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Regalo para mi novia

Mi fantasía siempre ha sido que me violen. Que nos ataquen dos hombres, fuertes y musculosos. A ti te agarrarían primero, entre los dos te someterían, no podrías contra ellos, te atarían y te dejarían totalmente inmovilizado. Después abusarían de mí, mientras tú atado tienes que mirar lo que me hacen, y verlo todo impotente- me quedé de piedra ante esta confesión de mi novia. Estábamos en los precalentamientos antes del sexo. Ahí era donde más guarradas e intimidades sexuales nos contábamos, mientras nos tocábamos, e íbamos calentando el ambiente. - Joder Ana, cómo puede gustarte eso - me había quedado totalmente mudo. Me separé de ella y me apoyé en el respaldo de la cama, intentando asimilarlo. Nunca me había contado nada tan fuerte, en nuestros 5 años de relación. - A ver, eres tú el que me ha preguntado por mi fantasía más oscura. Yo sólo he querido ser sincera. - Ya, ya, si me alegro de que me lo cuentes- en realidad no me alegraba. Para qué abriría la boca-. Es sólo que… No sé, intento encajarlo. Una violación es algo terrible, es una experiencia traumática- le dije, intentando que entrara en razón. - Ya, claro. Te lo he dicho, es una fantasía, nada más - me dijo muy seria-. Está claro que no quiero que pase en la realidad, por dios, qué horror. Me gusta sólo imaginarlo, estando a salvo y tranquila, sabiendo que no está pasando. Ya sabes, el pensarlo, tiene su morbo. Es lo que más me excita del mundo. Es lo único que me excita, a decir verdad, desde hace ya varios años, que empecé a fantasear con eso. Siempre que me masturbo, pienso en ello. Siempre que lo hago contigo, cierro los ojos y me imagino una situación similar. Que tú eres mi violador y que tú en realidad estás en una esquina, atado y mirando. Si no pienso en esto nunca consigo llegar al orgasmo.


Madre mía- hay días que es mejor no levantarse de la cama-. ¿Lo dices en serio? ¿Llevamos 5 años juntos, y siempre que lo hemos hecho has estado pensando en eso? - No te enfades Pablo por favor, llevo mucho tiempo intentando contártelo, de verdad. Y hoy como te has puesto tan pesado con el tema de las fantasías pues me he lanzado. Es algo que empezó a gustarme cuando empecé a salir contigo, no sé por qué. Desde que empezamos a acostarnos, empezó a surgirme esa idea. Al principio la rechazaba y la apartaba de mi mente, porque me avergonzaba de mí misma. Después descubrí que únicamente pensando en ello un instante durante un polvo, me corría de gusto inmediatamente. Empecé a imaginarlo únicamente cuando lo hacíamos, en los momentos de mayor excitación donde la conciencia está más dormida. Al correrme, me sentía culpable e intentaba pensar que no había pasado. Pero hace ya un par de años que decidí aceptar como soy. Es lo que me gusta. Soy una mujer madura, independiente y segura de mí misma en el día a día, y nunca permito que nadie me levante la voz o intente propasarse conmigo, ya lo sabes. Pero en mis fantasías… únicamente en el mundo de la ficción, me gusta pensar esas cosas. - Joder. - A ver, no es tan raro ¿vale? Desde que lo acepté, he estado investigando, mirando foros, informándome. Es una fantasía muy recurrente en el 80 % de las mujeres. Obviamente ninguna quiere que le pase, porque es sólo eso, una fantasía. Las cosas del dormitorio no salen del dormitorio. Según he mirado, ocurre mucho en las mujeres con éxito- Ana se refería a profesionalmente. Ella trabajaba en un importante bufete de abogados. Era jefa de departamento, una posición muy elevada para una persona de su edad. Se pasaba el día dando órdenes, gritando a otros abogados en juicios y era muy agresiva a la hora de interrogar e investigar posibles pruebas para la acusación o la defensa. Digamos que era una mujer muy dominante, como no podía ser de otra manera en el mundo en el que se movía-. Cuando una se pasa la vida dando órdenes, controlándolo todo a su alrededor… pues a veces en lo más profundo del subconsciente aparece esa necesidad de ser también dominada alguna vez, dejar de preocuparse de tomar las decisiones y que las tomen por ti, dejarte llevar. Que sean duro contigo, sentir la impotencia cuando te dominan.


Un poco lo contrario de lo que tengo que hacer todos los días. Es como una fuga, una forma de desahogarse. Me quedé callado un rato callado pensando en todo lo que me estaba diciendo. - No sé la verdad. En cualquier caso, esa fantasía es difícil de realizar. Podríamos simular que yo soy un agresor y te sorprendo un día en casa- - No, eso no me pone- me cortó-. No me excita que me domines tú. Me da hasta coraje. Tiene que ser una persona ajena, que no conozca. Y lo que más morbo me da de la situación, no es que me violen, sino que tu estés allí atado, impotente y mirando. Es una gran humillación y es lo que más me pone. Si le hecho imaginación y me convenzo de que no eres tú, te pones a lo mejor un pasamontañas que te tape la cara, pues puede ser interesante, pero no es eso lo que quiero exactamente. - Joder, pues entonces tú me dirás. - A ver, si ya lo sé, no te estoy pidiendo que la hagas realidad. No tienes que realizar todo lo que te pido- en la cama siempre he sido muy complaciente. Siempre he buscado darle todo lo que quería. O lo que yo creía que quería. Nunca le había dicho que no a nada, incluso una vez que se le antojó probar el sexo anal conmigo. Por ella me dejé meter un par de dedos en el culo mientras me corría. Pero esto era ya demasiado. - No sé, es que no me hace gracia que cuando estemos juntos andes pensando en eso, como si fuera lo único que te excita. Y yo qué. - A ver, no es lo único que me excita. Tú me pones mucho. Verte desnudo, que me toques, que me penetres. Todas esas cosas me encantan. Pero para llegar al orgasmo… necesito pensar en eso. ¿No es para tanto vale? Casi todas las mujeres cuando están con sus parejas piensan en otras cosas, en otros tíos incluso, amigos y conocidos. Al menos sabes que yo no pienso en nadie en concreto y que además tú siempre estás allí en mi fantasía. - Pero de qué manera. - Bueno mira, da igual. Si lo sé no te lo cuento-. Se dio la vuelta, apagó la luz y se durmió. Yo me quedé bastante tiempo quieto, pensando en la oscuridad.


