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Noche complicada pero muy ardiente

Cuando llegue a mi casa, que ya era muy tarde y una vez metido en mi cama, no odia dejar de rememorar los momentos con Montse, hasta el punto que sin poder evitarlo me excite nuevamente de una manera brutal. Desde luego era una mujer especial, tenía algo, que no sabía lo que era, pero enganchaba. Ya era de día, baje a la calle a desayunar a la cafetería de debajo de casa. Suponía que, como el domingo anterior, este domingo pasarían por allí Juanma y Montse. Estando sentado desayunando y dando un vistazo a un periódico, para hacer tiempo entre otras cosas. Vi una de las parejas con las que el domingo anterior estuvieron hablando. Aunque leía el periódico, no perdía comba de lo que sucedía a mi alrededor. En un momento dado, veo que la mujer de la pareja que estaban sentados cerca de mí, hace señas y veo que aparecen Juanma, Montse y sus hijos. Se saludan y los niños dicen que van a los columpios, Montse les dice que no se muevan de ellos. Los niños se van encantados de la vida. Yo sé que Juanma me ha visto, pero su mirada la siento dura, una mirada incomoda. Montse es como si no me hubiera visto. No me estaba gustando nada la situación, sobre todo por ella, porque su despedida fue muy calurosa, muy buena. Ella se levanta para entrar dentro del bar y cuando lo hace, con mucho disimulo me mira, una mirada intensa y dejo entrever una pequeña sonrisa o un principio de ella. Pero en media hora más que estuve allí, fue como si no existiera. Por lo que me marche. Esperé por si el fin de semana daban señales de vida y toda esa semana, mientras estudiaba tenia encendido el ordenador por si querían chatear, pero no vi que se conectaran en ningún momento.


Durante esa semana, había preparado un anuncio para el tema informático, ofreciendo mis servicios. Con la ayuda del portero, lo buzonee por los portales de donde vivía y también deje alguna propaganda en varios locales comerciales. La sorpresa que me llegaron bastantes peticiones, también hacia mucho el, boca a boca de algunas personas que les hice algún trabajito. En estos trabajos que me salieron, que además fueron sencillos y de fácil solución, aunque la gente se había agobiado con esos problemas, me vinieron bien para nuevos encargos. Yo en estos trabajos no perdía la ocasión de hacer amistades con muchas mujeres maduritas, pero, aunque había alguna que, si me pareció que se podía conseguir algo, de momento no me decidí, primero quería tener más asentado el trabajo. Pero como se suele decir… la cabra tira al monte. Me dejaron un aviso para que fuera a ver a un vecino que tenía un negocio cerquita de donde vivíamos. Lo conocía por dos cosas principalmente, una era porque a su negocio iba de vez en cuando y otra por la mujer que tenía. Él se llama Mauri (Mauricio) que según cuenta la gente, la mujer lo dejo por agonías y celoso. Yo no la llegue a conocer. Pero luego se casó de segundas con una dominicana Gracia (Altagracia). Él tenía más de 50 años y yo calculo que ella unos 35. Estaba siempre con él en el negocio, no la dejaba sola ni a sol ni a sombra. Ella era lo que se suele decir un auténtico pivón.


Mulata, con muy buen cuerpo, todo muy bien proporcionado, melena casi por la cintura. Pero tal era la vigilancia que ejercía sobre ella, que, aunque me gustaba, ni lo intente. Llegue al negocio, me explico que el problema era el ordenador que tenía e casa, que no funcionaba bien, que iba muy lento y lo más importante, que su mujer lo utilizaba para contactar con su familia cortándose la comunicación constantemente. Que eso la enfadaba y la quería tener contenta. Mi respuesta fue lógicamente, que tendría verlo y probarlo, para poder decirle algo. Pretendía que fuera a la hora de comer o de cenar. Yo pensé en lo que pensé y le dije que era imposible, por el tema de la universidad, que por la noche solía llegar ya muy tarde. Se contrario ante mi respuesta, no se lo esperaba. La única salida que le quedaba si quería que se lo mirara, era subir el y dejar a su mujer sola con todo el personal que pasaba por allí o que subiera ella a su casa conmigo. Pero yo le dije la primera, quitándole importancia. Él me dijo que no podía dejar el negocio y yo encogiéndome de hombros, le dije que cuando no se puede no se puede. Pero miraba a su mujer, que se estaba sonriendo sin que él lo viera. Con voz tirana, dominante llamo a la mujer, para decirle que subiera conmigo. Ella dijo que fuera el, que entendería más que ella de todo eso, el la miro como si le perdonara la vida y solo dijo… “Tira para casa, vamos…” Yo dije que mientras ella subía que me acercaría a mi casa a por algunas cosas que me podrían hacer falta. Fui prácticamente corriendo a mi casa, cogí varias cosas y me fui para la casa de Mauri.


