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Me cogieron tres hombres sin mi concentimiento

Tenia 18 años, era sábado había salido a bailar, con mi hermana y algunos amigos. Hacia unos meses salía con Sergio, él tenía 27 años. Nunca hasta el día de hoy aparente la edad real. Él con algunos miedos al principio por su trabajo, pero fueron desapareciendo a medida que lográbamos disfrutarnos sexualmente. Aprendiendo cosas nuevas, y el desvirgándome cada orificio de mi cuerpo, sintiendo miedo de mi despreocupación, y falta de temor ante las cosas que hacíamos. Ya en el boliche en la recoleta de Santa Fe, apareció él, tomamos unos tragos, y cuando vio que estaba algo borracha y excitada, me dijo que el negro le había prestado su departamento. Estaba a pocas cuadras, salude a los que estaban acompañándome en el boliche. Antes de retirarme, mi hermana dice que vuelva a horario, así regresábamos todos juntos, así que no debía perder tiempo. Nos retiramos, montamos su moto, hicimos unas cuadras y llegamos al lugar. Era principios de otoño, la temperatura había descendido, tenía una minifalda que apenas me tapaba las nalgas, una camisa, y zapatos negros de gamuza, con presilla en los tobillos. Él llevaba un suéter de angora, una chomba, jeans y zapatos náuticos Abrimos una puerta, pasillo y llegamos a un ascensor. No sé cuántos pisos ascendimos, perdí la noción entre sus besos, caricias y ese terrible perfume que me mantenía hipnotizada. Estaba caliente hasta las pestañas. Sus manos habían comenzado a recorrerme mientras estábamos encerrados en ese pequeño lugar. Me puso de espalda, mientras apoyaba su verga en mi cola y juntos nos mirábamos en el espejo.


Semejante hombre invadía todo mi ser, sus manos gigantes, en mi pequeña silueta de niña, despojándome de mis tesoros cita tras cita. Haciéndome cada vez más atrevida. Su puta preferida. La pendeja que le comía la verga con tanto placer. Y que permitía penetrarse sin cuestionar donde, así era, su mejor puta. De repente se detuvo el ascensor, abrió la puerta mientras me sujetaba por las nalgas, empalándome la pelvis con semejante verga. Me encantaba sentirla dura, amenazante, dispuesta a desgarrarme entera, hasta la ropa. Abrimos la puerta del departamento, el detrás de mí. Te vas a portar bien pregunto mientras ingresábamos. Y eso me despertó. Había algo raro en su vos y en la forma en que me lo dijo. Si respondí. Mientras mis ojos se iban abriendo al ver que dentro del lugar estaban sus dos amigos, el negro y Dario. Me sorprendí bastante. Hasta ese momento creía ser su tesoro más preciado. Pero recordé que entre piratas el motín se reparte. Nerviosa hasta el más pequeño musculo de mi cuerpo, pero sin miedo. No era capaz de decir que no, no por él, mi naturaleza no era esa. Siempre me disponía a hacer hasta lo imposible, y menos iba a quedar como una pendeja cagona. Conocía a sus amigos, en oportunidades salíamos a tomar algo con ellos y después nos íbamos a un hotel. Pero jamás creí estar en esa situación, los cuatro. Me sentí carne de cañón. Pero rápidamente comprendí el deseo de esos tres hombres. En realidad de los otros dos que no me conocían. Sergio sabía muy bien lo puta que era, y que comía la verga como nadie. Ese hombre me despertó al sexo de una forma terrible!!! Lo que goce cogiendo por el orto con él fue una de las mejores experiencias de mi vida. Eso era lo último que deseaba mantener virgen, hasta que ya no quedó más por desvirgar. Sus amigos estaban desnudos.