Al día siguiente le pedí perdón y lo arreglamos. Acepté su fantasía, le di las gracias por contármelo y le prometí que como siempre, haría todo lo posible por llevarla a cabo dentro de lo lógicamente posible, claro está. Yo no me rindo fácilmente y probé de todo con ella. De vez en cuando, al hacerlo, siempre intentaba someterla un poco, agarrarla, ella intentaba zafarse y sólo con eso tenía unos orgasmos increíbles. Eso me motivaba para querer acercarme más y más a su deseo. Sin embargo era complicado conseguir el clima ideal para aumentar el morbo. Porque claro, el primer requisito para que te violen, es que tú no quieras. Entonces cuando yo intentaba liarme con ella y tener sexo, ella se resistía y siempre me decía que no. Y yo claro, cuando estábamos en la cama, la intentaba calentar y me decía que no quería, pues yo la dejaba en paz. Ella se enfadaba, porque realmente si quería, pero no iba a decir que sí, porque entonces no había morbo. Entonces yo lo intentaba de nuevo pero ya se le había cortado el rollo y me decía que no, pero yo creía que estaba de coña de nuevo, y entonces la intentaba follar por la fuerza, y ahí ya era cuando me ganaba la ostia porque sí que lo decía en serio. Tuvimos muchas situaciones confusas. Con el tiempo esos polvos medio forzados (cuando salía bien), como todo lo nuevo que se usa mucho, empezaron a perder fuerza y dejaron de ponerla cachonda, y había que ir aumentando de nivel. Se me ocurrió hacer simulaciones. Ella se quedaba en casa sola, y yo entraba en sigilo, con un pasamontañas y la agredía. Sin embargo claro, aunque le encantaba, estaba la cosa que ya sabía que iba a ocurrir, que yo era sólo uno y realmente ella quería más de uno. Porque ella me comentaba que cuando la violaba yo se dejaba un poco, ya que sí se oponía totalmente al final podía conmigo, se me escapaba y podía salir corriendo. Hacían falta varios hombres para que ella pudiese gastar todas sus fuerzas y ahí estaba el secreto, cuanto más esfuerzo por soltarse hacía mayor era su orgasmo, según me contaba. Hacíamos muchos tipos de teatros, con esposas y demás, yo fingía ser un policía que abusaba de su autoridad, o un trabajador a domicilio (fontanero o algo así) al que no podía pagar, y él se cobraba el trabajo violándola, un ladrón al que ella sorprendía al volver a casa… En fin muchas historias.


Pero seguían sin llenarla del todo. Intenté también realizar la segunda parte de su fantasía, que yo estuviera mirando mientras la violaban. Llegué a grabar un audio hablando como si estuviera amordazado y haciendo ruidos del estilo, para ponerlo a todo volumen en la habitación mientras la violaba en el salón, así ella podía oír mis ruidos en el otro lado. Se lo puse como sorpresa, una idea que cuando la tuve me pareció de lo más patética y ridícula, sobre todo al grabarlo, pero que luego dio muy buenos resultados y Ana se corrió como nunca ese día. Pero también fue perdiendo morbo. También probamos una vez a atarme al radiador del salón, mientras ella desde el otro extremo se masturbaba en el suelo, como si estuvieran violándola. Compramos un consolador, de estos que tienen una ventosa en un extremo para pegarlo a la pared, y ella se lo metía mientras yo miraba. Para creerse que la estaban violando así hacía falta mucha imaginación, pero aun así al estar yo mirando desde un extremo, se excitaba bastante. Fue en este punto, cuando descubrí que a mí también me gustaba mirarla. Verla allí, masturbándose, fingiendo que la violaban me excitaba muchísimo. En las violaciones futuras siempre me imaginaba a mí mismo en otro extremo, como si fuera otra persona y mi auténtico yo estuviera sentado mirando. Sin embargo, aunque conseguimos hacer bastantes cosas buenas, había muchísimos problemas derivados de la impotencia y la frustración que a veces suponían esos mal entendidos que cortaban el rollo, o falta de ideas y agotamiento de recursos. Yo me enfadaba porque no podía complacerla plenamente, ella se enfadaba porque yo me enfadaba. Me sentía muy impotente al no poderle dar lo que quería y eso desgastó muchísimo nuestra relación. Finalmente un día tras una enorme discusión que tuvimos, decidimos dejar aparcado el tema, olvidarlo y volver a ser una pareja normal, con sexo normal. Nuestra vida sexual cayó en picado a un par de veces por semana, algunas veces por compromiso y no volvimos a hablar de fantasías. De eso hace ya 4 años. Ha llovido mucho desde entonces, ahora vivimos juntos.


Nuestra vida sexual se mantenía en niveles bajos, pero afortunadamente se mantenía. Lo que viene siendo una pareja trabajadora, el sexo estaba en cuarto o quinto lugar en la lista de prioridades, por detrás del trabajo, el descanso, los amigos, e incluso los hobbies, como ver la tele, salir etc. Unas 2 o 3 veces al mes, y sexo bastante convencional. Unos besos, misionero, cada uno pensando en sus fantasías y orgasmo en 5 minutos. Eso en pareja, naturalmente. Por mí cuenta, yo nunca bajaba de una al día, y sabía que Ana también tenía una vida sexual ajetreada en solitario. Algunas veces escuchaba algún gemido contenido cuando se estaba duchando, o en la cama, cuando creía que yo dormía oía el sonido del roce de las sábanas. Algún día que llegué a casa antes de tiempo, me la encontraba en el sofá, colorada, retocándose el pantalón, y escondiendo un libro entre los cojines… Siempre hacía como que no me daba cuenta, e ignorábamos lo ocurrido. Ella también me había pillado alguna vez en plena faena, de estar yo en el baño y haber olvidado cerrar el pestillo, y entrar y encontrarme sentado en el váter intentando esconder una erección de caballo, o un “cepillado de dientes” y duchas más largas de la cuenta, que se notaba que no eran normales, y que había algo más. Ambos sabíamos que los dos nos masturbábamos con frecuencia, y que preferíamos una paja en solitario, cada uno con nuestras fantasías que follar. Yo desde que ella me lo metió en la cabeza, mi fantasía principal era ver como ella era violada, o se acostaba con otros tíos, voluntariamente o no, mientras yo miraba. Y yo sabía que ella, a pesar de todo ese tiempo, seguía pensando siempre en lo mismo. Le había encontrado algún libro guarro de esa temática, o incluso a veces me daba por mirarle el historial de internet y siempre veía las mismas cosas. Foros, relatos, historias e incluso algún video porno sobre eso. Yo imaginaba que ella también sabría cosas sobre mí, pero ambos ignorábamos el hecho, y seguíamos con nuestra vida como si nada. El sexo se había convertido en una especie de tabú.


Teníamos un elefante en el salón, pero ambos hacíamos como que no estaba. Aunque todo nos iba bien, económica, profesional y personalmente, yo nunca pude sacarme esa espina. Cuando una pareja prefiere masturbarse en solitario a tener sexo juntos, está claro que hay algo que no funciona. Y yo no podía evitar pensar que era mi culpa. Y ahora que yo también tenía una fantasía similar, pensaba que podríamos disfrutar ambos de ello, pero había pasado demasiado tiempo y era completamente incapaz de sacar cualquier tema relacionado con sexo con Ana. Finalmente, tras todos estos años, acordándome de aquella conversación semana sí, semana también, un día tras mucho, mucho, mucho reflexionar, decidí llevarla a cabo. Cómo, os preguntaréis. Es imposible hacerlo, ¿verdad? ¿Qué iba a hacer, llevarla a un callejón oscuro, y dejarla allí sola y en pelotas, a ver si alguien se acercaba? Yo no quería hacerle daño, la seguía queriendo, era toda mi vida a pesar de que el sexo fuera patético. ¿Entonces cómo? Pues todo surgió a raíz de una búsqueda por internet que estaba realizando un día que me encontraba especialmente reprimido sexualmente. Estaba muy cachondo, hacía ya un par de meses que no lo hacía con Ana, porque ella tenía un caso especialmente importante entre manos y me andaba evitando y no paraba de oír historias de mis amigos solteros, de las muchas tías que se follaban, y de mis amigos casados, todas las guarradas que hacían con sus mujeres. Uno de ellos me contó que iba a hacer un trío con su esposa y una amiga, otro haciendo intercambios… En fin, que me salió la vena de machote que todos los tíos tenemos, de querer ser unos sementales y tener mucha experiencia en el sexo. Había aparcado mi vida sexual desde hacía ya bastantes años, concentrándome en mi trabajo, donde había conseguido ascender meteóricamente pero estaba en un momento en que mi vida profesional había tocado tope, y no podía ascender más. Estaba estancado, y por lo tanto, había quedado un hueco bastante grande en mi vida y el sexo volvió a surgir. Todos mis amigos tenían trabajos peor pagados y menos importantes que el mío, y sin embargo eran mucho más felices por tener vidas sexuales muy activas. Mi vida sexual en cambio, era lamentable, seamos sinceros. Por ejemplo, hacía más de dos años que Ana no me la chupaba.


