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Cena con sorpresa inesperada

Después de lo pasado en la playa, no sabía en qué situación estaría la relación con Montse, dejaría pasar unos días y veríamos lo que sucedía. Mientras tanto yo seguía preparando tanto el presupuesto como lo que había que hacer en el bufete. En esos días me los encontré exactamente dos veces por la calle y en ambas ocasiones, Montse nos dejó solos porque siempre tenía que hacer algo. La primera vez me costó creerla, pero la segunda tuve claro que quería “castigarme” con su indiferencia, algo que me causo mucha gracia, seguro que ra lo contrario que ella quería. Una mañana, después de salir de la universidad, me acerque al bufete, sabía que era muy posible que no estuvieran, así fue, llegue cuando se iba la última persona. Dejé toda la documentación y me fui. A las cinco en punto, recibí una llamada de Montse, que muy altiva, me decía si no podía haber ido cuando estaba su marido o ella, empezó a soltar una perorata y le corté, diciéndola que como me di cuenta que mi presencia le incomodaba, quería evitárselo. Ella me dijo que no sabía porque lo decía, por lo que tuve que recordarle las dos últimas ocasiones en las que coincidimos. Ella lo justifico como algo casual. Finalice la conversación diciéndole que ya me dirían algo, pero que sobre todo tuvieran claro que no había ninguna obligación, despidiéndome y colgando. Habían pasado casi dos horas, cuando recibí una nueva llamada, pensaba que era ella, pero era Juanma, que me dijo si me venía bien pasar por su despacho o quedábamos más cerca de donde vivíamos.


Quería hablar del presupuesto que deje. Así que quedamos en una cafetería discreta, que eligió el. Eso me hizo pensar, que no debería estar muy conforme con lo que le presente y buscaría un lugar discreto para decirme diplomáticamente que no. Me adelante a la hora, me gusta llegar pronto a las citas. Pero Juanma me había adelantado, justo cuando llegue le estaban sirviendo una copa, acababa de llegar prácticamente. Pedí antes de que se alejara el camarero, nos saludamos y me senté. Como quería quitar tensión a todo, me adelante, quitando importancia… -No te sientas violento, que yo no lo estoy. Entiendo que no os haya gustado el proyecto y el precio. Pero no pasa nada. -Que va, si a todos nos ha parecido muy bueno y de precio ya no te digo. Otros nos hicieron un proyecto peor y bastante más caro. Así que cuando quieras puedes empezar y como imagino que te hará falta un adelanto, solo tienes que decirlo y ya está. -Qué alegría me acabas de dar. Como elegiste este sitio y no debajo de casa por ejemplo… -En eso no te equivocas. Aquí es más discreto para lo que quiero hablar contigo. (Pensé que quería cortar la situación a tres) -Pues ya me dirás, me tienes expectante. - ¿Qué ha pasado con Montse? Y quiero que me seas sincero, ya sabes que no me mosqueare. -Así que era eso… Pues te seré sincero en todo lo que pueda. No sé si lo sabrás, pero quedamos en una playa nudista, ella y una amiga que obviare decir quién era. Como creí que no vendrían, se cruzó una pareja, cogí confianza con ellos, luego llego Montse y amiga, que hicieron confianza también entre ellos y nos fuimos a comer a su casa. Resumiendo, me enrolle con la mujer de la pareja, el con la amiga y Montse se mosqueo y se fue.