En el centro del living había un colchón tirado en el piso, unas sábanas a cuadros azules con rojo. El lugar se sentía caliente, estaba con unas bombillas de luz amarilla, un poco tenebroso. Enseguida me impregno el olor a humedad, encierro y verga. Esos hombres emanaban sus olores. Pero trate de concentrarme en un solo perfume, el de Sergio. Se mantuvo detrás de mí. Desabrochándome la camisa a medida que avanzamos hacia los otros dos. La verga de Sergio era la más grande que había conocido, pero para mi sorpresa existían más grandes, la del negro era terrible. Imaginen el color de su piel, no sé pero calculo que ese pedazo de hijo de puta tenía una verga de más de 25 centímetros. Imagine abriéndome el orto, meterla hasta los huevos. Mis pobres cálculos no daban, era demasiado pequeña para soportar semejante penetración. Aunque no permití que ellos advirtieran mi preocupación. En cuanto a Dario no tuve objeción, su verga apenas asomaba de la pelvis, era más chica que la de Sergio, inofensiva en ese momento. Mire sus rostros, sonriendo ambos, gozando mientras sobaban sus vergas. En que me había metido??? Sintiendo bajar el cierre de la mini falda, era como un rayo. Un sonido aturdidor, haciéndome notar que de ahí no saldría si no entregaba lo que ellos querían. La verga en el orto y su perfume en mi cuerpo me relajaron. Dejé de preocuparme y decidí entregarme a ese nuevo placer. Esa situación que no sabía cuándo se me iba a presentar nuevamente. Ya desnuda, las manos de Sergio en mi concha. Sus amigos se apoderaron cada uno de mis tetas. Sentía el olor a verga tapar todo los demás aromas que había en el ambiente. Las tetas estrujadas. Tome una verga en cada mano. Sergio chupándome lentamente el orto. Los tres parados mientras él arrodillado me comía el orto y las nalgas. Su lengua entrando en el orto, la mano en la concha. Sus amigos comenzaron a besarme entera. Dario se agacho a chuparme la concha. Estaba mojada, corriendo fluido por la entrepierna. Que puta tan tiernita gordo, le decían sus amigos!! Riendo. El negro me inclina y que terrible poronga, el olor fuerte, me penetraba hasta el cerebro. Le pase la lengua para mojarla, sabía que no me iba a entrar entera en la boca. Había comenzado a gotear. Sergio se paró, así que con la mano izquierda comencé a sobarle la verga. Lo miraba mientras me comía la verga del negro.


La sonrisa de ese hombre era terrible, mezcla de diablura, deseo, satisfacción y felicidad. Dario chupándome la concha, la cara sumergida en mi entre pierna, las manos perdiéndose en mis nalgas. Mis piernas temblaban, me había relajado, el alcohol estaba haciendo efecto, sumado a la cantidad de placer experimentado en pocos minutos. Tres hombres haciéndome gozar por todos lados, la concha la boca, la mano, y faltaba el orto. Comencé a pensar si se habían organizado o improvisaban. Saque la verga del negro de la boca. Metí la de Sergio, mientras sobaba con la mano la del negro. Lo miraba a los ojos, su cara era peor. Creo que estaban en duda de las cosas que podía hacer. Sentí que sus amigos desconfiaban de lo que él contaba. Una pendeja de esa época no podía ser tan puta, entregada. Pero si, lo era, y la más puta que podía existir. Sergio me había adiestrado. Con el pasar del tiempo, sabía lo que lo hacía gozar, y él conocía cada punto de mi cuerpo. Donde me excitaba, con que enloquecía. Y sobre todo que la cita no era completa sino entregaba la cola. Esa sensación del orto abierto, dolorido, latiendo. Tener que volver a mi casa después de casi dos horas de sexo con él, era terrible!!! Todo me dolía, latía, ardía, pero lo gozaba terriblemente. Despertar por la mañana y sentir el orto abierto, la concha ardiendo. Era señal y recuerdo de la hermosa entrega que hacía cada fin de semana a ese hombre. Dario se paró, y el negro fue a comerme la cola. Mientras seguía sobándole la verga a Sergio y chupándosela a Dario. Sergio se apartó lo saco al negro de donde estaban. Lo sentí un poco nervioso, se para detrás de mí, hizo que me arrodille sobre el colchón. Los demás lo miraron, me puso en cuatro, y estaba un poco alterado. Abrió mis nalgas, temía que la penetración fuera bruta. Lo presentí. Lo conocía él no era así, y algo raro iba a pasar. De repente, la verga intentando entrar en el orto, me queje. Él siguió presionando. No soportaba el dolor. Comencé a querer zafarme. El me sujetaba por las caderas.


