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Mi fantasia hecha realidad

A mediados de éste año, debía hacerme una revisión general, era de siesta tenía turno con el médico, un tal Ramírez, me habían recomendado el lugar, al solicitar turno me dijeron quien tenía disponibilidad y acepte a quien me indico la secretaria. Así que no sabía si era hombre o mujer quien me atendería. Me encontraba en la sala de espera, un pasillo angosto que apenas pasa una persona, tapado del olor a pintura y cemento por las refacciones que estaban haciendo. Pensaba en el hombre que hacía una semana atrás había aparecido en mi vida con un millón de promesas y que no había tenido noticias de él. A mi izquierda se abrió una puerta alta, de madera, apareció un señor, robusto, con una chaqueta negra, barba prominente, canoso. Diciendo Márquez?? Y me mira preguntándome si era yo, a lo q respondí que no, paso frente mío sonriendo, sin quitarme la mirada de encima, volvió, gira y me dice seguro no sos Márquez? a lo que repetí sonriendo que no. Entra al consultorio y vuelve a salir, con el rostro iluminado y un poco desorientado, poniendo su mano sobre la frente, diciendo… Fernández? me levanto de mi asiento y me dice, seguimos con la misma península entonces, ingreso al consultorio, el me miraba como atónito, y me dice no sé qué me paso, sabía que Márquez no iba a venir, te vi y me bloquee. Salió del consultorio en busca de la secretaria, creo que se me pusieron las mejillas rojas, me dio algo de vergüenza ese simple alago. Y él me había hipnotizado. Los dos dentro del consultorio, ingresa la secretaria y él continuaba mirándome, mientras explicaba a su secretaria que no comprendía porque se había confundido. Había química en el aire, tuve una sensación de liviandad, liberación y felicidad.


Mientras intentaba explicarle el motivo de la consulta, lo observaba mirarme la campera que llevaba puesta, sus ojos querían que me la saque, y no demoró demasiado en decírmelo y eso hice. Lo note inquieto, ansioso, nervioso. Apenas comenzó a hablar note una tonada diferente a la mía, pero no le pregunte de donde era, aunque me sigue quedando la duda. Y que rara conexión sentí entre nosotros, por un momento sentí desearlo, pero no era posible acaba de conocerlo. Comenzó a preguntarme sobre mi vida personal, edad, nombre, estado civil, empleo, y yo mientras seguía pensando porque me había sacado la campera, y aun sentía el olor a pintura en mi nariz. Le relaté mi situación actual, y constantemente intentaba saber de donde era ese acento y forma tan particular de hablar. Cuando le digo que trabajaba en cocina, me interrumpe diciendo, veníte a vivir conmigo, la pasaríamos genial, quedé con la boca abierta, sí era terrible cuanto lo deseaba, pero sólo respondí con una sonrisa, mientras en mi cabeza pasaron un montón de respuestas, pero no consideré ninguna en ese momento, me sentía abrumada, intrigada, desorientada. Terminando de detallar mis cuestiones personales, me solicitó pase detrás de un biombo, y que me quitara el calzado, soy bajita le digo, sintiéndome más pequeña frente a semejante hombre, si me dice, y cuando iba a medir mi estatura, le digo 1,53, para me dice, déjame hacer esto, relájate, en ese momento estaba más nerviosa, ese biombo tapaba la puerta y el que ingresaba al consultorio no veía lo que pasaba detrás. Él estaría pensando en lo mismo que yo? Me pidió que me subiera a la camilla y me acostara, comenzó a examinarme y de repente, siento sus manos en mi pelvis, miré apenas levantando la cabeza, me desprendió el pantalón y de un tirón me bajo el cierre, me bajo la bombacha, estaba más nerviosa y él lo noto, relájate me dice, pero era imposible, apenas lo conocía y la sangre en mis venas hervía por tenerlo, che tanta deforestación trae calentamiento global, nuevamente sonreí, mientras miraba el cielorraso del lugar, esa no era yo, siempre tengo una respuesta para todo, nunca me quedo callada, y siempre salgo con un remate, mientras tanto pensaba esta revisión está bien? Conteniéndome para no abalanzarme sobre él. Que había hecho este hombre desde que ingresé al consultorio? Logró embrujarme con chiste y sonrisas? No era posible, sentir tal deseo por ese desconocido.