Jajaja… se hizo la estrecha. Menos mal que nada más fue eso, me empezaba a preocupar. Ah y la amiga sé quién es. Ya que sé que se iba con Marialis a la playa. (Yo ni confirmé ni desmentí, porque no sabía si era una trampa para sonsacarme) -Pues eso es lo que sucedió. -Lo que me ha sorprendido agradablemente, pero con cierta sorpresa, ha sido lo de Marialis. -Yo no he dicho que fuera Marialis. -Lo que tú digas, pero… sorpresa y sorprendido. -No te entiendo… -Porque siempre le he visto como muy lanzada, pero siempre he dicho, pedro ladrador poco mordedor. Eso es mi sorpresa, pero sorprendido agradablemente por mi amigo Nicolás. -Que pasa… ¿qué es de tu “cuerda”? -Mira nosotros llevamos juntos toda la vida. Desde niños, nuestros padres eran íntimos amigos. Nos tenemos mucha confianza y más de una vez hablamos de hacer un intercambio, pero lo descartábamos porque sabíamos que nuestras mujeres no querrían. Pero lo que si hacíamos era intercambiar fotos más o menos picantes. Comentarios de lo que hacíamos y dejábamos de hacer… - ¿Sabe entonces de lo nuestro? -No exactamente. Le dije que fuimos a un local de intercambios y que Montse tonteo bastante con otro. Desde entonces el pretende lo mismo. Pero no se atreve a proponérselo a su mujer. -Joder, vaya par de dos. - ¿Tú te atreverías? - ¿A qué? -A estar con Marialis, que va a ser. -Una cosa son las palabras y otras los hechos. Y tú no puedes decidir por ellos. -Bueno y en el supuesto de que ellos quisieran…. ¿Te apuntarías? -No me gustan los futuribles, pregúntame cuando tengas algo concreto y te contestare.


Terminamos la conversación y nos fuimos caminando hacia nuestras casas, charlando de los horarios en los que les venía mejor hacer todo en el bufete para no entorpecer en el trabajo diario. Algo que me venía también bien a mí por mi horario de universidad. En casa luego estuve pensando lo que hablé con Juanma, ya había pocas cosas que me sorprendieran, digamos que me sorprendió un poquito. Pero me gustaría estar presente si le comentaba algo a su compañero y amigo, más que nada por curiosidad. Pasaron 12 días desde la conversación. Yo mientras había ya comprado materiales para ir montando cosas en mi casa y llevarlas poco a poco al bufete, para tener todo allí para instalarlo. En estas idas y venidas, me encontré varias veces con Nicolás, actuaba con total normalidad conmigo y como se notaba que era el que más entendía de eso, siempre me preguntaba algo nuevo. Por todo esto, imagine que Juanma no le comento nada. Pero fue terminar de hablar con Nicolás, cuando Juanma quiso hablar conmigo. Entre en su despacho y hablamos. -He hablado con Nicolás y está de acuerdo, además de deseoso. - ¿Deseoso? -Si lo estuvimos hablando este último fin de semana, que comimos todos juntos y en un aparte hablamos… - ¿Hablasteis? ¿Qué le contaste? -No te molestes, pero al final le tuve que contar la verdad sobre Montse, tu y yo. -Molestarme no me molesta mucho, si tu confías en el… tú sabrás. ¿Montse lo sabe? -Ni lo sabe, ni se puede enterar. Pero Marialis tampoco. -Bueno pues cuéntame o resúmeme lo que hablasteis. -Pues hemos pensado en una cena a cinco, este sábado noche. Tu vienes a explicarnos con más detalle todo lo que vas a hacer en el bufete y tu luego sabrás como desenvolverte. ¿Cómo lo ves? -Pues muy mal. Porque si por lo menos estuviera al tanto Montse… pero va a ser difícil estando vosotros también. Si estuviéramos ellas dos solas y yo, podría ser posible, pero estando los cinco… COMPLICADISIMO. -Es que lo interesante sobre todo por Nico, es que él quiere verlo. También por mí, que sería apoteósico verlas a las dos. -No lo veo. -Pero y si nos comprometemos a nosotros no hacer nada, solo mirar, ¿Lo verías posible? -No tengo ni idea.