Nada más llegar ella me abrió la puerta y me indico donde estaba el ordenador. Una vez que lo encendí, vi que tenía montones de virus metidos, no tenía ningún antivirus. Esto y que el ordenador era ya muy antiguo, le dije a Gracia que no tenía que mirar más, que eso no valía para nada, que lo mejor era uno nuevo. Ella riéndose y mirándome dijo… -Para eso no hacía falta que hubieras venido. Eso se lo llevo diciendo yo desde que vi el ordenador por primera vez. - ¿Entiendes de ordenadores? -NO, pero tampoco arreglo coches y se cuando uno es para tirarlo a la basura. -Entre tú y yo… ¿Cómo te has casado con semejante garrulo? - ¿Que es garrulo? -Una persona como tu marido, tosco, grosero… vulgar. -Cosas de la vida. Cuando lo conocí parecía todo un señor, pero… luego me encontré lo que tengo ahora. No quise seguir con el tema de conversación, pero estaba seguro de que tenía tantas ganas como yo de tener sexo. Era algo que note en el ambiente. Sobre todo, sus miradas. Esta vez no pensé en ningún momento que eran cosas de mi imaginación, lo sabía. Me despedí y dije que iba a hablar con su marido en un rato. Llegue a su negocio y ya estaba su mujer allí también. No le hizo mucha ilusión lo de tener que cambiar el ordenador, le explique todo y él me dijo que cuanto le costaría uno nuevo, según lo que quieras que lleve, contra mas azúcar más dulce, le dije. Estuvimos un rato hablando de lo que yo creía que le costaría, después de murmullar cosas para sí mismo, me dijo que adelante. Solo quería recuperar del otro ordenador algunos archivos.


Quedamos que en dos días lo tendría todo preparado y dije dos días, porque era el día que a él le traían la mercancía y hacia algunos pagos, por lo que no dejaría a la mujer en el negocio sola bajo ninguna circunstancia. Al final me dijo que, sin problemas, que su mujer estaría esperando en casa, ya que le dije que iría por la mañana, pero que no podía precisar la hora. Mientras yo recogía unos papeles que tenía puestos encima de una mesa, él tuvo que atender una llamada, yo con la mano le dije adiós y cuando pase junto a la mujer, me despedí diciéndola que ya nos veríamos, pero que por favor que el día que fuera, no estuviera vestida en plan monja. Y que no dijera nada pero que a las nueve en punto estaría. Ella volvió a sonreír. Se lo dije porque no le pegaba la ropa tan recatada que llevaba. Nada más salir, me marche a comprar todo lo necesario. No podía perder el tiempo, tenía que tenerlo todo funcionando perfectamente ese día, para una vez que lo montara no perder el tiempo en lo que yo quería. Llego el día señalado y estuve a la hora que había dicho. Nada más abrirme, lo hizo vestida como siempre, eso me dio como un pinchazo en la tripa. Ya que de querer algo hubiera estado vestida de otra manera. Instale rápido el ordenador y a los quince minutos estaba funcionando perfectamente. Llame a Gracia cuando acabe, ella se quedó sorprendida, esperaba que tardara más tiempo por lo que le dije a su marido. Seguía mirándome lascivamente. Le dije que se acercara y le explique unas cosas básicas del nuevo ordenador, ella tenía muy pegada su cara a la mía. Había que provocar la situación y ponerla a prueba.


Le dije que ya vendría otro día para el tema de los archivos, pero que ya me iba. Ella me miro y me pregunto… ¿Y esa prisa? ¿me tienes miedo? Mirando a sus ojos directamente le dije… “Ni miedo ni prisas, pero como sigues vistiendo como una monja…” “Jajaja… que matatán (Luego me entere que era listo, astuto) eres… que prefieres verme así…” dejo caer su vestido, algo que ni en mis mejores pensamientos ocurrido así. Era un cuerpo voluptuoso, pero nada de kilos de más, unas tetas bien grandes y erguidas, con unos pezones oscuros y grandes, los tenia erectos. Su pubis estaba con una pequeña tira de pelo. En ese momento su culo no lo podía ver, pero me lo imaginaba y eso hacía que me pusiera más cachondo. Me acerque a ella como hipnotizado y nos fundimos en un grandioso beso. Ella en un momento dado me dijo que llevaba mucho sin rapar bien, que era lo que yo suponía, que llevaba sin cojer adecuadamente mucho tiempo. Vi que no quería perder el tiempo, porque me desnudaba con toda prisa, traté de que se tranquilizara y me dijo que había que hacerlo con mucha prisa, que además tenía que llamar a su marido cuando yo llegara. Se aturullaba al hablar, ya logro quitarme los pantalones, mientras yo me quitaba la parte de arriba. Ella se puso a chuparme la pija sin preámbulos, la comía desaforadamente, con ganas. Tanta prisa llevaba que en algunos momentos me hizo un poco de daño, pero nada que no se pudiera aguantar. Luego se levantó se apoyó en la mesa y me dijo que antes me pusiera algo, que su marido no la dejaba tomar nada. Pero antes de ponerme el condón, me agache y la comí por detrás, metiendo a la vez mis dedos, me encantaba como se retorcía, como me decía que tenía una buena macana y que se la metiera ya. Me levanté y así lo hice, entro muy suavemente, ella echaba su culo para atrás, para metérsela más. Daba unos culazos tremendos.