Vamos para allá me dice, indicándome el escritorio, volví a sentarme, hablamos un poco más, me pregunto si tenía a quien romperle los huevos, no ,conteste, pero alguien tan linda, segura como vos algo debe tener y volvió a decirme , che bicho realmente la pasaríamos genial juntos. Creo que vio mi cara de desorientada. Estaba totalmente confundida, abrumada, sería verdad eso que decía, pensé en sexo mientras cocinaba junto a él, untados con dulces y helado, besarnos, sentirnos, lamernos, pero no era posible, no era tan afortunada de que alguien se fijara en mí, menos una persona como él. Me explico el tipo de análisis que debía realizarme, pero a ese punto había dejado de escucharlo, me habían quedado las frases venite a vivir conmigo y el calentamiento global, no sabía que me pasaba, pero había entrado con un desorden de ideas en mi cabeza, y él me había sembrado unas frases que jugaban y hacían eco en mí. Antes de irme me recomendó no quedarme en casa demasiado tiempo, sobre toda sola, me abrazo… fue tan lindo, sentí un alivio inmenso, deje de pensar en todo, sólo ese desconocido y yo, y no quería que termine, sentí su perfume y me sentí segura en sus brazos, me separa y vuelve a abrazarme, creí no irme jamás. Estoy por ponerme la campera y me dice no, búscate un boludo que te la lleve. Juro no recordar que le dije, había quedado atónita. Salí de su consultorio con una sensación de liviandad, felicidad, incertidumbre,, felicidad y deseo, un paso fuera y otra vez el olor a pintura y cemento, me encantan pero ese día prefería quedarme con el aroma del consultorio y exquisito perfume de Emilio, así decía en un sin número de diplomas enmarcados y colgados en el consultorio. Debía volver a verlo para revisar mis análisis. Esos días pensé en muchas cosas, y sin darme cuenta Emilio surgía constantemente entre mis pensamientos, que era eso que había pasado, las frases que me había dicho en el consultorio volvían a mí. Ansiaba verlo, pero esta vez iba a ser diferente, él se iba a fijar en mí. Imaginé que hacer, hasta que decidí no hacer nada, decidí ser yo el día que tenía consulta.


Unos días antes al turno me encontraba en la cama, en mi habitación, pesando el todas las cosas que habíamos hablado, y ese acento que no lograba saber de donde era. Repetía en mi cabeza bicho… sonaba tan lindo, era la primera vez que alguien me decía de esa forma, y se sentía cariñoso. En eso me doy cuenta que mis pensamientos se habían desviado, comencé a imaginarme, como se sentirían sus manos, su piel, su barba ,sus labios, su lengua, su pene, su todo en mi cuerpo, estaba excitada, agitada, evitaba pero no podía, imagine su consultorio, ir detrás de ese biombo, besarlo, acariciarlo, pedirle que me tocara entera, disponerme de espaldas a él sobre la camilla y pedirle que me hiciera sentir su pene, duro, erecto, apoyado en mi cola, que me tomara por los pechos y me besara desenfrenadamente. Sentirlo respirar en mi oído, agitado, excitado, apasionado, insaciable, no quería que me penetre solo excitarnos, deseaba su pene en mi boca, sentirlo, saborearlo, pasarle la lengua desde arriba hacia abajo, sus testículos en mi boca, estaba mojada hasta el ano en ese momento, sentía latir mi vagina, no entendía porque deseaba a ese hombre, que había provocado en mí, deseaba verlo y hacer realidad esa fantasía, y sabía que él no se iba a resistir. Pensé en cada prenda de ropa que me iba a poner, musculosa negra, remera tipo vestidito turquesa, calza negra, la remera muy escotada y apenas me tapaba la cola, el cabello lo dejé suelto, los rulos húmedos bien armados, delinee los ojos, y me aplique brillo labial, los labios húmedos iban a llamar su atención, zapatillas negras, perfume. Iba a verlo y tenía esa sola posibilidad de cumplir mi fantasía, estaba nerviosa, pero segura de lo que estaba haciendo. Nuevamente sentada en la sala, ansiosa por entrar al consultorio, decidí escuchar música para bajar mis nervios. Sin darme cuenta estaba pensando en él, estaba mojada, en la sala de espera, creí que me iba a abalanzar hacia el apenas lo viera.