Nunca antes he vivido una situación así, ni nadie me la planteo tampoco. Pero estoy dispuesto a ir a la cena y ver lo que pasa. Así que quedamos para cenar el sábado por la noche. Quedamos a las nueve y media, aunque si fuera por Juanma cenaríamos a las siete de la tarde. Eso sí a ellas no les mentirían y les dirían que a la cena iría yo. Eso fue lo que acorde con Juanma, como que ambos “picaran” a sus respectivas esposas, para que se vistieran provocativas, alegando que sabían que la otra iría muy “sugestiva”. Llego el sábado, a propósito, me puse un pantalón muy ajustado, uno que por ese motivo no solía ponerme, pero para esa noche, pensé que sería el mejor. Hice un poco de tiempo para llegar un poco más tarde de la hora, para asegurarme de que estuvieran los cuatro ya allí. Cuando llegue me abrió la puerta Juanma, nos saludamos y se acercó Nicolás que también me saludo de muy buen rollo. Lo que me desconcertó un poco, porque durante todo el día había pensado, que lo mismo Juanma no le conto nada y podía ser una aventura, no sé, estaba dudando, pero esas dudas se me quitaron cuando vi aparecer a Marialis, se me cayó la baba, menudo mujerón, la pija me dio un respingo, si no despejaba mi mente rápidamente, mi pija se notaría mucho en mis pantalones. Nos fuimos para el salón y para salir del paso, pregunte por la anfitriona y me dijeron que estaba en la cocina, terminando un par de cosas. Me disculpe con ellos y me acerque a saludarla. Ella estaba también de infarto. Me acerque a saludarla y no sé cómo, ni de qué manera, pero al segundo estaba besando esos labios rojos, que pedían a gritos un buen beso. Después de besarnos, me limpio mi boca que estaba llena de carmín. Le dije que se preparara que esa noche pensaba cojerme es culito de vicio que tenía y ella con cara medio triste solo me dijo… “Hoy con las visitas… lo veo difícil” tu confía en mí, le conteste.


Me miro de manera confusa, sonriéndola y guiñándola un ojo, me fui de la cocina. La mesa era una redonda y cada pareja estaba junta y yo en medio de las dos mujeres. Buen sitio para tomar contacto pensé. Durante la cena hablamos de mi trabajo, de en qué horario lo realizaría y conteste a varias preguntas de Nicolás, hasta que Montse dijo que ya no se hablaba más de trabajo. Pasando a hablar de todo un poco, típico en las cenas. Yo aproveche y ya casi finalizando la cena, baje mi mano derecha y dándome igual que se notara, la lleve en medio de las piernas de Montse, que estaba claro que no se lo espero. Pero me dejo y disimulo bastante bien. Luego saque mi mano y con la otra hice lo mismo con Marialis, con la diferencia que se medió atraganto, tuvo que beber un poco de agua, pero no quite la mano y la muy cachonda abrió bien las piernas, mientras se reía nerviosamente de un comentario gracioso que hizo Juanma. Yo mientras tanto observaba a los dos maridos, Juanma se estaba dando cuenta, tenía ojos de libidinoso se le notaba demasiado. Pero sin embargo de Nicolás no sabía que decir, su rictus no cambio en ningún momento, el seguía con sus conversaciones como si no pasara nada, eso era lo único que me tenía confuso. Mientras yo cambiaba mis manos tocando a cada rato a una. La que más se cortaba era Montse y sin esperármelo la más descarada estaba siendo Marialis. Nos levantamos de la mesa y cambiamos de sitio, nos fuimos a los sillones. Mientras lo hacían yo fui al aseo. Cuando salí me encontré con Montse esperándome, estaba como enfadada y me llamo la atención, me dijo que no era el momento, que me estaba pasando, que estaba abusando de la confianza de ellos, que estaba poniendo en peligro su situación, porque se podían dar cuenta sus amigos… no le deje que continuara, le bese en la boca y la apoye en la pared, no hizo amago ni de resistirse, porque enseguida me metía la lengua hasta la garganta.