La última vez que recordaba que lo hizo fue en un viaje de aniversario que hicimos al caribe. Y como eso, todo lo demás. Nuestros polvos eran aburridos y monótonos. Fue por eso, que un día en medio de una paja, solo en casa (Ana volvía tarde últimamente), viendo pornografía en internet, decidí buscarme un amante. Había pensado ya muchas veces cortar con Ana, pero no lo veía factible. Hacíamos buena pareja, teníamos confianza y nos iba bien, lo único que no funcionaba era el sexo. Si conseguía buscar una amante regular que me satisficiera en ese aspecto, todo funcionaría mejor. Los foros online para conocer gente eran demasiado lentos, así que fui directamente a páginas de escorts. Putas caras, básicamente. Tenía bastante dinero. Llevaba ahorrando muchísimo tiempo, los dos lo ganábamos bien y no viajábamos mucho, así que los ahorros no paraban de subir. Podía permitirme perfectamente pagar una puta de calidad de vez en cuando que hiciera todo lo que yo le pidiera. En una ciudad grande como donde yo vivía, había multitud de ofertas. Estuve indagando varias páginas bastante interesantes. Había putas para todo tipo de servicios, desde la sumisión, dominación, anal, mamadas… Algunas tías se dejaban hacer de todo. Se me hacía la boca agua. Los precios iban desde los 200 € por hora, hasta los 1000 € toda la noche. Era bastante caro, y aunque no todos los días, sí que me podía dar un capricho de vez en cuando. Ana no se enteraría nunca. Sin embargo, entre que miraba arriba y abajo una de las páginas que más me gustó por lo grande que era, descubrí una sección para mujeres. Se ofrecían putos. Gigolós, básicamente. Entré por curiosidad y había también bastante oferta. Había fotos de tíos musculosos y muy proporcionados, que hacían todo tipo de servicios. Se me iluminó una luz en la cabeza. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Supongo que porque cuando Ana me contó su fantasía yo no tenía ningún interés en verla acostarse con otro tío. Sin embargo, ahora eso era una fantasía recurrente en mí y al ver la introducción de presentación de uno de los tíos, lo vi todo claro. “Déjate seducir por el poderío y la masculinidad. Realiza tus más profundas y oscuras fantasías. Déjate dominar por este grupo de machos, que sabrán darte todo aquello que siempre has querido. Si tienes alguna fantasía en especial, cuéntanosla, somos muy profesionales y tenemos una amplia experiencia”.


Salía una foto de 4 tíos, bastante musculosos, con los abdominales marcados y unos brazos y piernas destacados. Estaban desnudos, y con las pijas tiesas, bastante grandes (posiblemente Photoshop, porque eran un poco exageradas). Había dos totalmente depilados y otros dos con el cuerpo normal, pero con un buen matojo de pelo rizado en los huevos y el pubis. Había dos al fondo y otros dos de perfil, los 4 rodeando a una mujer que estaba de rodillas, con un bonito picardías, y unas braguitas a juego, con las manos a la espalda (atadas, presuntamente). Las 4 pijas quedaban cerca y a la altura de su boca. Los tíos la miraban, un par tenían unas cuerdas, otro sujetaba unas esposas y otro a su espalda, le agarraba el pelo en una cola, haciendo el amago de sujetarle la cabeza para guiarla de pija en pija. Desde el primer momento que vi la foto, puse a Ana en el lugar de la chica. Fue instantáneo, y me puso más cachondo de lo que había estado en toda mi vida. Lo vi claro, como algo que llevaba buscando años sin saberlo, y que de repente encuentras y no entiendes cómo has podido vivir sin ello. Empecé a masturbarme imaginando la situación, y pinche en Pedir información, ya que no había precios ni nada. Me llevó a una página para rellenar mis datos y mandar un email. Puse una dirección falsa que uso para registrarme en foros guarros y demás y les escribí un mensaje contándole la fantasía de Ana. Sería simular una violación, todo naturalmente muy controlado sin hacer daño pero siendo muy fuerte y dominante. A mi tendrían que someterme, atarme y dejarme mirar etc. Pregunté precios y disponibilidad. Lo envié y releyendo el email y viendo la foto me corrí. Tras el orgasmo, me sentí bastante arrepentido de todo lo que había hecho. Cerré todo de inmediato y traté de olvidarlo. Sin embargo, esa noche, cuando llegó Ana (cenamos y a la cama a dormir directamente), me costó conciliar el sueño. Miré el correo en el móvil y vi que me habían contestado. Me puse cachondísimo de inmediato otra vez, se me olvidó todo el arrepentimiento y me alegré de haberme puesto en contacto con ellos. Mientras leía la respuesta mi pija se puso como una piedra. Muy buenas, En primer lugar, gracias por ponerte en contacto con nosotros. La fantasía que nos comentas es bastante recurrente, y nos la piden mucho. Tenemos mucha experiencia en esto, así que no tienes de qué preocuparte, tu novia y tú quedareis plenamente satisfechos.


Por supuesto, lo más importante de este tipo de servicios, es el respeto mutuo, y tener claro que ante todo, es una fantasía realizada para disfrutar, y que aunque en este caso, la temática como nos comentas sea tu humillación, y su violación, debes tener en cuenta que somos muy profesionales, y a pesar de la simulación, tendréis el control en todo momento. Usamos en todas las sesiones las palabras de seguridad amarillo para bajar un poco la intensidad de la situación, y rojo para detenerla por completo de inmediato. Respecto a nuestras tasas, si quieres el servicio de los 4, serán 900 € por sesión, que suele durar de 2 a 3 horas. Si la situación se alarga por cualquier motivo, son 100 € más por hora, cobrado al pasar los 10 primeros minutos. Son 100 € menos, por cada hombre que quites, hasta un máximo de 2. El desplazamiento, en función de la distancia se cobra a parte (nos movemos por toda la península). Si quieres también una simulación de secuestro, en plena calle, se cobra un suplemento de 200 €. Si se usa la palabra de seguridad amarillo, no hay ningún suplemento, excepto el del tiempo, si la situación se alarga por ello. De usar la palabra de seguridad rojo, se cobrará también el tiempo que esté la situación detenida, y de no reanudarse, se deberá abonar la cantidad completa, independientemente del tiempo que haya transcurrido. El 80% se paga por adelantado, y el 20 % al finalizar, mediante transferencia. Estos son los precios generales, danos más información y te daremos un presupuesto más ajustado. Saludos. Les contesté de inmediato, diciendo donde vivía (el barrio, ya que ellos eran de la misma ciudad), y concretando más la situación. Lo del secuestro me daba un poco de miedo, prefería hacerlo en casa. Ellos vendrían, entrarían, me atarían y luego estarían con ella. En los días siguientes estuvimos concretando algunos detalles, y pedí información de ellos. Al parecer eran parte de una empresa bastante grande, e incluso llamé para hacer un pedido por teléfono y ver cómo funcionaba. Me ofrecieron confianza. Realizamos incluso un contrato a través de muchos emails, donde se concretaron los servicios, como el hecho de usar condón o no. Les dije que prefería que no lo usaran, ya que el hecho de tener que ponérselo cuando estás violando a alguien puede cortar el rollo. Ellos garantizaban una sanidad óptima, certificado mensualmente por la empresa.


