagarta y acaban encaprichándose de ella. Pasaron los años y Jose Antonio y su novia Lourdes me invitaron a cenar en una de sus visitas. Me quedé de piedra cuando me enteré que se casaban y a pesar que me hubiese negado en redondo no me quedó más remedio que darles la enhorabuena y prepararme para ser la madre del novio. La fecha se acercaba y me sorprendió la llamada de mi futura nuera invitándome a su despedida de soltera. Siempre pensé que estas cosas estaban destinadas a chicas jóvenes, a las amigas de la novia, pero Lourdes insistió que les acompañará a el evento. Intenté escaquearme, pero me fue imposible y finalmente acabé alquilando una habitación de hotel en Gran Vía y confirmando mi presencia. Mi idea era ir a la cena y despedirme de las chicas, pero mi sorpresa fue cuando vi que a la misma no solo acudía mi futura consuegra sino que las tías de Lourdes también estaban presentes. Como es lógico nos sentamos en la mesa juntas las señoras de más edad y he de confesar que me reí mucho con ellas. Creo que aquella sangría barata cumplió su misión y para cuando por la puerta del reservado del restaurante entró un chico vestido de guardia civil yo ya estaba de un piriti como no recordaba haberlo estado en años.


Las amigas de Lourdes enloquecieron cuando el picoleto se quitó la camisa y hasta la madre de la novia soltó un silbido cuando el chico se arrancó su pantalón y se quedó en un mini tanga que marcaba un magnifico paquete. El chico estaba como para mojar pan. El boy se arrancó el tanga y he de decir que nunca había visto un pija de ese tamaño, ni siquiera en internet. He de decir que Lourdes se comportó mejor que sus amigas, era obvio que se sentía cohibida por su familia y mi presencia. Las chicas parecían que competían para ver quien era más puta y se podía llevar a la cama al chico. Salí riéndome un montón del restaurante y cuando me disponía a despedirme e irme a mi hotel tres limosinas blancas pararon enfrente nuestra. Las amigas de mi futura nuera me empujaron dentro de una y sin casi quererlo acabé disfrutando de una larga noche de alcohol con las chicas. Pasamos por múltiples discotecas y poco a poco las chicas fueron ligando y/o desapareciendo. Perdí de vista a Lourdes cuando salimos de la penúltima discoteca. Era casi de día y me dolían los pies, pero ante la insistencia de la jefa de Lourdes acabamos dirigiéndonos las dos a un afterhour. Rosana, la jefa de Lourdes, tenía 46 años, según me contó tomando la primera copa en el último local, estaba recién casada después de lo que ella denomino como “mucha vida”. Rosana no era nada guapa, pero si muy echada para delante y con un muy bien cuerpo que movía sensualmente al compas de los bites de la música. Estábamos por irnos ya con una importante tajada, cuando nos entraron dos chicos. Los típicos dos veinteañeros caraduras y la verdad es que nos hicieron gracia. Nos pedimos dos copas más y empezarnos a hablar con ellos. Acabamos en la casa de Rosana ya de día pensando en tomar la última con aquellos dos chicos. Su marido estaba de viaje aprovechando la salida de su mujer y teníamos todo el piso para nosotras. No habíamos acabado la primera copa cuando Lourdes empezó a besarse con su chico, estaba claro que aquella chica quería ser empotrada por su guapo acompañante. Yo miré al mío preguntándome por un lado si sería apetecible para él y por otro pensando si estaría bien acostarme con alguien tan joven. Lourdes cogió de la mano a su pareja y se lo llevó a la habitación.


El mío se acercó buscando lo suyo. La verdad es que no estaba segura, por lo que como pude lo paré. Desde la puerta abierta de la habitación de Rosana se oían ya gemidos y esto calentó a mi acompañante. La verdad es que me calentó también a mi, pero aun así no bajé la guardia y seguí rechazando al muchacho. Lourdes acababa una y otra vez a gritos mientras el cabecero de su cama golpeaba violentamente contra la pared. La chica no era silenciosa ni mucho, se notaba que le gustaba el sexo y lo disfrutaba como una loca. Luis, que así se llamaba el mío, lo dio por imposible y levantándose me dijo que se iba y que iba a despedirse de su amigo. El chico se dirigió a la habitación y entró en ella. Hay que ver la juventud que falta de privacidad que se tenían unos a otros - pensé. Me quedé esperando a que saliese para irme yo también, pero ante mi sorpresa el chico no salía. Los gritos se incrementaron como si a Rosana la estuviesen matando. Esperé un rato y viendo que no volvía y muriéndome de curiosidad por ver lo que pasaba allí dentro, me levanté de mi asiento y me dirigí yo también a la habitación. Lourdes gritaba subida encima de su chico mientras Luis desnudo le clavaba su dura pija en todo su ano. Jamás hubiera pensado que iba a ver como alguien podía ser sodomizado delante mía, pero desde luego jamás de los jamases podría pensar que iba a ver como una chica era doblemente penetrada. No sé como ni por que, pero en vez de irme y dejarles hacer, me quedé apoyada en el marco de la puerta y abriéndome la cremallera de mi pantalón metí mi mano en él y la introduje en mi tremendamente húmedo e hinchado concha.