Se paró en seco y estirando su mano cogió el teléfono y llamo a su marido. Una vez que el contesto, volvió a moverse y ella con voz melosa le decía que ya había llegado yo, que estaba montando todo. Si quería jugar, jugaríamos. Con dos de mis dedos se los metí bien adentro de su culito, lo único que hizo fue agachar su cabeza, casi hasta tocar la mesa. Pero cambio el movimiento, ahora lo hacía como en semicírculos. Ahora lo que hacía era meter su culo para atrás de forma más suave, pero hasta notar bien adentro mi pija y mis dedos. No se la escapaba ningún gemido, aguantaba estoicamente. Quería doblegarla, con la mano libre y sin dejar de hacer lo que estaba haciendo, la llevé a un pezón, que estaba durísimo, lo empecé a acariciar y a pillarlo entre mis dedos, que poco a poco fui subiendo la intensidad y ella se retorcía aún más. Pero su capacidad de aguante llegaba a su límite y le dijo a su marido que tenía que colgar, que yo le estaba llamando y así lo hizo. Dejo caer el teléfono y empezar a moverse como al principio de una manera desmedida, hasta que se empezó a acabar y de qué manera lo hizo. Ahora se quedó medio tumbada sobre la mesa, con la respiración acelerada, mientras yo seguía ahora follándola suavemente, pero sin parar. Pero cada vez fui aumentando mi ritmo y ella también empezó a aumentar su movimiento de culo, era alucinante la manera de cómo se movía cada vez más y de la manera que lo hacía. Noté por su respiración que otra vez estaba a punto, agarre bien sus caderas y no hizo falta que echara su culo para atrás, mis embestidas fueron brutales, pude notar que le gustaban y me pedía más fuerte, se volvió a acabar y mientras acababa de hacerlo, empecé yo y ella al notarlo se movió como una autentica fiera. Se dio la vuelta y me abrazo, dándome muchos besos tanto en mi boca, como por mi cara. Me dijo que me fuera marchando ya y que ya se encargaría ella de que yo volviera. Que no sabía cómo lo conseguiría pero que lo lograría.


Me marche y tengo que decirlo que me supo a muy poco. No era una mujer para dedicarla tan poco tiempo. Esa noche me cansé de esperar por si Juanma se conectaba, como no lo hizo me fui a la cama. Empecé a dar vueltas en la cama, no era capaz de dormirme. Mi pensamiento solo era para Gracia y para Montse. Me excite, me empalme totalmente, mi cabeza era como si fuera independiente, hacia planes para un próximo encuentro con cualquiera de ellas. Lo que hacía que mi excitación llegara a cotas antes alcanzadas. No me quedo más remedio que tocarme masturbándome con furia, pero no lograba acabar, la pija la tenía ardiendo, desesperado me levanté y me metí en la ducha, dejando caer el agua bien fría sobre mi cuerpo. Salí con bastante frio y me metí de nuevo en la cama, durmiéndome ya de cansancio. Ya habían pasado más de 10 días de la relación con Juanma y Montse. Era jueves y cuando regresaba de la universidad camino de casa, miré por curiosidad y vi que, aunque era tarde estaban sentados varias parejas y entre ellas estaban ellos. No lo dude me fui a tomar algo al mismo sitio. Aproveché que estaban unos conocidos y me senté con ellos. Juanma me miro con esa mirada de superioridad y ella me miraba dulcemente. Cuando se cruzaban nuestras miradas era como si se produjese una descara eléctrica. Era una lástima no tener el teléfono de ella ni ninguna manera de poder contactarla. Aunque mis amigos me hablaban, trataba de escuchar algo de lo que decían en la otra mesa, porque me extrañaba que estuvieran allí, en jueves y a esa hora. Pero logre enterarme, el sábado era el cumpleaños de ella o de él. Por celebraciones con la familia y luego ellos solos, lo estaban celebrando en esos momentos con esos amigos. Al final me logre enterar que el cumpleaños era el de ella, que cumpliría 43 años, que nos los aparentaba bajo ninguna circunstancia.