Nosotros estábamos bien, pero en el contrato añadieron una cláusula de que en caso de contagiarles algo, tendríamos que pagar, pero que no me preocupaba mucho nos habíamos hecho análisis hacía tiempo y no habíamos tenido sexo con nadie más. Respecto al embarazo había otra cláusula que éramos nosotros los responsables de controlar eso y que si ella se quedaba embarazada no podía pedir ningún tipo de responsabilidad a la empresa. Ese tema me tuvo en vela bastante tiempo, ya que Ana no usaba ningún tipo de anticonceptivo. Para las veces que lo hacíamos no salía rentable en absoluto, así que usábamos condones. Pero bueno, su fantasía era una violación ¿no? Me lo había dejado bastante claro. Y en la violación hay un peligro de embarazo. Lo cierto es que pensar en que se pudiera quedar embarazada de alguien que no fuera yo me excitaba un montón. Estaba bastante salido, y me daba un poco de miedo a mí mismo. Cuando estaba cachondo me veía dispuesto a todo. Después de correrme recuperaba un poco la cordura y todo me parecía una locura, pero ese estado duraba poco, en seguida me ponía cachondo de nuevo y volvía a ser un irresponsable. Les mentí un poquillo y les dije que Ana tomaba la píldora. Me la estaba jugando, pero bueno, la verdad es que la mentira más gorda había sido decirles que Ana sabía todo lo que iba a pasar, que era consciente. En esos servicios te piden expresamente que ambos participantes consientan, pero yo no le pensaba decir nada a Ana, naturalmente, así que tuve que falsificar su firma. En realidad, iba a ser una auténtica violación, porque ella no iba a saber la palabra de seguridad. Ella no iba a poder hacer nada para pararlo. Pero bueno, eso era lo que ella quería ¿no? me repetía una y otra vez cada vez que me asaltaban estos miedos. Al cabo de un mes, ya lo tenía todo preparado. Les pagué 800 por adelantado y ellos se pusieron en marcha. Era un gasto importante así que decidí grabar el suceso para que al menos quedase un recuerdo. Decidí dejar un portátil grabando en la mesa del salón y les di instrucciones de dónde se tenían que situar para que todo quedase en escena (les envié fotos del piso y demás). Lo planeé todo perfectamente.


Elegí un día a mitad de noviembre, una fecha cualquiera en mitad de la semana donde sabía que tenía que trabajar y que por lo tanto volvería a casa. Para entonces debería haber acabado ya el proyecto, y volvería pronto. Cuanto más avanzaba el tiempo, más me arrepentía de mi plan. Estuve a punto de llamar para anularlo. Porque realmente, Ana iba a pensar que la violaban de verdad, y eso ella me había dicho que no lo quería. Pero claro, si se lo decía, podía pasar lo de siempre, que se enfadase porque se lo había contado, que ya le había roto el misterio y la sorpresa…y con el pastón que me había gastado no estaba dispuesto a estropearlo. Me convencí a mí mismo y tiré para adelante. Era una apuesta arriesgada, lo sé. Podía salir todo mal. Si a ella no le gustaba, y descubría que había sido una empresa, intentaría denunciar, la empresa me denunciaría a mí por mentir en el contrato etc. Podía perderlo todo. Pero estaba decidido a arriesgarme. Al fin y al cabo no le iban a hacer daño. Les había dicho claramente que nada de daño físico. Violencia verbal todo y más, insultos, amenazas etc. Pero que nada de golpear, simplemente utilizar la fuerza para agarrarla etc. Los tíos estaban buenos, y desde luego iban a hacer que le gustase. De modo que crucé los dedos y no lo cancelé. Por fin llegó la fecha. Ese día salí con tiempo del trabajo, para prepararlo todo en casa. Les había dicho que vinieran a las 7:30, ya que Ana solía llegar a las 7. El piso era bastante bueno, con cristales dobles, paredes gordas y nunca habíamos tenido problema de ruidos con los vecinos. Era un edificio caro. Aun así puse la tele alta, para intentar disimular los ruidos que seguro se iban a oír. Cerré el radiador del comedor, donde habíamos acordado que iban a atarme, para no quemarme y subí mucho el de la cocina y el dormitorio, para compensar. Aun así, hacía un poco de frío en el salón. Esperaba que Ana no se diera cuenta, o no tuviera tiempo a darse cuenta. Dieron las 7 y Ana sin aparecer. Le envié un mensaje al móvil preguntando, pero no me contestó. A las 7:30 esta gente me envió un correo, diciendo que estaban ya allí, que abriera la puerta. Les había dicho que el plan era que yo les abriría el portal, y dejaría la llave por fuera de la puerta, para que pudieran entrar. Que me avisaran cuando fueran a subir, para poner la llave. Me empecé a poner nervioso porque Ana no daba señales de vida, lo que significaba que debía estar en el trabajo aun. Les contesté diciendo que aún no había llegado, que se esperaran.


Dieron las 8 y las 9. Los tíos fueron bastante profesionales la verdad. Sólo me recordaron los gastos adicionales por horas extras, pero no dieron más la tabarra ya que sólo conseguían ponerme más nervioso. Ya iban 200€ de retraso. Hasta las 9 y pico Ana no dio señales de vida. Dijo que acababa de salir e iba de camino. Llegó a las 10. Yo me había comido ya las uñas y parte de los dedos esperando cuando la vi entrar por la puerta. - Qué tarde llegas ¿no?- dije, lo más calmado que pude. - Anda no me hables, que llevo un día…- dijo cerrando tras de sí-. Un lío en el trabajo, reuniones y demás. Voy a ducharme, ve haciendo la cena que estoy muerta. Pues no sabes tú lo que te queda aún. Mal día para volver cansada del trabajo. Pero no podía echarme atrás a esas alturas. Ana se fue al baño, momento en que aproveché para enviar un correo a esta gente diciéndoles que subieran ya. Dejé la llave fuera para que pudieran pasar. La pillarían en la ducha, no estaba mal. Así podrían atarme a mí tranquilamente y pillarla a ella por sorpresa. Yo mientras puse la cámara del portátil a grabar, que tenía en la mesa del salón bien colocado y enfocado. En ese momento salió Ana del cuarto (el baño está dentro de nuestro dormitorio), y fue a la cocina. - Voy a picar algo, porque no he comido nada desde el almuerzo. - Pero si ya vamos a cenar- le dije. Era mejor que ellos llegaran estando yo solo en el salón. - Puf, entre que cocinas, me ducho y demás me da algo. ¿Qué calor hace aquí no? – no contesté. Estaba impaciente. Miré el reloj. Podían llegar en cualquier momento. ¿O se habrían ido ya? ¿Era demasiado tarde?- Baja la tele ¿no? Está muy alta. Esa era la idea, para que los vecinos no te oigan gritar, mientras te violan, pensé para mí mismo. Habían pasado ya 5 minutos desde que hablé a los tíos. Me estaba poniendo histérico. Ana se había preparado un sándwich y se lo comía en la cocina, mientras yo en el salón no sabía qué más hacer. En ese momento, la puerta se abrió de golpe y entraron 4 tíos. Yo estaba de pie mirando la tele y fueron tan rápidos que apenas levanté la vista, ya tenía a 3 de ellos placándome contra el sofá. Caí tumbado, y los tres se tiraron encima mía, aplastándome. El cuarto cerró la puerta tras de sí y fue rápido y veloz hasta la cocina, donde pilló a Ana de espaldas, metiendo el plato en el lavavajillas.