Los chicos no se percataron de mi presencia hasta que un tremendo orgasmo invadió mi cuerpo y un fuerte gemido salió de mi boca. Los tres miraron. - creo que va a haber que cojerse a esta abuela – dijo el que ocupaba la concha de Rosana, sacándola de allí y deslizándose de debajo de la jefa de mi nuera. La verdad es que a esas alturas poco me importó lo de vieja, solo quería saber que iba a pasar a continuación Sin miramiento me dio la vuelta, bajó mi pantalón e inclinándome contra la pared me la metió sin miramientos. Yo la recibí con mis manos apoyadas en la pared e intentado abrir bien las piernas Me estaba encantando aquella pija en mi concha, estaba dura, era ancha y encima me ponía mucho saber que esa pija veinteañera no llevaba viagra encima. El chico sacó mis tetas después de abrir mi camisa a ciegas desde detrás, bajó mi sujetador y pellizcó mis dos duros pezones. Me daba de lo lindo mientras oía a nuestra espalda los gritos de placer de Rosana. El chico me giró y me hizo ponerme a cuatro patas sobre la cama, mi cara coincidió con la cara de Rosana que seguía siendo sodomizada por Luis quien tensaba su cuerpo mientras perforaba el ano de la chica. Rosana tenía la cara desencajada de placer. Me besó como pudo cuando nuestras caras se acercaron, me quede de piedra, pero en seguida me dejé llevar y respondí a sus besos con la mayores de las lujurias. Cojimos los cuatro hasta la hora de comer, Luis y su amigo me hicieron comerle la concha a la jefa de mi hija política, nos cojieron como salvajes y finalmente nos regaron las caras con su caliente lefa. Por primera vez me habían dado por el culo, seguramente no era lo más higiénico del mundo el recibir una pija salida directamente del culo de Rosana, pero a esas alturas y después de lo que me había dolido la primera introducción en mis entrañas, poco me importaba De vuelta al hotel tuve que pagar una noche más, en teoría tenia que dejar la habitación a las doce y eran las cuatro de la tarde.


Dormí sin pensar en lo pasado hasta el amanecer del día siguiente. Pague el hotel y me dirigí a la estación de tren donde tuve que comprar un nuevo billete. Las dos horas y media de viaje fui pensando en lo sucedido. Rezaba porque Rosana y Lourdes aparte de jefa y subordinada no fuesen además confidentes. No me podía ni imaginar que pasaría si Lourdes se enteraba de mi noche. Me había encantado la experiencia de ser fornicada por dos chicos jóvenes, incluso no me arrepentía de haber tenido mi primera experiencia lésbica a mi edad, ni siquiera de haber estrenado mi cerrado culo. Esa noche ya en casa me masturbé como una loca en cuanto me metí en la cama, cosa que repetí las noches posteriores y hasta que llegó la fecha de la boda. Los chicos se casaron en el Antiguo Convento de Boadilla, un sitio idílico con iglesia anexa y un pequeño hotel dentro de sus instalaciones. Me hizo mucha gracia ver aparecer a Rosana acompañada de su marido. Parecía por su aspecto que nunca había roto un plato. Me saludó muy efusivamente presentándome a su marido. La novia iba perfecta, la verdad es que la chica era monísima. El cura un tostón de tío y la cena fue sencillamente maravillosa. El baile se inauguró con el tradicional baile de Lourdes con su padre, José Antonio, mi hijo, me sacó a bailar. Después de acabar el baile con mi consuegro y acabada la canción la pista se llenó de gente joven. Pensaba retornar a mi mesa cuando Rosana y su marido me agarraron de los brazos y me hicieron mantenerme en la pista durante más de una hora, solo con pausas para pedirme una copa y volverme rauda al pequeño grupo que habíamos formado. Bailé y bailé hasta que la gente empezó a despedirse, casi me molestó cuando tuve que parar para despedirme de mi hijo y nuera que se iban a subir ya a su habitación. Ya era tarde y solo los más calaveras quedaban allí.