Al final me logre enterar que el cumpleaños era el de ella, que cumpliría 43 años, que nos los aparentaba bajo ninguna circunstancia. Me daban ganas de levantarme a felicitarla, darla un buen morreo y llevármela, todo eso pensaba hasta que uno de mis amigos me distrajo. Después de cenar me puse a montar otro ordenador que tenía pendiente, este no tenía muchas prisas, no fue como el de Gracia. Mientras estaba en ello, me llegaban distintos avisos, no les hacía mucho caso. Cuando hacia un alto o cuando sonaban varios, me acercaba los leía y contestaba. Una de estas veces vi que uno de ellos era de Juanma, que de una manera aséptica decía… “¿Te apetece quedar sábado noche, para tomar una copa los tres?” el mensaje había llegado hacía ya un buen rato, por lo que podía contestar tranquilamente sin necesidad de disimular o de hacer tiempo para contestar. Contestándole en el mismo tono y con un simple “SI” a continuación el inicio una conversación… -Pero no quiero que te lleves luego a engaños, será solo una simple copa. -Ok, entendido. (Hice como si no supiera nada del cumpleaños) - ¿Se te ocurre algún sitio a dónde ir? -Me da igual, os lo dejo a vosotros. Total… para tomar una copa… lo podemos hacer en cualquier sitio. -Es verdad. Pues ya te digo yo algo. -Pues ya me cuentas. Me alegre mucho, pero tenía una cosa clara, me la tenía que volver a cojer con la autorización de su marido o no. Me puse a pensar un montón de cosas, pero las dos principales fueron, dejar mi casa preparada por si lograba convencerles de venir. Y de llevar en un papel mi número de teléfono para dáselo si era necesario sin que él se enterase. El sábado a primera hora recibí un e-mail de Juanma, donde me decía donde quedábamos. Había oído hablar del sitio y por lo que había oído, no estaba seguro de que me gustara. No era el mejor sitio para lograr mis propósitos y estaba bastante lejos. Nada más terminar de leerlo se me ocurrió una cosa, le respondí el e-mail con uno que decía que mi coche se había estropeado ayer noche y que sería difícil para mí ir hasta ese sitio. No paso ni una hora cuando recibí la contestación. Que no me preocupara que ellos me recogerían junto a una pastelería muy conocida. No salió como yo pensaba, pero por lo menos lo intente.


Empecé a lucubrar con esta nueva situación, ya que nunca me rindo. A la hora acordada estaba yo esperando, llegaron en su lujoso coche y me subí a la parte de atrás, quedando detrás de Montse. Nos saludamos con normalidad. Hablamos poco durante todo el trayecto. Yo de vez en cuando me acercaba para escuchar algo que decía Juanma y aprovechaba, para con mi mano derecha y sin que se diera cuenta, acariciar a Montse, que no decía nada cuando lo hacía. No sabía si era complicidad o simplemente no querer ningún follón con su marido, que también podía ser. Íbamos por la carretera general y después de bastante rato nos desviamos hacia la localidad que íbamos. Según llegábamos se veía movimiento de gente y vehículos. Aparcamos y nos dirigimos al sitio. Según fui observando, no era como me habían comentado, el lugar tenía muy buena pinta y se veía todo tipo de locales, para todos los gustos. Ellos me indicaron el pub al que íbamos, el exterior tenia pinta de ser un pub irlandés. Cuando entramos me di cuenta de que no me equivoque. A pesar de la hora, había poca gente, dos camareras de más de 35 años. Un hombre en la barra hablando con ellas y una pareja que estaban junto a una máquina tragaperras jugando. La música que sonaba era típica irlandesa. Nos sentamos junto a la pared, cerca de una zona donde había una mesa de billar y dos dianas electrónicas. Cuando se quitaron la ropa de abrigo, Montse iba más provocativa que la última vez, volvía a llevar una falda bastante corta, no llevaba botas, pero si unos buenos tacones. Y una blusa abierta, dejando percibir sus inmejorables tetas. Ellos pidieron unas copas y yo como siempre nada de alcohol. Hablábamos de todo, pero yo notaba que algo me querían decir, pero no sabía el que. Prácticamente el que hablaba era Juanma, que lo notaba en el hablar más acelerado que el otro día. Montse y yo, prácticamente contestábamos con monosílabos. Mientras él seguía hablando, suponía que tratando de encontrar el valor para decir lo que quisiera decirme, yo pase una mano por la rodilla de Montse, no llevaba medias, note la suavidad de su piel. Ese contacto me hizo olvidarme de Juanma y pasar de él. Pero no aceleraría los acontecimientos.