Cuando escuchó el ruido y se dio la vuelta, el tío estaba ya encima. Apenas le dio tiempo a lanzar un grito inmediatamente ahogado por la mano del hombre, que le tapó la boca y la inmovilizó con el otro brazo. Entre tanto, dos tíos me pusieron en pie, y el tercero me golpeó con todas sus fuerzas en la barriga. Esto despertó otro grito de Ana, ahogado totalmente. La verdad es que no había teatro, el golpe fue de verdad y me dejó completamente sin respiración. De haberlo esperado habría puesto la barriga dura, pero no creí que fueran a pegarme así. Me encogí totalmente por el dolor y se me aflojaron todos los músculos mientras intentaba volver a respirar. Aprovecharon entonces para arrastrarme hasta la pared del fondo y me esposaron las dos manos a la tubería del radiador. Me esposaron primero una muñeca, pasaron las esposas por detrás de la tubería y engancharon la otra mano. Quedé apoyado sobre la pared, con los brazos por encima de la cabeza. Después me pellizcaron un pezón para que abriera la boca de dolor y aprovecharon para meterme un calcetín dentro. Una vez lo tenía dentro, escuché como se abría una gran cinta de celo, que pegaron a mi boca, y dieron 4 o 5 vueltas alrededor de la cabeza. Cortaron la cinta, y se levantaron, para mirarme y comprobar que estaba todo bien. Yo en ese momento ya había recuperado la visión que se me había ennegrecido debido al mareo del golpe. Levanté la vista y vi a los 3 tíos frente a mí, uno todavía en el sofá porque no había tenido que hacer nada. Otro, uno rubio y alto me miraba comprobando que las esposas estuvieran bien y el otro, más bajo, era el que me había metido el calcetín en la boca, estaba descalzo de un pie y quitándose el otro calcetín. En la cocina, estaba Ana bloqueada por el más musculoso de todos, un tío alto y moreno. Con un solo brazo la rodeaba entera a la altura del pecho, pegándole los brazos al cuerpo e inmovilizándola. La otra mano se la tenía puesta en la boca. La tenía en una postura junto a la cadera, que aunque Ana pudiera mover las piernas no conseguía hacer nada útil con ellas. Aunque se revolvía, no era capaz de moverse lo más mínimo.


Tampoco oponía una gran resistencia, ya que todo había ocurrido en menos de 20 segundos y la impresión la había dejado clavada. La verdad es que yo nunca he hecho mucho ejercicio, ni he ido al gimnasio, pero me considero relativamente fuerte. Sólo me peleé una vez en la universidad, hacía ya tiempo y no recordaba que fuera así. Aquel golpe me había dejado totalmente KO, y había sido sólo uno. Se me tiraron los 3 encima por si acaso, pero con uno habría sido suficiente yo creo. Habían sido muy rápidos, habían aprovechado bien aquel golpe que me dejó fuera de combate unos segundos, y ahora una vez atado con esposas de acero, no podía hacer nada. Pero de todas formas, desatado tampoco podría haber hecho nada contra ellos. Me sentí muy impotente y humillado. Tras asegurarme a mí, los 3 tíos se dirigieron caminando con tranquilidad hasta la cocina. Al ver que se le acercaban todos, Ana empezó a retorcerse con más fuerza pero tampoco sirvió de nada. El tío la tenía bien sujeta. Entre todos la arrastraron hasta el salón. A pesar del movimiento y la violencia, pude ver como Ana intentaba encontrarme con la mirada. Se asustó al verme, ya que yo estaba totalmente fuera de combate, lo que la dejaba a ella sola contra los 4 tíos. Además, también debió de verme cara de asustado, porque acababa de percatarme de que esos tíos me habían tapado por completo la boca, de modo que únicamente podía gemir y hacer sonidos guturales. ¿Cómo iba a poder decir la palabra de seguridad en esas condiciones? Los tíos debían pensar que en cualquier caso, podía ser Ana la que la dijera, pero ella no sabía nada. Nadie podía parar ya aquello. No podía escapar, iban a follarse a mi novia y no podía hacer nada para evitarlo. -Mira, mira lo que tenemos aquí- dijo uno de ellos al tiempo que la rodeaban entre todos. El tío musculoso que la agarraba, la exhibía ante los demás como una mercancía. La hacía estar con la espalda arqueada, lo que marcaba el tamaño de sus pechos y los dejaba en primer plano-. Menuda ricura…- y empezó a deslizar una mano desde su cuello pasando por el esternón hasta su entrepierna. Ana llevaba un jersey gordo de cuello alto, unos vaqueros, y unas botas altas.


No es que fuera sexy, pero le iba a durar poco tiempo puesta-. Ven aquí- la atrajo hacia sí, y al tiempo que le quitaba la mano de la boca, otro le metía la otra pareja del calcetín en la boca. Ana aprovechó ese pequeño momento para intentar gritar, pero la callaron en seguida. Luego le pusieron cinta adhesiva alrededor de la cabeza como a mí, y entonces ya pudieron soltarla. Lo primero que hizo Ana, fue mirar rápidamente a su alrededor, para buscar un hueco, e intentar escapar entre dos de ellos. Casi lo consigue, pero uno la agarró en el último momento del brazo y la volvió a meter en el centro. Entonces hizo un nuevo intento, esta vez hacia la cocina y aunque la intentaron parar, consiguió zafarse y corrió hasta los cajones para sacar el cuchillo más largo y gordo que teníamos. Concha eran cuatro y la dejaron escapar. Menudos profesionales. La que se podía montar con Ana teniendo un cuchillo. - Ui, mira como pelea la gatita- dijo uno de ellos. Los tíos se fueron acercando, formando un arco, sonriendo y confiados. Ana miraba de uno a otro, pero no se decidía, así que intentó quitarse la cinta adhesiva con una mano mientras esgrimía el cuchillo con la otra. Fue entonces que aprovechó uno de los tíos con un rápido movimiento y un pequeño saltó hacia adelante, le agarró la muñeca de la mano del cuchillo y se la inmovilizó. Ana lo golpeó con el otro brazo en la cabeza, pero el tío no pareció ni enterarse. Le meneó un poco la muñeca con fuerza arriba y abajo para ablandarle la mano, y luego le quitó el cuchillo sin problemas. La soltó y fue a ponerlo en su sitio. Ana entonces echó a correr en la otra dirección, hacia mí. Se puso a mi lado, e intentó trastear con las esposas, pero no pudo quitármelas, ni encontrar ninguna salida abierta del tubo de la calefacción. Yo ya lo había intentado, y sabía que no iba a poder hacer nada. Los tíos llegaron en seguida, uno la cogió por debajo de las axilas, la levantó como a una almohada y la llevó de vuelta al centro del salón, donde la rodearon entre todos y empezaron a manosearla por encima de la ropa.