Por un momento se me pasó por la cabeza que Rosana y su marido me invitasen a pasar la noche con ellos, pero estábamos en el mundo real y en el mundo real una no acababa cojiendo con dos desconocidos y menos dos veces seguidas. Reventada me fui a la barra a pedir una nueva copa cuando apareció por allí Rubén, el primo de la novia. El chico llevaba un ciego de la leche y aunque se le trababa la lengua el chico resultó ser un ser muy simpático. - Hola, vengo a ligar – me dijo como pudo y una sonrisa en su boca. - Hola majo, ¿que años tienes? - 18 - ¿y con 18 no eres un poco joven para querer ligar con la madre del novio? - Si, y encima podemos decir que eres mi tía política. - Pues eso, me imagino que eres primo de Lourdes. - Pero claro te veo aquí sola, que pensé, a lo mejor la abuela necesita que le den un poco de coba. - ¿Y no crees que es mejor que ligues con una de tu edad? - Es que no me hacen ni caso – me dijo de una manera muy graciosa. La verdad es que me estaba riendo mucho con el chico que obviamente no venia a ligar pero que estaba resultado de lo más simpático. - Pues hombre, eso tiene poca solución. - Ya, es que no saben lo que es un hombre. - ¿Y tu lo eres? - Soy la bomba – dijo riéndose. - Eso se lo dirás a todas. - Eso se lo demuestro a todas. - Que gracioso. - De gracioso nada, todavía no ha pasado que alguna no haya visto las estrellas conmigo. - Bueno chico, si tuvieses unos años más hasta me lo plantaría. Ha sido un placer hablar contigo - le dije mientras me alejaba de él. Bailé durante horas y cuando ya no quedaba ni el Tato decidí retirarme. Evidentemente los padres y familiares de la novia no estaban por lo que salí del salón sin despedirme de nadie. Entré en mi habitación y me despojé de mi escotado vestido.


En el espejo veía mi cuerpo solo cubierto por un tanga y dos esparadrapos que cubrían mis pezones para no denotar que no llevaba sujetador aquella noche. Aun tenía un cuerpo apetecible, no era ni mucho menos el cuerpo de una treintañera pero ni de broma tenía el cuerpo de una mujer de sesenta años. Una vez visto desnuda a Rosana y su cuerpazo me había dado cuenta que no tenía nada que envidiar, o al manos poco que envidiar. Con cuidado me quité los esparadrapos y como por arte de magia pasé un dedo por mi vagina. Ni deshice la cama, simplemente me tumbé en ella. Abrí mis piernas y empecé a masturbarme con saña pensando en lo agradable que hubiese sido volver a compartir cama con Rosana. Esa noche. Estaba apunto de acabar cuando la puerta se abrió, no me lo podía creer, de nuevo el primo de Lourdes que obviamente se había equivocado de habitación. No dije nada, ni siquiera deje lo que estaba haciendo, esperaba que el chico se pidiese perdón, se diese la vuelta y se fuese. Al contrario de la que esperaba, Rubén sacó su nabo de su chaqué y empezó a meneársela con fuerza mirándome con ojos asesinos. Me quedé con los ojos como platos cuando el chico dio dos paso y dirigió su pija a mi boca. Ni me lo pensé, abrí mis fauces y me la metí de golpe mientras en chico me cogía de la nuca para facilitar la posición. Yo me masturbaba como una bestia, me estaba poniendo como una moto. Rubén acercó su mano a mi concha y apartando la mía, metió dos dedos en mi hambrienta vagina. Me masturbó durante largos minutos hasta que de mi boca salió un inesperado – cojeme. El chico se deprendió de sus pantalones, calcetines y zapatos, me la metió de golpe y me hizo dar un grito de placer mientras arqueaba mi espalda. Rubén empezó a bombear como una bestia teniéndome en la posición del misionero. Yo aullaba de placer. Era verdad lo que me había dicho el mocoso de que las mujeres con él veían el cielo, parecía mentira lo bien que cojia y el gusto que me daba. - dame duro Rubén dame duro por favor.