Metí mi mano debajo de su falda y ahora pude comprobar con más detalle, que estaba muy mojada, abría las piernas y se dejaba hacer, estaba descompuesta. Se quitó y me dijo que cuando se fueran se “vengaría” se fue a meter en el aseo, pero antes de que lo hiciera, la cogí por la cintura y mordisqueando su oreja le dije… “Quítate las bragas, no me gusta que las lleves” ella echo su culo para atrás y se quitó, cerrando la puerta. Me gire para ir al salón, cuando vi que venía Marialis, que esta no se esperó, me agarro por el cuello y me dio un buen morreo, solo me dijo… “Apáñatelas como sea, pero esto (agarrándome la pija por encima del pantalón) me lo tienes que meter en mi conchita hoy” mirándome añadió… “Ya sé que es difícil, pero si no, no haber empezado” mi contestación no se hizo esperar… “Yo creo que sería más fácil si Montse participara” ella sin pensárselo me dijo que estaba tan caliente que le daba igual, que además Montse siempre le había gustado, pero que la veía muy fría. Le dije lo mismo que a Montse, que no me gustaba que llevara bragas y ella sonriendo me contesto que eso tenía fácil solución. Cuando regrese vi a los dos hombres hablando en voz baja, ahora si note a Nicolás como más nervioso y a Juanma muy fresco, como haciendo ver a su amigo que él estaba de vuelta de todo. Estábamos sentados cuando llego primero Montse y al rato Marialis. Se sentaron también y cogieron las copas que les habían preparado. Después de llevar un rato con conversaciones que no llevaban a ningún lado, me di cuenta que era el momento de actuar. De ver si era verdad que Nicolás quería ver a su mujer en “acción” y ver si Montse aguantaba. Fue cuando dije que podían poner música y así podíamos bailar. Montse se quedó sin saber que decir, algo nerviosa. Juanma y Nicolás dijeron que a ellos les parecía bien, siempre que no les hicieran bailar. Las mujeres hicieron comentarios sarcásticos, pero Marialis dijo que yo seguro que podía bailar con ellas.


Tal como estaban sentados ellos, quedaban de espaldas a la zona donde se podía bailar. Eso venía bien, porque ayudaría a calentar mejor la situación. Montse fue a poner música y Juanma le dijo que música suave, que por la hora que era no se podía poner otra, que los vecinos se quejarían. Yo me levanté a ver la música que tenían y vi un cd de los mejores boleros o un título parecido. Lo cogí diciéndole que ese estaría bien. Montse lo cogió y me miro con cara de perturbación. Mientras ella ponía el cd, yo sin consultar con nadie apague varias luces. Después de hacerlo me puse a bailar con ella. Que trataba de guardar las distancias y estaba en plan moderado. Poco a poco haciendo un poco más de fuerza, atraje su cuerpo hacia mí, apretándonos bien. Sabía que estaba deseosa, caliente. Empecé a rozarme con ella y tenía que estar notando como crecía mi pija. Llego un momento que ya no se cortó y se apretaba contra mi más descaradamente, a la vez que se contoneaba rozándose más con mi pija. Yo controlaba al resto. Ellos seguían de espaldas y hablaban de cosas de su trabajo. Marialis se había medio girado para no perderse nada de lo que hacíamos. Le lance un par de besos y me sonrió. Era momento de dar un paso más, mientras bailábamos, si se podía llamar bailar, hice que Montse se quedara de espaldas, lo que aproveche para meter mis manos por detrás, por debajo de su falda. Ahora si se trató de resistir un poco, pero en cuando noto mis dedos entre sus piernas y tocando directamente su mojado coñito, ya que no llevaba bragas, fue como si se rindiera. Apoyo su cabeza en mi hombro y se dejó hacer. Los ojos de Marialis decían todo. No se lo podía creer, mientras nos veía casi sin parpadear, se mordía de vez en cuando los labios. Estaba algo incrédula, porque nos miraba a nosotros, pero también a sus maridos y no entendía, o por lo menos esa era la impresión que me daba a mí. Hasta que se levantó y dijo que ella también quería bailar.