Por fin y en la tercera copa, Juanma se decidió a hablar. Toco el tema de lo sucedido el ultimo día y a mí solo se me ocurrió decirle, que de lo único que me acordaba fue de una copa que tomamos y nada más. Él se quedó cortado, ya no sabía cómo continuar. Pero una vez que trago saliva, volvió al tema y me dijo… “Solo esperamos que tengas mucha discreción, que lo pasado quede entre nosotros tres. Date cuenta de en qué posición nos pondría si esto se supiera, el compromiso…” mirándole fijo a los ojos le interrumpí para decirle… “Juanma de verdad, no sé en que compromiso os puede poner el haber tomado una copa juntos, de verdad. Pero además no sé con qué clase de gente tratas tú, pero yo de mis conversaciones privadas, no cuento nada” Vi como su cara se relajó, esa tensión que llevaba en ella, le desapareció. De tal manera que le cambio hasta el tono de voz y me dijo que no había felicitado a su mujer, que era su cumpleaños. Yo hice como si fuera primera noticia para mí, me gire y la felicite dándole dos besos, el primero como lo podía ver el, se lo di en la mejilla, pero el segundo se lo di más cerca de la comisura de los labios. Ella me sonrió y me dio las gracias por felicitarla. Desde ese momento todo se animó más, seguíamos la misma gente en el pub y pasaban de nosotros, como hacíamos nosotros con ellos. Propuse jugar a la diana y nos pusimos a jugar, tanto a eso como al billar, yo tenía mucho “vicio” sabia jugar bastante bien. Juanma se picó por perder y sin preguntar, dijo de jugar al billar que a eso no le ganaría. No quise decir nada de que sabía jugar y mentí diciendo que poco había jugado. Pero dijo que nos daría ventaja, que jugáramos formando pareja y mientras el tiraba una sola vez, nosotros dos, yo me encogí de hombros diciendo que vale. Montse me dijo que con ella perdería seguro, que era muy mala. El sitio donde estaba el billar estaba más alto que el resto del local, como dos escalones más. Tenía en una parte una barandilla de madera y en el lado contrario unos asientos fijos de pared. Todo muy oscuro, menos dos lámparas justo encima de la mesa, que daban buena luz para jugar al billar, pero el resto quedaba un poco oscuro.


Yo cometía fallos para que Juanma no se desanimara. Lo que hacía que él se fuera creciendo, haciéndose el gallito. Las posturas de Montse me estaban “descomponiendo”, me envalentoné una de las veces y antes de que tirara y estando su marido en el otro extremo, me acerqué para explicarla el tiro que tenía que hacer, aprovechando para pegar mi pija totalmente empalmada en su culo, sin ningún miramiento y restregándosela bien, mientras la explicaba las cosas. Por suerte más que por otra cosa, salió perfecto el lanzamiento. Ella medio sonriendo le dijo a su marido… “Ves, Carlos no pierde la paciencia y me lo ha explicado bien, fíjate que tiro más bueno” ese comentario me puso a mil. Porque vi mucha complicidad en él, aunque no pude ver su cara. El resto de la partida me aproveché todo lo que pude y ella colaboro mucho en ello. Terminamos la partida y le retamos a otra, él dijo iros entrenado que ahora mismo vuelvo, que voy al servicio. Colocáramos otra vez las bolas y nos pusimos a jugar, cuando en una posición que se colocó ella, quedamos a cubierto de miradas indiscretas y podíamos ver la entrada del servicio, metí mi mano por debajo de su falda, estaba bastante mojada. Sin quitar mi mano que le estaba haciendo diabluras, me acerque a su oído, le mordisque la lengua, ella estaba sin moverse de la posición, le dije al oído… “Esta noche te voy a cojer y delante de tu marido te pienso cojer también este culito, que lo tienes muy desaprovechado…” Cuando acabe metí dos dedos dentro de su coñito y solo dijo… “SIIIIIIIIIIIII” sin llegar a tirar, se incorporó y mirándome a los ojos, con mirada felina me dijo… “Ya se te puede ocurrir algo… si no te la cortare… jajaja” con la misma mirada la conteste… “Tu haz lo que yo diga, no me lleves la contraria y dame la razón” JUANMA- ¿Preparados para perder otra? MONTSE-Siempre tan “fantasmón” JUANMA-Miedito… (Muy chulito lo decía) YO-Si estas tan seguro… apostemos. JUANMA-Jajaja… ¿Qué es lo que quieres perder? Mira yo ante un reto nunca me acobardo. Te daré ventaja, te dejare tirar siempre una vez más que yo. YO-No, no… si gano quiero que sea en buena lid. JUANMA-Bueno pues doble a sencillo. Si tú me ganas te doy el doble de lo que apostemos… jajaja.