Ella se movía salvajemente, pataleando y agitando los brazos, golpeándolo todo sin parar. Todos se llevaron golpes y porrazos, pero eran como piedras, implacables y siguieron metiendo mano sin parar. Entonces lo entendí. Estaban mareándola un poco, para que se cansara. Le daban un poco de libertad, un hueco abierto, para que saliera corriendo, y luego la cogían de nuevo. Ahora la estaban tanteando, sujetándola un poco flojo para que ella peleara, gastara todas sus fuerzas y se cansara. Ya se la podía oír respirando fuertemente por la nariz, ya que no podía jadear por la boca. - ¿Eso es todo lo que puedes hacer?- dijo el que estaba a su espalda. Le cogió un brazo y se lo puso a la espalda. Luego se lo unió con el otro. Le sujetó las dos muñecas con una sola mano, y con la otra cogió unas esposas del bolsillo y se las puso. Entonces la soltaron y ella salió corriendo hacia la puerta, pero atada y amordazada, no pudo abrirla porque el pomo era redondo. Los tíos fueron detrás andando y riendo. Ella se puso de rodillas, e intentó agarrar el pomo con el cuello y el hombro pero fue inútil. Pegó un grito de impotencia, que fue ahogado por la mordaza. - Bueno ya está bien de juegos putita. Ahora nos toca disfrutar a nosotros- la levantaron del suelo y la arrastraron hasta el centro del salón. Otro tío, cogió el sofá, lo movió y lo puso con el respaldo mirando a la cocina, en el centro de la casa, justo enfrente mía, a escasos metros. Iba a tener un primer plano de todo lo que ocurriese, y afortunadamente seguía dentro del plano de la cámara del portátil. Los tíos sabían lo que se hacían, sin duda. Mientras uno la agarraba por la espalda, los otros tres se pusieron frente a ella-. Ahora vamos a quitarte esa mordaza. Tenemos muchas cosas pensadas que puedes hacer con esa boquita y con eso puesto no vas a poder. Así que quiero dejarte una cosa clara- de repente el tío se sacó del pantalón un puñal enorme, de 30 centímetros de hoja. Yo me quedé helado, y Ana dejó de moverse de repente, mirando fijamente el cuchillo. ¿Debía de ser de mentira no?- Si gritas, te cortó la lengua. ¿Está claro? Entonces le separó el jersey del cuerpo, metió el cuchillo dentro y lo atravesó hacia fuera. No era de mentira. Se estaban pasando bastante. Hubiera gritado la palabra de seguridad pero sabía que no se me iba a entender. Tampoco me atreví ni si quiera a gritar un intento. Tenía bastante miedo. ¿Quién me aseguraba que ahora mismo esos tíos estaban a nuestro servicio? Ahora mismo podían hacer lo que les diera la gana. Mientras tanto el tío siguió cortando el jersey de arriba a abajo, se lo quitó y lo tiró al suelo.


Después llevaba una camiseta interior de algodón de manga larga que tuvo el mismo final que el jersey. Ana se quedó en sujetador, un sujetador blanco con escote. La verdad es que tenía unas buenas tetas. Hacía tiempo que no la veía desnuda y me impresionó de nuevo como el primer día. Le cortaron también el sujetador y dejaron sus tetas al aire. Uff, menudos pechos. Qué pezones, tan marcados y duritos. El tío que la sujetaba a la espalda, la seguía arqueando para que resaltaran más. Todos se quedaron mirándolos, exclamando de placer. -Uf, madre mía que par de tetas. Que bien nos lo vamos a pasar. -Di que sí, mira, mira, mira, madre mía- dijo otro, acariciándole el cuello y bajando por el esternón hasta los pechos, dando un par de vueltas con el índice a la aureola, que se puso con carne de gallina. Culminó con un pequeño pellizco en el pezón, causando un estremecimiento en todo el cuerpo de Ana. Estaba colorada-. Que ricura- el tío soltó el puñal mirando hacia abajo y este se clavó en el parqué. Después procedieron a quitarle las botas y los pantalones, dejándola sólo con los calcetines y las bragas. Llevaba unas bragas negras bastante feas, de 1€ el paquete de tres y calcetines gordos y largos de invierno. Pude ver que no estaba depilada. la concha hacía ya mucho tiempo que no se lo depilaba, pero tenía también descuidada la zona de la ingle, las piernas y las axilas. Era invierno, y llevábamos más de dos meses sin hacer nada, así que era normal. Si lo llega a saber, seguro que se hubiera preparado mucho más, pero claro era una violación al fin y al cabo y seguro que en ese momento eso era lo último que le preocupaba. Los tíos tampoco hicieron ningún comentario, y siguieron contemplándola. Fue entonces cuando le quitaron el celo y le sacaron el calcetín de la boca -Por favor, por favor…- fue lo primero que dijo, aunque en voz baja-. Tenemos dinero, podéis llevaros lo- ¡Zas! Guantazo en la cara. Eso le cortó el habla de golpe. - Yo qué te he dicho- dijo el que le había cruzado la cara-. Como vuelvas a hablar te vas a arrepentir ¿está claro?- Se habían pasado ya. Les dije claramente que nada de violencia física.


La bofetada no parecía que hubiera sido muy fuerte pero aun así no me estaba gustando aquello. Intenté gritar la palabra de seguridad, pero con la mordaza no pude. Los tíos me ignoraron, ya que con la tele apenas se me oía-. Ahora te vas a poner de rodillas y nos la vas a chupar uno a uno- Ana empezó a negar con la cabeza suplicando con los ojos-. Sí, sí. Y sino, vamos a ir y patear a tu novio. ¿Prefieres eso? No, ¿verdad? Pues ala. Baja. El que estaba a su espalda, empezó a empujarla por los hombros hacia abajo, aumentando la fuerza hasta que finalmente ella cedió y se puso de rodillas. Entonces los tíos empezaron a desabrocharse el cinturón, y bajarse los pantalones. Tenían ya las pijas tiesas, y las colocaron a su alrededor, igual que en la foto de internet. Ana miraba de un lado a otro sin saber por dónde empezar. - Vamos puta, a qué esperas- dijo uno, agarrándola del pelo y atrayéndola hasta su nabo. Se lo metió en la boca y la soltó, para que Ana empezara a moverse y a chupársela. Era una imagen bastante morbosa. Yo la tenía dura y me moría por meneármela, pero en la posición en la que estaba me era imposible. Yo ya no me acordaba de lo que se sentía cuando te hacen una mamada, del tiempo que había pasado. Ahora esos tíos iban a descubrirlo de primera mano, mientras yo miraba a escasos metros. Ana siguió moviendo la cabeza hacia delante y hacia atrás lentamente, mientras el tío gemía y los demás miraban, pajeándose. Llegado un momento, como iba muy lenta, el tío le cogió la cabeza con ambas manos, y empezó a metérsela como si fuera una concha, empezó a follarle la cara a toda velocidad y empujando hasta el fondo. Le provocó arcadas e hizo que escupiera grandes cantidades de saliva que cayeron al suelo. Le empezaron a llorar los ojos, pero no podía hacer nada para pararlo con las manos a la espalda. Estuvo así un minuto, y luego se la sacó, dejando que Ana pudiera respirar y escupir una gran bola de saliva acumulada de la que gran parte le cayó en los pechos. El segundo sustituyó al primero sin dejarle tiempo a descansar.