Abrió la puerta, y ahí estaba, chaqueta roja, pantalones de jeans, su barba prominente, y una sonrisa apenas asomaba en su boca, ingresé, le di un beso y tome asiento, me preguntó que música estaba escuchando, le conteste electrónica creo, ya estaba mal, dude de la música que estaba escuchando, estaba al horno, me sentí diminuta dentro de esa habitación de techos altos. Hablamos de mis análisis, yo lo admiraba, lo deseaba en ese momento, sabía que mi actitud no era la misma a la cita anterior, él lo notó pero no dejó que yo lo advirtiera, lo sentí nervioso, distante, sé que mi vestuario había llamado su atención pero, él se mantenía inmutable, aunque sus ojos lo vendieron, sentía desnudarme con la mirada. Yo quería más que eso, miraba sus manos, eran pequeñas comparadas con su robusto cuerpo y su altura, en eso me dice a ver que te peso, pase detrás del biombo, el me tomo por los hombros, estas tensa me dice, excitada era la palabra, en ese momento esperaba sentir su respiración en mi oído, sus manos en mis pechos, y su pene en mi cola, pero no pensaba decirlo. Volvimos al escritorio, y me dice volve en seis meses, comencé a enrollar la punta de un cuero de animal que tenía sobre su escritorio, me sentía frustrada, había fracasado, pero no era yo, era él, lo note distante, sabía que tenía algún tipo de intención conmigo pero no se animaba, no podía ver sus pantalones, ni leer sus pensamientos, pero si hubiese dejado pensar a su pene detrás del biombo, se cumplía mi fantasía. En seis meses le dije, bueno y trague saliva. A pesar de lo que me había dicho no iba a salir de ahí sin conseguir lo que fui a buscar. Me paré para retirarme y sabía que me iba a abrazar, ese era el momento que estaba esperando, ese abrazo cariñoso, enorme, interminable, tranquilizador, me separó de él, con sus manos toma mi cara y me besa en la boca… deje de pensar en todo, mi mente estaba en blanco, un beso, espontaneo, no dudé y respondí inmediatamente pero con timidez, me tomo de la mano, me saque la mochila que llevaba puesta y fuimos detrás del biombo.