Montse con desgana se quitó y se fue a sentar, paso junto a su amiga, pero ni la miro, agacho la cabeza como avergonzada. Marialis se agarró a mí, no tan descarada como en el pasillo, pero se agarró bien. Y con voz muy suave y en tono bajo me pregunto… “¿Qué es lo que pasa aquí, le hacéis cornudo a Juanma?” yo no sabía que contestar y solo se me ocurrió decirle la verdad. “A Juanma le gusta y tu marido también quiere, tiene esa fantasía” ella no decía nada solo se apretaba contra mí y me dijo nuevamente al oído… “Yo creía que ra solo una fantasía, que nunca se atrevería… pero si es lo que quiere se va a enterar” cuando yo iba a meterle mano como a Montse, se levantó Nicolás que fue al aseo y entonces Marialis se soltó y se fue detrás de él. Aprovechando la situación, Montse con voz suave y delante de Juanma, me dijo que me tenía que contener, que no era el momento y entonces Juanma le dijo que disfrutara, que no se amargara, ella le pregunto si estaba tonto, que si no se daba cuenta de que Marialis y Nicolás se podían dar cuenta. No obtuvo respuesta porque llego Marialis, que me dijo que siguiéramos bailando. Llegando Nicolás y sentándose con Juanma. Nada más empezar me dijo Marialis… “Tenías razón, quiere cuernos, pues tendrá unos buenos cuernos. Bueno, tendrá más cuernos de los que ya tenía” se rio cuando acabo de decirlo y luego me morreo como en el pasillo. Ahora la que estaba descolocada del todo era Montse. Que nos veía y se le notaba también algo de rabia. Le hice una seña con mi mano para que se acercara, pero me ignoro. Yo le dije a Marialis que, si no convencíamos a Montse, poco teníamos que hacer. En esto me soltó y se acercó a Montse, diciéndole que bailáramos los tres, cogió su mano y estiro de ella. Una vez estábamos los tres, yo agarre a Montse por la cintura y bailábamos. Marialis se puso por detrás de Montse abrazada a su cintura. Yo empecé a besar a Montse y Marialis tocaba sus tetas por encima de su blusa. Cuando vi que no la rechazo, que no puso ninguna pega, ya sabía que era el inicio de una noche estupenda.


Ahora si miraban los maridos, que lo hacían sin despegar sus miradas de nosotros. Yo dije de ir mejor a la habitación. Montse como cortada se encamino hacia su habitación y nosotros detrás. Cuando llegamos a la habitación, aparecieron los maridos y entonces Marialis con voz firme les dijo… “No, no, no. Vosotros no nos veréis, queréis que se follen a vuestras mujercitas, pues si os portas bien podréis oírnos, imaginar lo que sucede, pero hoy nada más. Eso o no hay nada” ellos no estaban muy de acuerdo y esta vez fue Montse la que hablo… “Juanma que parte es la que no has entendido, os vas al salón y podéis oírnos, si queréis os lajeas solos o mutuamente, pero nada más” los dos hombres parecían humillados, desconsolados, pero resignados, porque se fueron sin decir nada más. Mientras Montse se tumbó en la cama, boca arriba, tapándose un poco con la sabana, vestida aún. Nos miraba ardientemente a Marialis y a mí, pero sin decir nada, aunque ya digo con esa mirada ardiente no hacía falta decir nada. Mientras nos besábamos yo desnudaba a Marialis, que colaboraba estupendamente, se la veía desenfrenada, ayudada también por las dos copitas que se había tomado. Ella conmigo hizo lo mismo y cuando me fue a quitar los boxers se agacho, cuando los bajo mi pija se liberó mirando hacia el techo, casi pegada a mi pubis, durísima, ella se acercó y mordisqueo su tronco, para luego lamerlo hasta llegar al capullo, que se lo metió en la boca, saboreándolo como si fuera un cucurucho de helado. Le levante y cuando estuvo de pie, mordisquee esas tetazas que me llamaban a gritos. Después le di la vuelta, abrazándola y de cara a Montse para que nos viera. Marialis se soltó y se acercó a la cama, pegando un tirón de la sabana, quedando sin cobertura Montse. Se la veía como indefensa, con su faldita y su blusa, que, al ser un poco justa, hacían que sus pezones se marcaran de forma bien visible. Demostrando lo caliente que estaba.