Ana esta vez no puso demasiada resistencia y se limitó a hacerle una mamada también. El primer tío terminó de desnudarse, se sentó detrás de ella en el sofá y empezó a magrearle las tetas por detrás, mientras ella seguía con su tarea. Ana gimió, no sé muy bien si de queja o de gusto. - Más rápido concha- se quejó el tío. Ana no tenía mucha práctica chupando pijas, y no conseguía alcanzar gran velocidad. Usando además sólo la boca, y en una situación así, se le hacía mucho más complicado. El tío le sacó la pija de la boca, Ana la dejó abierta un instante para coger aire, momento en que él aprovechó para acercarse y escupirle dentro. Los tíos vitorearon. Ana pegó un pequeño grito, pero no le dio tiempo a mucho más, ya que el tío enseguida le metió la pija de nuevo y empezó a follarle la cara como hizo antes el otro. Éste estuvo más tiempo. Paraba unos segundos para que Ana pudiera escupir y respirar pero inmediatamente volvía a metérsela. El resto esperaba pacientemente a su alrededor, mirando y meneándosela. El que estaba sentado a su espalda, no dejaba de tocarle con suavidad los pechos, la barriga, en incluso bajó una vez a su entrepierna, para tocarle la concha un poco por encima de las bragas. También se dedicaba a distribuir la saliva que le caía de la boca por los pechos, dejándolos mojados y brillantes. Cuando por fin el tío se cansó de la mamada, le siguió otro y después el otro. Para el cuarto, Ana ya se había acostumbrado, y podían follarle la cara sin apenas parar y sin que le dieran arcadas. Así estuvieron bastante rato. Cuando se las había chupado a todos y habían quedado satisfechos, la pusieron en pie y le quitaron las bragas. Ana enseñó su pubis, con el pequeño bulto de vello. - No, por favor…- murmuraba Ana en silencio, pero no le hicieron caso. - Uf, mira como tiene las bragas- dijo el tío rubio, que se las había quitado, enseñándoselas a los demás-. Están empapadas. Será guarra la tía, si está hasta disfrutando - se acercó a mí riendo, y me restregó la parte dla concha de la braga por la cara. Pude sentir la humedad-. Vaya puta está hecha tu novia- me paso las bragas por encima de la cabeza, y me las dejó como collar. Después volvió con los otros. Pude empezar a notar el olor a concha que emanaba de las bragas-. Verás ahora, a ver si esto te gusta tanto puta. La pusieron de rodillas sobre el sofá, apoyándole el pecho en el respaldo.


Un tío se puso por detrás del sofá, empujándole los hombros hacia abajo para que no se incorporara, mientras los otros tres se pusieron junto a ella. En esta postura estaba totalmente en pompa, dejando su concha y su culo expuesto, apuntando directamente a mí. Podía verle perfectamente su hermosa concha brillante. Era cierto que estaba mojada. Después de unos segundos de contemplarla, el tío bajito me tapó la vista al ponerse detrás de ella, le tocó un poco la concha, y acto seguido se agarró el nabo y se la metió de golpe, arrancándole un grito a Ana. -¡Ah! ¡No!, Por favor, dejadme, ¡no!- El que se encargaba de sujetarla contra el respaldo, le buscó la boca y le metió la pija para callarla, de modo que sólo se oían gemidos ahogados. -Uf, que estrechito tienes la concha, ¿no? ¿Te lo follan poco verdad?- la agarró de las caderas, y empezó a embestirla con fuerza-. Si, te lo deben de follar poco, uff, que gusto, si, puta sí. Desde esa posición, yo no podía ver mucho, sólo al tío desnudo frente a mí, su culo y como se movía adelante y atrás. De Ana solo podía ver las piernas, apoyadas en el sofá a ambos lados del tío, que estaba entre ellas embistiéndola. Le daba fuertes cachetes en el culo, y también le agarraba las tetas desde atrás para atraerla hacia sí y embestirla con más rapidez. Se la folló con fuerza y sin parar durante unos minutos, mientras Ana gemía entrecortadamente, por las embestidas y por la pija que tenía en la boca. Cuando el tío empezó a gemir con más fuerza, se la sacó y empezó a meneársela mientras los demás tíos cogían a Ana del sofá, le dieron la vuelta y la pusieron de nuevo de rodillas en el suelo. -Abre la boca. Abre la boca puta- le cogió las mejillas con una mano y se las aplastó, para abrirle los labios. Entonces meneándosela se corrió en su cara. La mayoría de los chorros fueron a parar a la frente, al cuello y a los labios. En la postura inclinada que estaba, algunos churretes se deslizaron al interior de su boca-. Si, toma mi corrida… Seguro que te encanta- cuando se la terminó de escurrir bien, se soltó la pija y con la mano le extendió todo el semen por la cara, para manchársela entera.


Luego se acercó y le escupió encima de toda la lefa. Tras quedarse a gusto la volvieron a poner en la misma posición sobre el sofá. El que se acababa de correr ayudó a sujetarla, y el rubio ocupó su lugar detrás para follársela. Ana no tenía ni un segundo de descanso. Este hizo lo mismo que el primero para correrse. Cuando iba a follársela el tercero, pude ver que tenía la concha muy abierto, y rojo. Este prefirió correrse sobre su pecho, pero también se encargó de restregárselo por las tetas, hasta que dejó de ser espeso. Con el cuarto, Ana tenía ya los muslos y las nalgas coloradas. El último se corrió dentro. Me asaltó de nuevo el temor que había estado intentando ocultar desde que contacté con ellos. Se le acababa de correr dentro, y ella no usaba ningún tipo de anticonceptivo… Aunque claro, ellos creían que sí. En realidad, aunque el último tuviera más posibilidades, cualquiera de los otros podría haberla preñado también porque no habían usado condón ninguno, y alguna chispa habría entrado. Si se quedaba embarazada, cualquiera de ellos 4 podría ser el padre. Cualquier menos yo, porque desde la última vez que lo hicimos, ya había dado tiempo a que se le notara la barriga. - Tío, le has dejado todo la concha manchado, que cerdo eres- se quejó uno, cuando se dio cuenta que su amigo se había corrido dentro. -Bah, no pasa nada. Será por agujeros, jaja. -Tiene razón. Aún nos queda uno que no hemos probado. Noté como Ana empezaba a forcejear con más fuerza, y a gemir más alto al escuchar lo que estaban hablando los tíos. Yo también lo entendí. ¿Iban a darle por el culo? No serían capaces. En verdad no habíamos hablado de ello, ahora que lo pensaba. Yo había dicho que no había límites, salvo el dolor físico. Pero estaba claro que eso le iba a doler, los tíos la tenían muy grande y ella nunca lo había hecho por el culo. En nuestros mejores años, lo intentamos un par de veces, pero no le entraba, yo empujaba poquito a poco pero le dolía, y de esperar perdía la erección. Luego pasó lo que pasó, y dejamos de intentarlo. La cogieron y la tumbaron boca arriba sobre el sofá. La arrastraron hasta el borde, poniéndole las caderas sobre el reposabrazos, echándole las piernas arriba y pegándole las rodillas al pecho, de modo que la pelvis le quedaba elevada, y el culo bien expuesto. Un par de tíos se pusieron a su lado, manteniéndole las piernas hacia atrás.