YO-Te tomo la palabra. Di que me apuesto yo y yo diré lo que te apuestas tú. JUANMA-No sé, no se me ocurre nada. Espera si se me ocurre algo, me modernizaras toda la instalación informática de mi trabajo. MONTSE-Te has pasado Juanma, eso es mucho trabajo. YO-No, Montse yo acepto. Nadie me tira para atrás. Pero tu esta noche, si yo gano me concederás dos favores. JUANMA-Dame la mano que esto vale más que nada escrito. (Lo dijo solemnemente y con demasiada prepotencia, para mi gusto. Pero nos dimos la mano) Él quiso que eligiera yo quien empezaba, pero pedí que tiráramos una moneda. Salió lo que eligió el y quiso empezar. Montse me miraba extrañada. Pero yo estaba totalmente tranquilo. Porque en el caso de perder, seguro que me la cojería en su oficina, tendríamos más contacto y si ganaba esa noche seria para nosotros. Reconozco que no jugaba mal, pero tampoco era buena, era normalito. Sus primeras tiradas fueron buenas, su cara era de satisfacción total y el muy chulito me dijo… “Aprovecha bien tu turno, porque a la siguiente rematare la partida, pero tu tranquilo, no te pongas nervioso…” me reventaba tanta chulería. Él se acercó a donde tenía una nueva copa y bebía saboreándola, con una sonrisa de suficiencia. Mientras tanto, yo miraba fijo a la mesa de billar, a la posición de las bolas y tratando de que no me afectara las tonterías que me decía, que cosas más gordas me dijeron en otras partidas. Mire a Montse, la guiñe un ojo y le saque un poco de mi lengua. Ella estaba expectante, porque estaba convencida de que perdería, pero antes daría mucha guerra, seguro que Juanma se preocuparía. Inicie mis tiradas, lo hacía con total tranquilidad, analizando bien lo que hacía en todo momento, no quería precipitarme. La cara de ellos dos era de sorpresa, aunque para ser más justo la de Juanma era de desconcierto. Iba metiendo cada bola en su tronera y ya solo me quedaba la ultima la bola 8 la negra, respiré y la introduje en su sitio. Montse aguantaba su sonrisa, pero lo que no podía ocultar era el brillo de sus ojos, la alegría que expresaban.


Él no era capaz de decir nada, estaba con la mirada fija en la mesa, su mirada, su gesto era de incredulidad. Pero cuando reacciono, me miro y me dijo… “Eres muy bueno… tengo buen perder y cumplo con lo que digo. Ahora dime ¿Cuáles son esos favores…?” Si te parece bien vamos a mi casa y lo hablamos tranquilamente… el dudo un poco y Montse dijo… “Vamos, tomemos la última y ya está” Él dijo que media horita y ya está, lo justo para saber los favores que tenía que hacer. Nos fuimos de allí y nos dirigimos a mi casa. Ellos se fueron a aparcar el coche y yo me baje antes. Subí a mi casa y como había dejado todo preparado por si acaso, lo único que hice fue preparar el hielo, las bebidas y la luz negra, tan especial que tenía. Llegaron a mi casa y Juanma prácticamente se tomó dos copas seguidas. Su cara era de circunstancias y la de Montse era de expectación. Bebía su copa lentamente y me miraba cada vez más. Ahora ella estaba “muda” y Juanma cada vez más parlanchín. Yo esperaba que me preguntara cuales eran mis peticiones. Y llego el momento… -Ya es hora de que me digas tus dos favores o lo que sea. -Da igual, olvídalo, era algo para bajarte esos “humos” que has tenido conmigo, pero lo dicho olvídalo. No te quiero poner en ese compromiso. -Oye, cuando yo siempre cumplo, así que déjate de gilipolleces y dime lo que sea. -Era vendarte los ojos y atarte. Para dejarte en la incertidumbre de que pasaría… pero y se me paso. -Venga, aquí está un hombre, estoy dispuesto. Ni tu ni nadie logra achantar a Juan Manuel… Dio un trago acabándose del todo la copa, se puso de pies y desafiante puso sus brazos hacia adelante, como para que lo esposaran. Yo dije, bueno tú lo has querido, venir conmigo. Saque las correas para atarle. Miraron con cara de extrañeza, imagino que por tener esas correas. Le hice sentar en la cama, apoyado al cabecero de forja. Le até, de tal forma que no pudiera quitarse las correas y luego le puse el antifaz pequeño y uno más grande encima. El seguía hablando, el tono era un poco nervioso, pero seguía en su actitud de machito dominante. Yo ya no el hacía caso.