Marialis se subió a la cama y se puso a horcajadas sobre las piernas de Montse, esta miraba expectante lo que iba a hacer. Marialis puso sus manos sobre su blusa, yo pensé que ahora se la iría desabrochando poco a poco, pero me dejo sin habla, cuando de golpe pego dos estirones, abriendo la blusa de golpe y haciendo saltar sus botones. Como no llevaba sujetador, con un entusiasmo desenfrenado se puso a besarle las tetas, que se las apretaba a la vez con sus manos. Montse fue como si rompiera alguna barrera, porque fue pasar eso y ponerse a gemir sin cortarse para nada. Ahora se agacho y lamio sus labios para después meterle la lengua en su boca, algo que Montse agradeció atrapándola con su boca. Ahora los gemidos eran de las dos a partes iguales, me daba la impresión de que se tenían ganas desde hace mucho tiempo. Vi como Marialis mientras se besaban estiro una mano y la metió por debajo de la falda de Montse, que al momento gritaba más, pedía más. Yo mientras tanto disfrutaba sentado en el borde de la cama. Viendo a esas dos mujeres preciosas desbocadas, calientes y lujuriosas, dando rienda suelta a sus instintos. Era una imagen totalmente morbosa y excitante. Pero si se podía poner mejor la cosa, fue cuando se empezaron a decir de todo, la más lanzada en un principio fue Marialis… -Menudo zorrón que eres, así que te estabas jodiendo al muchachito y no decías nada. -Calla, que tu desde que lo viste… -Te habrá follado bien esta concha, eh… ¿Verdad? -Uuuhhhmmmmmm…. No lo sabes tú bien… (voz entrecortada) -Y que más te hizo… ¿Eh? -Mi culito, una maravilla… -Así que también te hizo la colita… mira la putita… Me acerque a ellas y mientras Marialis se iba a comerle la concha, yo aproveche y acerque mi pija a la boca de Montse, que me miro con cara de cachonda total y empezó a comérmela. Notaba como se iba calentando con la comida de concha que le estaban haciendo, porque en algunos momentos me hizo un poco de daño, pero nada que no se pudiera aguantar.


También me dedique a tocarle las tetas y “jugar” con sus pezones, apretándolos y estirándoselos, según convenía. Ella no protesto en ningún momento, todo lo contrario. Poco tiempo después se corrió Montse como si fuera el fin del mundo, Marialis lo debió de hacer más que bien. Pero siguió con la cabeza entre sus piernas, era toda una glotona. Ahora sin dejar de comerse el coñito de Montse, se fue moviendo hasta quedar su concha a la altura de la cara de Montse, que rápidamente se amorró a su coñito. Estaban haciendo un espléndido 69, que era espectacular verlo. Pero como yo estaba ya muy cachondo, me coloqué como pude y sin dudarlo se la empecé a meter a Marialis mientras Montse no paraba de lamer su clítoris. Los gritos y gemidos de Marialis, al notar mi pija hasta el fondo y la lengua de Montse, prácticamente dejo de comer la concha de Montse, para poder gemir a gusto. Se corrió igual que Montse de una forma exagerada. Cuando se terminó de acabar Marialis, yo me tumbe boca arriba e hice que Montse se sentara encima, pero no como ella quería, follandola la concha, no, le dije que se diera la vuelta y que se la metiera por el culo. Marialis se quedó en silencio viéndonos, Montse poco a poco se fue sentando hasta desaparecer toda mi pija dentro de su culito. Cuando Marialis le dijo, que parecía imposible que hubiera sido capaz de meterse semejante pija dentro, Montse con voz orgullosa le dijo… “Y no sabes cómo se siente, el gusto que me da…” Mientras nos movíamos suavemente en un principio, ellas se besaban y yo notaba como Marialis le hacia una paja mientras, pero de vez en cuando masajeaba mis cojones también, lo hacía con mucho arte, me daba mucho gusto.