Mientras que uno me sujeto de los hombros, y el otro fue detrás de Sergio tomándome y abriéndome las piernas. Me inmovilizaron entre los tres. No tenía escapatoria!!! Una puñalada en el orto. Sentí como se abría, desgarraba. Que terrible dolor!!! La verga dura, venosa, entera clavada hasta los huevos. El negro me tapo la boca porque había comenzado a gritar. Entre gritos y llanto, eso tres hijos de putas me cogieron como no creí hacerlo en mi vida. Unos cuantos movimientos más y el orto se acomodó a terrible poronga. Dale gordo decían los otros métesela que le está gustando. El seguía arremetiendo cada vez más fuerte, duro y profundo. Había quedado tendida sobre el colchón. Con los brazos me incorpore. Ellos reaccionaron creyendo que me iba a levantar y me sujetaron nuevamente. Lo mire al negro y volví la vista a la verga. Se arrodillo frente mío. Que terrible poronga!!! Negra gruesa, larga, dura. Pase la lengua por todo el largo, los huevos en la boca. Que verga tan jugosa!!! Sergio seguía cogiéndome el orto. Hasta que Dario protesto. Dejen un lugar dijo. Sergio salió de mi orto. Sentí una sensación de alivio, pero quería que me siga cogiendo. Se tiro a mi lado, me levanto y me subió sobre su pelvis. Enseguida comprendí como íbamos a seguir. Me clave en la verga por la concha. Puta me dijo. Pendeja me enloqueces. Mientras le sobaba y chupaba la verga al negro. Dario se puso detrás mío, la verga en el orto. Aliviada que no fuera la del negro, porque esa me iba a desgarrar hasta la sonrisa. Las tetas estrujadas por las manos de Sergio. Seguía mirando a los ojos, mientras sus amigos disfrutaban de mis orificios. Él se veía feliz. Lo había complacido una vez más. Me enojo un poco la forma en que se dieron las cosas y la brutal penetración pero sabía que era posible que eso pasara. Lo cabalgue al ritmo que Dario me la clavaba en el orto, gemidos, sudor, dolor, ardor, y su perfume volvía a tranquilizarme. Esa noche me beso como nunca. Siempre me lo negaba pero esta vez fue diferente. De repente comienzo a sentir gemidos en aumento. Las manos de Dario me estrujaron las nalgas.


Sacudón tras sacudón sentía la leche correr por mis intestinos. Puta te llene el orto eso te mereces por ser una pendeja tan puta!!! Me sentía alagada, con sus insultos. Estaba ahí por Sergio. Era capaz de hacer cualquier cosa por él. Pero supe que eso sería lo último. Me había engañado, entregado, y casi violado. No podía soportar que hubiese hecho algo así sin una conversación previa, al menos un comentario de la posibilidad de que pudiera pasar. Pero esa decisión la sabría después. Ahora quería terminar. Que ellos queden satisfechos y poder irme a horario. El rose de las dos vergas, llenándome los agujeros, era terrible!!! Sergio comenzó a gemir también, pero no iba a terminar, lo conocía, podía aguantar mucho más. Era increíble sentir las dos vergas adentro. Dario salió y lo inevitable el negro detrás mío, lo miro a Sergio, quédate tranquila ya casi terminamos. Creo que vio mis ojos de miedo. No creí que pudiera soportarlo. Quédate quieta, yo te ayudo a que pase rápido me dijo. Me tire sobre su pecho, la verga en la concha. Me tomo por las nalgas, abriéndolas. Dale despacio negro dijo. Apenas sentí apoyar la cabeza en el orto un escalofríos me recorrió todo el cuerpo. Volví la mirada a Sergio. Relájate me dijo. En ese sola palabra el negro me empalo hasta los huevos. Negro hijo de puta grito él. Me sujete firme de los hombros de Sergio. Dario vino a taparme la boca. Que manera de gritar!!! Pero me quede quieta, ya la tenía adentro. Quería que termine, no creía soportar que me penetre una vez más. Entre esas dos vergas no quedaba espacio ni para la duda. Habían llenado, abierto, desgarrado, inflamado, todo mi ser. El negro comenzó a moverse, metiendo y sacándola entera. Sergio seguía repitiendo, sos un hijo de puta!!! Pero ya estábamos metidos en eso. Note bronca, odio, y desprecio en sus ojos. Me miro tomándome la cara, besándome con los ojos abiertos. No emití ningún sonido, solo gemidos, pero eran de dolor, había dejado de disfrutarlo. Tenía la verga de Dario en la mano. El negro comenzó a gemir cada vez más fuerte. Acelero el ritmo, clavandose hasta los huevo. Era terrible el dolor..