Me levante y Montse me miraba con cara de deseo, pero dubitativa. Me acerque a ella y abrazándola por detrás, mientras miraba a su marido, que seguía hablando, con voz firme y dominante la dije… “Ahora, te voy a meter todo este pollón, que llevas toda la noche deseando, da igual que este el cornudo de tu marido aquí, no la va a poder evitar” mientras se lo decía no paraba de meterle mano y ella no decía nada, pero se retorcía y me facilitaba las cosas, hasta el extremo que en un segundo se quedó desnuda. Juanma al oírme decir todo eso, dijo… “Dejaros de tonterías, que esto no me está gustando nada” no le hicimos caso y ahora nos besábamos, en el silencio de la habitación, no había que ser muy listo para saber lo que estábamos haciendo. Yo también me desnude rápido y solo me hizo falta hacer un pequeño amago, para que ella se agachase y me comiera la pija. Nada más empezar de mi boca salían palabras alborotadas, diciéndole lo bien que la chupaba, las pajas que me hice pensando en ella, las ganas que tenia de cojermela. Y ella según me oía me la comía con más ganas. Le levante y la tumbe a lo ancho de mi gran cama, me tocaba a mi hacerla disfrutar. Me fui comiendo y lamiendo todo su cuerpo, sin dejar ningún espacio sin lamer. Todo menos su coñito. Que lo tocaba con mis dedos y cada vez estaba más mojado. Juanma seguía protestando y con un tono de cabreo monumental. Pero cuando el enfado fue máximo, fue cuando le comí la concha y se corrió de inmediato, que manera de gemir. Pero éramos inmunes a todo lo que decía Juanma. Me levanté y la hice ponerse a cuatro, mi pija estaba a punto de estallar y con una hinchazón increíble. La coloque por detrás en la entrada de su coñito, pero sin metérsela y por fin ella hablo… “No me hagas eso (decía gimoteando) llevo esperándolo todo el día” con un golpe de cadera, la embestida fue total, mi pija entro de golpe hasta mis huevos. No hubo ninguna resistencia, pero ella con un gran gemido me dijo… “SIIIIIII… Que bruto que eres, pero sigue así, dale bien… Aaaahhhhhhhh…” Juanma ya no hablaba, forcejeaba con sus hombros para intentar quitarse los antifaces, pero no podía. Estaba claro que los dos sentíamos las mismas ganas de cojer, ella pasaba ya de todo, solo quería gozar.


Yo que ya me había preparado el bote de lubricante, me puse un poco en los dedos y empecé a preparar su culito mientras me la cojia. Su única respuesta fue colaborar y moverse más, cada vez mucho más. El culo ya estaba bastante dilatado, no lo suficiente, pero… Pare de cojerla, lo que le dejó desconcertada y me fui al armario. Cogí varias cosas y volví. Ella no se fijó mucho en lo que llevaba, se volvió a colocar y nuevamente inicie mis embestidas. Cogí un plug anal, uno de tamaño mediano y se lo fui introduciendo en su culito. Según se lo metía su respiración se aceleró, pero aguantó estoicamente. Como además era con vibración, lo puse muy suave, pero ella se derretía de gusto. Volvió a acabar como yo creo que nunca lo hizo. Juanma se dirigió a ella y muy serio le dijo “Montse ya está bien, desatarme y vámonos, que ya te diré cuatro cosas” ella que se había quedado tumbada después de acabar y con el plug metido en su culito. Al oír a su marido, yo creía que se había acabado todo. Hasta que, sin moverse prácticamente, lo justo para girar su cabeza y mirarme, me dijo… “Quítame eso del culo y méteme tu POLLÓN que seguro que me sienta mejor” por fin se lo iba a cojer. Juanma enloqueció y dijo que eso sí que no, que por el culo no. Ella en tono totalmente desafiante y dominante, le dijo… “Cállate, que sepas que me ha estado follando sin condón y ahora me va a desvirgar el culo, para luego llenármelo de su corrida. No lo vas a poder evitar, así que cállate” yo no quería que tuviera tiempo a pensarlo, se colocó como una perrita, era maravilloso, excitante e indescriptible ver ese culo en esa posición. Ya me había lubricado bien mi pija, me acerque, costaba metérsela porque estábamos tan embadurnados de lubricante, que resbalaba. Me la agarré bien y se la fui poniendo en la entrada de su culito. Entro la cabeza mejor de lo que yo pensaba y si eso entro fácil el resto, seria pan comido. Ella según la metía agarraba con fuerzas las sabanas, apoyo su pecho y su cabeza en la cama, pero dejando el culo en pompa.