Luego empezó a comerle a las tetas y Montse, solo decía que no parara, que gusto le estaba dando… Se agacho y le empezó a comer la concha, que también se lo cojia con sus dedos. Montse se recostó para hacérselo más fácil, notaba todas sus contracciones en mi pija. Hasta que nos corrimos los dos al unísono, fue algo impresionante. Una vez nos desacoplamos, yo fui al baño a limpiarme y cuando llegue estaban hablando bajito y les pregunte que pasaba. MONTSE-Esta que ahora está preocupada por su marido. YO-No te preocupes, si era lo que él quería. MARIALIS-Pero una cosa es decirlo y otra todo esto. MONTSE-Hija, ves haciéndote a la idea, tenemos dos mariditos que le gustan estas cosas, les pone tener cuernos. Además, el tuyo ya hace mucho tiempo que los tiene, no seas ahora… MARIALIS-Pero una cosa es ponérselos sin que se entere y otra cosa esto. YO-Si seguro que nos han estado oyendo y se la han pelado más que un mono… MONTSE-Jajaja…. Seguro, el mío por lo menos. Pero tranquila que voy a ver. Ya prácticamente estaba amaneciendo, el tiempo se había pasado volando. Yo pensaba en irme y entonces Montse nos dijo que esperásemos ahí, que vería como estaba todo y se fue hacia el salón. Marialis y yo oíamos murmullos. Mientras yo empecé a tocar el coñito de Marialis, que rápidamente se le olvidaron sus “temores”, porque poco a poco fue abriendo sus piernas y su mano fue a mi pija. Que no tardó mucho en reaccionar y ponerse otra vez en total plenitud. Marialis ya no hablaba de su marido ni de nadie, su boca buscaba la mía y rápidamente se encontraron, para que nuestras lenguas las disfrutaran. No nos enteramos que había regresado Montse, hasta que nos dijo que éramos unos “cerdos” por no esperarla. Nos comentó, sobre todo a Marialis, que los maridos estaban muy contentos y que se bajaban a comprar churros para desayunar, que les había dicho que no se dieran prisa. Aproveché para ir por un poco de agua, cuando volví oí como hablaban en bajito.


Nada más tumbarme, Montse me dijo que Marialis estaba loca por estrenar su culito o como decía ella su colita. Como era lógico yo encantado de la vida, pero Marialis dijo que si le dolía tenía que parar y Montse le dijo que, sin problema, que yo eso lo cumplía y me guiño un ojo con complicidad. Volvimos al inicio ellas dos empezaron otra vez a enrollarse y Marialis mientras le dijo que siempre había querido llevarla a la cama, Montse con una media sonrisa y con voz excitada le contesto que ya lo había notado muchas veces. Pero tal como se besaban, como se tocaban se estaban desquitando. Yo me uní a ellas y nos besábamos, lamiamos, tocábamos los tres indistintamente. El olor, los sonidos, nuestras respiraciones, lo único que hacían era ponernos más calientes. Montse en un momento dado nos dejó y se levantó de la cama, pero no tardo en regresar, traía del baño aceite corporal. Abrió el frasco y empezó a ponérselo en el culito a Marialis, estuvo un buen rato y nos miró diciendo que ya estaba más que preparado. Luego se vino hacia mí, para untarme bien la pija, pero antes quiso mamármela, dijo que no se podía aguantar, hasta que Marialis le dijo que dejara un poco y se pusieron las dos, no me preocupaba nada, porque después de haberme corrido ya una vez, me costaría mucho la siguiente. Mientras yo metía mis dedos en el culo de Marialis, que entraban ya fácilmente. Mientras Montse seguía lamiendo mi pija, le dije a Marialis que se diera la vuelta y se tumbara, yo lo quería así, porque de esa forma podría controlarla mejor, hasta tener toda mi pija en su culo. Estaba bastante asustada y nerviosa, Montse le acariciaba la cara y le decía que no era nada, que yo tenía mucha practica y que era muy bueno. Mientras hablaban yo coloque ya la punta de mi pija en su culito, la tenía que agarrar para que no se fuera a otro lado, por la cantidad de aceite que Montse había puesto.