Al chico que se le había bajado en parte el colocón y respondía mis ruegos con duras embestidas y comentarios soeces que poco a poco me hicieron entrar en el juego. - mueve la concha puta, se que te gusta que te jodan duro. - Si dame duro - Llevas toda la noche pidiendo pija y aquí la tienes - Siiiii - Ábrete bien zorra. - Dame, dame, dame. - Eres tan puta que seguro que si llamo a un amigo te lo cojes igual que a mi. - Siiiiii – grité presa de la pasión y sin pensar en nada. El chico se desmontó y apartándome donde estaba cogió su móvil y señalándome su pija me pidió que se la chupase. Sabiendo que aquello iba para largo sencillamente me recogí los pelos que ya se habían salido de mi recogido y acerqué su pija mi boca y abriéndola me la metí hasta el fondo. José Ignacio había hecho una gran labor conmigo enseñándome a mamar pijas y se lo iba demostrar al niño esa noche. Rubén escribía mientras yo chupaba, creo incluso que me hizo alguna foto, cosa que no me gusto pero como no se me veía la cara lo dejé acabar. El chico no quería acabar y después de ser chupado durante mucho tiempo me hizo subirme y clavarme su pija en mi chorreante concha. Rubén me tocaba mis caídas tetas mientras yo disfrutaba sintiendo aquella pija entrar en mis entrañas. Era alucinante lo que sabía hacer ese chaval con su hermosa pija. Me había corrido un par de veces cuando alguien entro en la habitación. Pensé en parar de golpe pero Rubén me lo impidió cogiéndome por las caderas y subiendo mi cuerpo de arriba abajo. - muévete zorra - y yo me moví y no pare de moverme incluso cuando noté como un dedo acariciaba el ojete y a continuación entraba en mi culo. Aun me dolía el ano del estreno que le hicieron Luis y su amigo semanas antes, pero no todos los días se encontraba una en una situación semejante y en contra de lo que decía mi edad y mi mente decidí dejar al invitado juguetear con mi ano.


Rubén seguía dándome duro mientras a mi espalda dos dedos ya se introducían en mi culo, tres manos tocaban a ratos mis tetas y eso era algo que me ponía a cien. Ver como dos personas se peleaban por tomar posesión de mis pezones era lo mejor que a un mujer le podía pasar. Le invitado se subió en la cama y separando mis cachetes empezó a hacer fuerza con su pija en mi esfínter intentando abrirse paso en su estrecho camino. Me dolía horrores, seguramente sin la pija de Rubén o si esta estuviese quieta dentro de mi, hubiese sido más fácil la penetración, pero aquellos dos chicos pensaban tener ante si a una muy puta y así me trataban. Grité de placer cuando noté que las dos pijas se encontraban en mi interior. Los dos chicos empezaron darme duro y con una carencia enloquecida. Rubén debía de estar a punto pero su invitado acababa de empezar y eso casi aseguraba que mi culo iba a recibir de lo lindo durante aquella noche. No sabia quien era, aun no había podido verle la cara, pero por sus manos se veía que era jovencito, lo cual aseguraba aguante. Acababa una y otra vez, Me gustaba tanto sentirme llena de pija en mis dos agujeros como en saberme cojida por dos yogurines. Encadenaba orgasmos tras orgasmo, los chicos gemían de placer y me gritaban obscenidades. Por primera vez en mi vida me azotaron el culo mientras me daban. No es que el chaval lo hiciese con suavidad, todo lo contrario, me daba duro y sin miramientos. Me estaba gustando mucho sentir aquellos golpes en mis desnudas nalgas.


La puerta se abrió. - Mama perdona, he visto la luz encendida por debajo de la puerta y quería saber si has visto mis gafas que no las… – y paró la frase cuando vio a su madre a cuatro patas con el primo de su mujer debajo mía endiñándomela en la concha y su cuñado, el hermano de Lourdes, penetrándome el culo detrás mía con sus manos en mis tetas. El escandalo fue de órdago, creo que los gritos se oyeron hasta en el pueblo. Mi hijo acusaba a los muchachos de haber abusado de su madre bebida, a su vez los padres de los chicos me acusaban de haberme aprovechado de la inocencia de los chavales. La luna de miel se suspendió ante el enfado de ambos contrayentes que por mi culpa se dijeron de todo. Finalmente la sangre no llegó al rio, pero nunca más Lourdes volvió a visitarme en mi casa ni yo volví a ver a mis consuegros. Debería haber aprendido la lección, pero desde esa noche cada dos o tres meses, me dirijo a Salamanca para intentar ligar con algún universitario, cosa que siempre consigo.