Las sensaciones mezcladas, quería que termine pero que Sergio me cogiera el orto,. Hasta que sentí los sacudones, cuatro, y de a uno iban descargándome en los intestinos. Todavía tenía la leche de Dario adentro. Era un coctel mi orto,. Un chirlo en las nalgas y salió del orto. Estaba sin fuerzas, desplomada sobre el pecho de Sergio. Falto yo dijo. Lo sabía y lo esperaba. Saco la verga de la concha y así como estaba me clave en el orto, hasta los huevos. Me sujete de su pecho. Mientras gritando le decía, hijo de puta la dije, cógeme y termíname de una vez!!! Me miro sorprendido, me tomo firme por las caderas. Había desatado una fiera. El ritmo acelero, sus manos cada vez más tensas. Pendeja hija de puta!!! Sonriendo, más fuerte me clavaba. Sentía la verga entrar y salir del orto, que hermosa sensación, cuanto gose y disfrute. Piernas, manos y labios tensos. Lo conocía, estaba por terminar. También estaba lista. Me sujete firme de su pecho. Contracciones en la concha. Espasmos en todo el cuerpo. Gemido tras gemido. Cógeme más hijo de puta comencé a gritarle. A medida que iba acabando, y mi cuerpo se desplomaba lentamente sobre él. Sentí tres sacudones. Ahora si el orto me rebalsaba de leche. Cómo se movieron esas tres vergas en mi orto. Cada penetración fue lubricada por la leche del anterior. Ppero la leche de Dario no había sido suficiente para la poronga del negro. Pensé que la verga de Sergio iba a ir grande. Pero me di cuenta que mi orto se adaptó a la verga de Sergio. Me gustaba esa sensación de estreches y dolor, pero solo con él. Sabía que en unos pocos segundos todo se amoldaba. Leche chorreando hasta las pantorrillas. Los otros dos se retiraron y nos dejaron terminar tranquilos. Quede hecha un bollito sobre su cuerpo. Salí de la verga y me tire en el colchón. El olor a humedad había vuelto sobre mí. Su perfume había desaparecido. Quería irme!!! Él se paró y me llevo en brazos hasta el baño. No podía mantenerme de pie. Se preocupó. Me dolía todo. Me revisó el orto, sangraba. Vi su rostro de espanto. El negro me había destrozado. Él no tenía palabras. Lo mire le dije que me trajera la ropa que debía irme. Me cambie. Al salir del baño estaban sentados en una mesa tomando cervezas. Apenas me vio Sergio se paró y me tomo de la mano. Los salude haciendo un gesto con la mano. Salimos del departamento, sin emitir ningún tipo de sonido.


El ascensor parecía no llegar jamás el final del recorrido. Hasta que se detuvo, abrió la puerta, salimos del edificio. Le dije que se quede me fui sola, sin saludarlo, sin besarlo, sin dejar que hiciera nada. Debía volver con mi hermana. Fui al kiosco en el que normalmente tomábamos algo antes de irnos. Allí me quede. Impregnada del olor de esos tres. Mi hermana me pregunto porque había llegado caminando. Respondí que Sergio me había dejado a la vuelta. Recuerdo que hablaba. Pero seguía intentando digerir el momento que había pasado. No me había disgustado del todo. Pero me hubiese gustado que fueran un poco más suaves. En fin a Sergio no iba a verlo más. Me había decepcionado, engañado, mentido. No era enojo por la entrega que hizo con sus amigos, sino por mentirme. Así me fui a casa. Con el orto abierto, sangrando. La concha hinchada. Perfumada por tres vergas. Estrujada por tres hombres, y cogida a más no poder por esos desconocidos.