Tenía una mezcla de alegría, sorpresa, adrenalina, deseo, excitación recorriendo todo mi cuerpo, no sé si lo noto pero yo temblaba. Se sentó en la camilla, me llevo contra él nos besamos, sentía su pene, erecto, duro en mi pelvis, no demoró en meter su mano dentro de mi ropa, directo al clítoris, estaba mojada, y me daba vergüenza que lo notara. Mientras desprendí su cinto y pantalón, buscando su pene hizo que me suba a la camilla, me recosté, nunca saco su mano de mi vagina, acerco su cuerpo y pude ver su pene, grueso, con el orificio abierto, me sorprendí por el tamaño, me gustaba, estaba a penas mojado, comencé a besarlo, lamerlo y meterlo en mi boca, el seguía explorando mi vagina con sus manos y ojos. Gimiendo apenas, con miedo de ser descubiertos. Baje un poco mi ropa interior para facilitarle las cosas, con su mano libre, comenzó a tocarme los pechos, me pregunto si iba a acabar, entre dientes respondí que no, temía contarle lo que me pasaba, pero suavemente le dije que acababa con estimulación anal, sus ojos increíblemente expresan tanto, no estaba sorprendido, pero si contento por tal noticia, suavemente deslizo sus dedos hacia el ano, habia metido dos dedos dentro de mi ano, y otro en la vagina. Sentía que iba a explotar en un gemido de placer, continúe chupando su pene, me sorprendía la dureza y el tamaño, quería que me penetre, lo deseaba, lo necesitaba dentro mío, me beso y siguió con mis pechos, su mano jugaba con mi clítoris, hurgándome la vagina, abriéndome los labios, sintiendo sus dedos entrar y salir, la mano empapada de mis fluidos, que hermoso como te mojas, decía. Te gusta mi pija, decía… que bien te la comes… que pendeja tan puta continuaba diciendo. He estado en situaciones muy poco comunes, pero ésta había superado todas mis expectativas. Muchos se fijan en el físico de las personas, pero para mí es más una cuestión química. Como era posible, estar haciendo eso, con mi médico, con ese hombre que seguro me doblaba en edad, pero la atracción que sentimos fue terrible, desde la cita anterior.


Me preocupaba que entre alguien y nos descubra, que en su chaqueta quedaron rastros de lo que habíamos hecho, mientras me tocaba me decía te voy a coger, por donde te gusta más? mientras introducía su dedo en mi ano suavemente, pero ahora no te voy a coger, otro día continuaba diciéndome. Pendeja me volves loco, repetía. Logre sacar la pierna de la calza, abrí las piernas para que pueda ver mejor, que hermosa concha decía, me giro hacia él, apoyo su pene en mi ano, así te gusta? Despacito y después fuerte?... mientras lo envolvía con mis piernas, gimiendo, pidiéndole que me clave de una vez, llevándolo hacia mí. Quería que me penetre, pero ahora no me dijo, así te voy a dejar, miro mis genitales por unos segundos, y me mordió apenas el clítoris. Baje de la camilla, dándole la espalda, dejando que mire mientras subía mi tanga y se metía en mi cola, que hermoso orto tenés, repetía, esa era mi intención tentarlo un poco más, termine de cambiarme, y acomodarme el cabello, mis rulos estaban alborotados, peor que nosotros, tome mi mochila y emprendí mi partida, intercambiamos teléfonos, para poder continuar con la hazaña, estábamos excitadísimos, acalorados, alborotados, deseosos a más no poder. Perdí la noción del tiempo detrás del biombo.


Pero cada segundo había valido la pena. Cumplí mi fantasía, y conseguí algo más, volver a verlo. Temía que al salir por aquel angosto pasillo, se notara lo que acabamos de hacer, nos dimos un abrazo y un beso, abrí la puerta y me fui, acalorada, excitada, mojada, sonriendo pero sin que se notara. Dos pasos fuera del lugar, no lograba comprender en que embrollo me había metido. Pero estaba feliz, reía sola por la calle. Siempre fui muy atrevida con los hombres, pero esto no tenía nombre, ni siquiera sabía su edad. Sólo salí de ahí con un número de teléfono, el cabello alborotado, la entrepierna mojada hasta el ano. Su perfume había penetrado hasta mi cerebro, invadiendo hasta mi ropa interior. Sentí su cuerpo sobre mí hasta casi dormir en la noche. Era terrible, casi aterrador el, inmenso deseo de tenerlo a Emilio entre mis brazos, disfrutarnos mutuamente, deleitarnos con nuestros cuerpos, sentirnos enteros y plenos explorándonos y explotándonos mutuamente. Y cuando sería eso??? realmente no lo sabía, pero ese pequeño encuentro había sido suficiente para atrevernos a vernos nuevamente.