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Noche de peliculas y algo más

Un día cualquiera Alejandro llegó con emoción a mi casa con una película de terror que según él me iba a encantar. Este tipo de películas son mis favoritas y él lo sabe, pero a decir verdad yo ese día no tenía muchas ganas de pelis. Aun así no quise desentusiasmarlo, así que nos fuimos al estudio, donde hay un televisor grande y un sofá muy cómodo. Nos metimos dentro del sofá juntos, Ale pasó su brazo detrás de mí y yo me metí entre sus costillas abrazándolo. La película avanzaba y yo no le prestaba mucha atención, revisaba mi teléfono, contestaba chats, mientras Ale sí estaba pegadísimo a la tv y de vez en cuando me alegaba que dejara el celu y mirara, que se acercaba una parte buena. De un momento a otro y quizá por sentirlo tan cerca, empecé a sentir ese cosquilleo que caracteriza los momentos de excitación sexual.


Fui bajando el brazo con el que lo tenía abrazado buscando rozar su miembro sutilmente, pero él parecía estar muy entretenido para notarlo. En vista de que la sutileza no funcionó, fui directo a su bulto y empecé a frotarlo, dándole besos y mirándolo con cara de deseo. Ale sonrió y dijo algo como "ya entiendo por qué mi pequeña no quiere ver una gran película" y respondí diciéndole "así es, tu pequeña quiere ser la protagonista de esta escena", lo que lo puso a cien. De inmediato empezó a tocarme todo el cuerpo, besó mi cuello, bajo por mis pechos y desabrochó con dureza mi blusa, mientras yo frotaba su pito queriéndolo todo para mí. No sé por qué razón se detuvo y me dijo "esta vez te toca ver el cielo a ti, yo me sentiré más que satisfecho con verte gozar".


Dios, esas palabras retumbaban en mi cabeza y mi vagina palpitaba ansiando sentir todo ese placer. Ale metió su mano por debajo de mis shorts y empezó a frotar por encima de mi ropa interior, a los pocos segundos sintió lo mojada que estaba. Yo lo besaba, pasaba mis dedos entre su cabello y terminé apretando su mano a mi vagina, como pidiéndole más. Él disfrutaba de verme deseando más y se hacía esperar, pero vaya que se tomaba muy bien su tiempo, porque sus movimientos me ponían y demasiado. Al rato corrió mi hilo a un lado y empezó a frotar directamente mi clítoris. Sentí como una descarga invadiéndome. Lo movía en círculos, hacia arriba y abajo, lento, rápido, justo cuando quería más, bajaba la velocidad y yo lo miraba con cara suplicante. Me retorcía en el sofá, gemía, lo besaba, halaba suavemente su cabello, clavaba mis dedos en sus brazos, toda una serie de acciones desencadenadas por el placer que mi hombre me hacía sentir con una mano.


Y él... Él sólo miraba, lleno de placer, sudando, mordiéndose los labios, con su pito a punto de estallar, que entre tanto éxtasis lo había olvidado. Recordé sus palabras y sentí que no era el momento para chupárselo ni pajearlo, sólo lo froté por encima del pantalón y seguí disfrutando. Ale tenía sus movimientos bien pensados, sabía hacerme suplicar. Cuando yo estaba a punto de correrme, paraba bruscamente o bajaba la velocidad y yo sólo podía pedirle, casi llorando, que por favor siguiera. Le gemía al oído y él estaba maravillado, como si disfrutara de un buen sexo. Yo me corrí varias veces y parecía que convulsionaba en el sofá. Ale simplemente dejó de tocarme cuando uno de mis orgasmos acabó, me dio una palmadita suave en el clítoris y dijo: ¿complacida, mi amor? Dentro de mi pensé: ¿qué? NOOO!! Es decir, fue maravilloso, pero ansiaba sentir su pito adentro de mí. Él simplemente me besó los labios, se incorporó y se acomodó para seguir viendo su anhelada película. Esa misma situación se ha repetido varias veces después, parece que a mi chico no le importa sentir su polla explotar viéndome gozar sin nada de sexo al final y, a decir verdad, a mí ya me ha gustado bastante.