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Juegos humedos

Después de tres horas de ejercicio físico sobre la bicicleta llego a casa. Primeros días calurosos del año: 26 grados al sol. Mi cuerpo está cubierto de sudor por el esfuerzo y esto hace que tenga la muy ceñida ropa pegada aun más a mi piel. Dejo la bicicleta en su sitio y me dirijo directo a la ducha. Deseo sentir el frescor del agua correr sobre mi anatomía. No llevo muchas prendas, así que tardaré poco en notar esa sensación. Me deshago primero de las zapatillas deportivas y de los calcetines.


Abro la cremallera del maillot azul y me desprendo de él dejando mi torso desnudo. Mis pequeños y marrones pezoncitos sobresalen de mi pecho como consecuencia del roce con la azulada camiseta ciclista. Llevo las manos a mi cintura y lentamente comienzo a bajar el culotte negro. Apenas lo hago descender unos centímetros y aparece mi pene desnudo, liberado del apretado pantalón deportivo. No tardan en aparecer mis testículos cubiertos de una ligera capa de vello castaño. Hago deslizar la oscura prenda por mis musculosos muslos hasta que llega a los pies. Levanto primero uno, luego el otro y el culotte queda en el suelo. Descorro la mampara de la ducha, entro dentro y la vuelvo a cerrar. Abro el grifo hasta lograr un agua templada, tomo la pistola de la ducha, la elevo por encima de mi cabeza y el agua empieza a humedecer mi corto cabello.


Todo mi cuerpo comienza a mojarse de arriba abajo. ¡Por fin la sensación deseada! Extiendo el champú por mi cuero cabelludo hasta dejarlo cubierto de espuma blanca. Me aplico un aromático gel de baño por mi cuello, por mis brazos y mi torso. Voy descendiendo hasta alcanzar mi vientre. Allí masajeo la zona haciendo varios círculos con mi mano. En cuanto bajo un poco más siento el contacto con mi polla. Restriego sobre ella la palma de mi mano hasta que mi miembro empieza a endurecerse. Pienso en la petición que me hizo mi novia esta mañana temprano y lo que ella me prometió que haría. Eso queda entre nosotros dos. Con solo recordarlo y ayudado por mis tocamientos mi verga sigue ganando grosor y tamaño, completamente cubierta de agua. Acaricio todo mi paquete notando a la perfección la forma de mis bolas. Enrosco mi miembro entre mi mano y empiezo a masturbarme. Con lentitud me agito varias veces mi pene.


La pistola de la ducha, colocada ahora sobre su acople en la pared, no para de soltar agua que va dirigida directamente a mi miembro. Mi mano se sigue moviendo, sin prisas pero incansable. Recorre mi polla una vez en toda su extensión, luego otra, una más. Ya estoy totalmente empalmado. El incesante goteo del agua se siente maravilloso sobre mi endurecido miembro. Acelero y paso a agitar mi pene con mayor intensidad. El rojo glande ya está fuera y sobre él se mezcla mi viscoso flujo con el agua de la ducha hasta que el primero queda diluido en un abrir y cerrar de ojos. Aprieto más y deslizo mi mano sin interrupción desde la punta de mi polla hasta la base. Repito la acción decenas de veces percibiendo con cada una de ella cada vez más placer. Noto cómo mis testículos se bambolean duros con cada movimiento de mi mano sobre mi verga.


escriptible y excitante. Doy el arreón definitivo, quiero correrme ya, lo necesito. De forma brusca machaco mi pene grueso varias veces, entero, en toda su longitud. La piel que lo recubre se mueve frenéticamente hacia delante y hacia atrás. Noto el cosquilleo en mis bolas y las primeras contracciones en mi abdomen y en mi bajo vientre. Una agitación más, otra, una última más fuerte y no resisto más: varios chorros de semen níveo salen lanzados del palpitante orificio de mi glande estrellándose sin control alguno contra la mampara y los azulejos de la ducha. Suspiros de placer llenan todo el baño mientras el agua limpia los restos de esperma que brotan ya más tímidamente de mi pene. Me seco, salgo de la ducha y comienzo a vestirme con ropa cómoda. No me pongo bóxer: era una promesa. Ahora sólo toca esperarte.