Pero una vez que me situé bien, logré meter la cabeza de mi pija, que como decía Marialis el setón. Protesto más de lo que yo esperaba, ya no sabía si era dolor de verdad o miedo. Pero me pare, no se la saque, hice una seña a Montse y se agacho a besar su boca y cuando vie que estaban en un fantástico morreo, metí un poco más, ella se quiso mover, pero yo no le deje y Montse tenía su boca bien atrapada con la suya. Poco a poco y ante las quejas de Marialis fui metiéndola. Hasta que Marialis, en tono serio dijo… “Sácala que mi colita no puede con todo eso, que me estas rompiendo el orto…” no había acabado de decir esto cuando con una mirada Montse y yo nos entendimos, movió su cabeza afirmativamente y metí lo que quedaba, Marialis dio un grito seco y no se movió. Montse con mucha ternura, acaricio su melena, luego la dio varios besos y volvió a acariciar su cabello. Mientras yo empecé a moverme de forma muy suave y delicada. Cada vez iba cogiendo más ritmo y ella ya no protestaba. Pero nuestros movimientos eran muy suaves. Se oyó abrir la puerta de la calle y Montse se levantó rápido, colocándose un vestido, nos dijo que acabásemos tranquilamente que ella se encargaba de todo. Se fue y cerró la puerta de la habitación. Entonces Marialis dio un cambio total y me dijo, “vamos que no tenemos todo el día y no quiero que nos quedemos a medias” empecé a moverme más rápido pero dentro de un orden, ella respondía bien y se llevó una mano por debajo de ella, se empezó a tocar y entones me pidió más rapidez. Ya estaba preparada, empecé a aumentar mis embestidas y ella aguantaba bien, estaba estrechita y eso hacía que el roce fuera mayor, mordía la almohada para que no se la oyera, hasta que se corrió y yo no me quise esperar llenándola bien el culo de leche. Cuando se la saqué me fui al baño a asearme y para salir con el resto de la gente. Pero antes de salir entro Marialis y me pregunto con una sonrisa… “¿Estos cuando se haga unas veces más, ya se hará normal?” desde luego le conteste yo. “Pues si mi marido no pone pegas será cuestión de probar más” y yo le replique… “¿Y si pone pegas?” ella riéndose me dijo que le daría igual. Yo me fui al salón y allí estaban todos, esperaba ver la reacción de todos. Juanma dijo… ¿Cómo te han dejado? Cuando iba a responder Nicolás se adelantó diciendo… Con la fiera de mi mujer lo habrán dejado para el arrastre y Montse riendo les dijo… “Ya quisieras vosotros el aguante de Carlos, ni los dos juntos” yo no decía nada, me limite a mojar mis churros en el chocolate y desayunar.


Cuando apareció Marialis, esplendorosa pero expectante. El primero en hablar fue su marido diciéndola… Por fin me hiciste caso, ¿ha merecido la pena? Yo creo que Marialis no se esperó esa pregunta y se limitó a levantar los hombros. A lo que Nicolás le dijo, ¿es que Carlos no ha dado la talla? Y entonces ella cogiendo aire y muy decidida le dijo… “Si, ha merecido la pena y si Carlos ha dado la talla, te diré que le he dicho que tenemos que volver a hacerlo, con eso te he dicho todo” yo espere la contestación de Nicolás, que lo único que hizo fue reírse y dirigiéndose a Juanma le dijo… si ya te dije que es mucha mujer y que necesita lo que necesita. La cara de Marialis se puso roja de oír a su marido decir eso, ya que al igual que entendí yo, ella debió de entender que a Juanma le había contado más de lo que debía. Pero Montse para sentenciar y terminar la conversación le dijo a Marialis… “No te pongas así, fíjate la suerte que tenemos, dos maridos que les gustan ser cornudos. Quieren que monten bien a sus mujeres y nosotras que somos muy cachondas, tenemos un semental que nos monta y nos va a montar de maravilla. Y como lo que quieren es que seamos muy putas, no sabes lo puta que me está haciendo Carlos y si tú quieres lo que te hará a ti. Siempre que Carlos quiera. Carlos… ¿Tú quieres hacernos muy putas y que todos te obedezcamos?” Yo un poco cortado pero decidido dije que por mí no había inconveniente, que habría que preguntar a Juanma y Nicolás también. Pero Montse remato… “Estos no van a decir que no, te lo aseguro… ¿Verdad? (les dijo mirándolos)” ellos se limitaron a estar de acuerdo, la cara de Montse y Marialis fue de satisfacción, como la mía. Una vez terminé de desayunar, me vestí y me despedí de todos. Montse y Marialis me acompañaron a la puerta y antes de abrirla nos morreamos bien como despedida. Montse antes de marcharme me dijo… “Prepara una noche como las que tú sabes” me sonreí y me fui.