Que bien se sentía, como iba entrando, era divino. Pero ella estaba tan cachonda que él iba contando a su marido, como notaba que la abría, lo caliente que estaba, como la rozaba y cada palabra que decía iba dirigida por varios gemidos. Ya la tenía toda dentro, ni me dijo que me esperara ni nada, empezó a girar sus caderas, haciendo un movimiento que me hacía poner más caliente. Tenía que controlar un poco la situación, o con ese movimiento me haría acabar rápido y quería saborear bien ese culazo. Cogí un micro vibrador, especial para el clítoris, que es como un dedo y lo accioné, para luego pasárselo por su clítoris. Eso hizo que tuviera nuevamente el control, cuando lo noto, empezó a gritar de placer. Me decía el gusto que le daba. Quería que recordase bien ese día, no solo por ser la primera vez que la cojian el culo, si no porque fuera la vez que mejor se la cojeron. Note que estaba muy cerca de acabar, quite el pequeño vibrador, enseguida me pidió con voz alterada, que siguiese que no lo quitase, que estaba cerquita ya. Me agaché un poco más y puse en práctica una cosa que me enseño una madurita experta. Ahora con mis dedos acariciaba su clítoris, ronroneaba, gemía y aumento la respiración. Todo eso me indicaba que era el momento. Empecé a estimular su clítoris de una forma suave y permanente, apretando sus labios vaginales y moviéndolos, como si hiciera un sándwich con sus labios y su clítoris. Conseguí haciéndole eso que tuviera más de un orgasmo seguido, mucho más intensos y duraderos. Luego de tener varios orgasmos, quedo rendida y yo seguí follandola hasta acabar dentro de su culo, una grande y prolongada corrida. Ahora nos quedamos los dos como muertos. No se oía nada, a excepción de nuestra respiración acelerada, que poco a poco iba recuperando su ritmo normal. Cuando me recupere un poco, me levante y desate una de las manos de Juanma, el resto lo hizo el. Cuando se quitó todo, su cara era un poema. Sobre todo, mirando a su mujer desnuda, tumbada boca abajo. Él se levantó muy digno, diciéndole a su mujer, que se vistiera que estaba en el salón. La respuesta que recibió de Montse fue… “Vale, vale… espérame allí, que tardare en recupérame…” a mí no me dijo nada y abandono la habitación. Nos quedamos los dos tumbados, ella se giró quedando boca arriba y me dio un grandioso beso en la boca. Riéndose me dijo que no podía ni levantarse, que le temblaban hasta las pestañas, que había sido único e indescriptible y eso que ella creía que sabía todo del sexo.


Me reí yo también. Y la dije que había cosas mejores, ella me miro y me dijo… “¿SIIIII?” y yo la dije que sí. Nos reímos los dos. Mientras hablábamos yo empecé a tocarla y notaba como su cuerpo era receptivo a mis caricias. Pero ella en voz muy bajita, me decía que se tenía que ir. Yo en vez de contestarla, me agache y me puse a comerla la concha, eso hizo que se rindiera y me fui colocando para que mi pija quedara a la altura de su boca, haciendo un fenomenal 69. Yo estaba arriba y cuando estábamos llegando a la parte más interesante, vi cómo se asomaba Juanma, que al vernos y sin decir nada se fue otra vez. Hasta que se oyó un tremendo portazo. Se había ido. Montse siguió como si no hubiera pasado nada y nos volvimos a acabar los dos nuevamente. Quedándonos de nuevo tumbados relajándonos. Como a la media hora Montse dijo de darse una ducha y marcharse, yo le dije que fuera duchándose que iba a por una toalla de baño. Cuando llegue y la vi con toda luz duchándose, me fije que tenía un cuerpo más perfecto y más bonito de lo que yo creía. Me fije que ella me estaba mirando, sus ojos eran libidinosos, como si me estuvieran pidiendo que fuera. No me lo pensé y me metí en la ducha con ella, fundiéndonos en un beso muy erótico y caliente. Se agarró a una barra que está en la pared de mi ducha y me dio la espalda, en esa posición se la volví a meter nuevamente, mientras el agua seguía cayendo sobre nuestros cuerpos. Hasta ese momento ella había evitado mojarse la cabeza, pero ya estábamos los dos empapados. Qué manera más fascinante de cojer tenia Montse. Me volvía loco, como lo disfrutaba, como se movía. Como pedía que se la metiera hasta el fondo.


Menuda mujer más maravillosa. Esta vez nos corrimos a la vez, con una compenetración inusual. La llene su coñito. Una vez que se visiteo y salió de la ducha, nos fuimos al salón. Yo iba en albornoz. Yo no la veía nada de preocupada, algo que me extraño… -Te veo muy tranquila, muy relajada. ¿No te preocupa tu marido? -Yo no quería nada de esto. Él se empeñaba y empeñaba. Yo le advertí de estos peligros y de otros. Pero el me decía que eran tonterías mías. Pues ya lo ves. - ¿Y ahora? -Pues no tengo ni idea. -Y… ¿Cuándo te pregunte? -Yo que sé. Una cosa que, si le diré, que jamás me había corrido así, ni tocándome yo sola y eso que conozco bien mi cuerpo. Eres joven, pero joder lo que sabes. - ¿Te apetecerá quedar alguna vez? Pero no me contestes una mentira, se sincera. -Te seré sincera, claro que quiero quedar por lo menos otra vez, para darnos una hartada a cojer y luego ya se verá… ¿Te parece buena idea? Además, me tienes que contar que cosas mejores hay, que no se me ha olvidado. -Jajaja… A mí me parece muy buena decisión. Nos levantamos y la acompañe hacia la puerta donde me dio un beso muy intenso en la boca. Mientras metía la mano en mi albornoz y me tocaba la pija, consiguiendo ponerme otra vez a tono. Riéndose me dijo que me cuidara y que sobre todo cuidara muy bien… agarrándome fuertemente la pija.