No, por favor, eso no, ¡dejadme joder!- podía decir que no todo lo que quisiera, no serviría de nada. Mientras no dijera la palabra de seguridad, iban a seguir adelante. Claro que ella no conocía la palabra de seguridad. - Cállate perra- dijo uno de los que la sujetaba y le escupió-. Te vamos a follar el culo te pongas como te pongas. El que se había corrido primero, ya tenía la pija otra vez tiesa, así que fue el que empezó. Se puso en el extremo del sofá, flexionando las rodillas para que su pija quedara a la altura del culo. Le limpió un poco la concha con la camiseta interior de Ana que estaba en el suelo, probablemente de semen, que empezaba a chorrear hacia fuera. Luego le empezó a lamer el culo. Ana se retorcía con fuerza e intentaba gritar, pero la tenían sujeta perfectamente. Un tío por detrás del sofá le sujetaba una pierna y otro al otro lado le sujetaba la otra. Un tercero estaba sentado junto a ella, sujetándole la boca para callarla. Ninguno se perdía el espectáculo y miraban atentamente como el último tío en cuclillas le trabajaba el culo con tranquilidad. El tío parecía saber lo que hacía. Tenía la cara metida en sus nalgas, para chuparle bien el agujero, al tiempo que le acariciaba el clítoris. Con la concha empapado el roce sin duda le tenía que estar gustando, haciendo que se relajara y dilatara el esfínter. La conocía y sin duda en ese momento Ana tenía que estar disfrutando, de toda la atención que estaba recibiendo. Tenía 4 tíos a su alrededor, concentrándose en ella. Cuando el tío dejó del masturbarla, para empezar a meterle un dedo en el culo, otro lo sustituyó, de modo que siempre había alguien acariciándole el clítoris y otro los pechos. El tío se tomó su tiempo, y lo hizo con suavidad. En ese momento, no parecía una violación, más bien una orgía. Le metió un dedo lentamente, muy lubricado, y luego lo sacó. Empezó a meterlo y sacarlo, siempre escupiendo para tenerlo totalmente mojado.


Ana estaba tranquila y quieta, incluso sus gemidos podían parecer de placer en esos momentos. Luego hizo un intento de escapar y algún movimiento brusco cuando el tío fue subiendo de nivel, y le metió dos dedos. Podía intentar moverse todo lo que quisiera, pero era inútil. Estuve un rato centrándose en su culo, con los dos dedos metidos dentro hasta el fondo, al tiempo que intentaba separarlos para abrirle más el ano e incluso le comió la concha un poco mientras esperaban que el esfínter se le dilatara. Finalmente, volvió a ponerse de pie y le puso la punta del rabo en la entrada del ano. Ahora que lo pensaba, de todos era el que más pequeña tenía la pija, de modo que sí que sabían lo que se hacían. Le dejaban a él primero para ir allanando el camino. Con un constante pero lento movimiento de cadera, empezó a empujar hasta que le entró la punta por completo. Ana gritó con fuerza y empezó a patalear como histérica, intentando zafarse. El tío en cambio siguió a lo suyo. La dejó un minuto allí dentro, sin moverla, esperando que el culo se acostumbrase, hasta que Ana amainó los movimientos. Entonces empezó a empujar poco a poco. El culo de Ana se la tragó enterita, hasta que sus huevos chocaron contra las nalgas. Entonces la sacó lentamente y la volvió a meter, no sin antes lubricarla de nuevo abundantemente con saliva. Fue metiéndola y sacándola lentamente y después aumentando la velocidad. Otro de los tíos no dejaba de masturbarla y Ana gemía. Hubo un momento que gimió tan fuerte, que podría jurar que había tenido un orgasmo, porque fue algo puntual, luego volvió a gemidos más suaves de nuevo. Esperaba que así fuera y que estuviera disfrutando, aunque era difícil distinguir qué tipo de gemidos eran. Yo entre tanto seguía con la pija dura, y sin perder detalle. Cuando el tío consideró que Ana tenía el culo ya preparado, ya que no notaría tanta resistencia, empezó a follársela con más fuerza, como si le estuviera follando su concha. Después de varios minutos la sacó y se corrió fuera, salpicándole las piernas, la barriga y los pelos del pubis. Al sacarla de su culo de golpe, se escucharon un par de pedos involuntarios que Ana no pudo contener. Los tíos lo ignoraron y siguieron a lo suyo.


El segundo tío ocupó su lugar, escupió un poco, y se la metió. Este no fue tan considerado, y de inmediato empezó a follársela como un salvaje. Ana ya no oponía mucha resistencia, y se dejaba hacer. Entre tanto, como ya no costaba sujetarla, el que estaba sentado a su lado tapándole la boca se separó, y se subió de pie al sofá. En esos instantes que Ana tenía la boca libre, pudo gemir con libertad y distinguí claramente gemidos de auténtico placer, gemidos que yo me conocía bien, aunque hacía ya tiempo que no escuchaba. Tenía los ojos cerrados y gemía bien a gusto, sin cortarse. Eso me relajó y me puso aún más como una moto. Sin embargo no pude escucharla mucho más, ya que de repente el tío que se había subido en el sofá, se puso de cuclillas y le plantó el culo en la cara. Ana giró la cara para esquivarlo, pero él la hizo mirar hacia arriba con una mano agarrándola por la frente y luego se sentó encima. Ana tuvo que lamerle los huevos, y después también toda la raja del culo, ya que el tío movía la pelvis adelante y atrás restregándole el culo por toda la cara. Los tíos cada vez iban más lejos, supongo que a la espera de que ella dijera la palabra de seguridad amarillo, que indicaría que se estaban pasando, y que tenían que bajar el tono, pero como Ana no decía nada, usaban su imaginación y le hacían más y más guarradas. Cuando el segundo se cansó de follarle el culo, la sacó y se corrió también sobre su barriga. -Será guarra la tía, me ha manchado- dijo el tío, mirándose la pija. Ana nunca iba al baño en la oficina, y había pasado allí todo el día, así que no podía estar muy limpia. Si le partías el culo con dos pijas enormes, no sé por qué se extrañaban. La situación cada vez se ponía más embarazosa. El tío cogió la camiseta interior de Ana del suelo se limpió por encima y luego se puso junto a Ana en el sofá, para que ésta se la chupara. -Ahora vas a limpiarme, por perra. Chúpamela, venga- Ana no se resistió y empezó a lamerle el pene para limpiarlo, que estaba ya un poco flácido. Mientras otro tío ocupó su puesto en el culo. Al terminar, fue directamente a correrse en su cara, para que Ana se la limpiara también.


El último, el rubio no se la folló tumbada. La pusieron de pie, le quitaron las esposas y el tío musculoso que la agarró al entrar en casa, la cogió a horcajadas agarrándola por las nalgas para levantarla. Ana se le agarró a los hombros para no caer. Aquello definitivamente no tenía ya nada que ver con una violación. Ana se empezaba a desenvolver con soltura entre los tíos, no sólo dejándose hacer, sino siguiendo los movimientos y ayudándoles a cogerla y follarla. Pude ver claramente como cuando al levantarla, ella se encaramó y se agarró bien al tío, rodeándole con las piernas, y cruzándolas a su espalda para no caer, al tiempo que lo rodeaba también con los brazos. Incluso pude ver, cuando sus caras se acercaron en el momento de levantarla, como sus labios pasaron cerca y casi se besaron. Fue sólo un fugaz instante, pero a mí se me hizo muy evidente. Ana abrió la boca un segundo, en un amago de recibir la lengua del tío y besarse apasionadamente. Por un momento creí que ella iba a besarlo a él, pero se contuvo, giró la cara y apoyó la barbilla sobre el hombro del tío, manteniendo la cara a distancia, quizá para evitar la tentación. El tío que faltaba por follarle el culo se puso por detrás, entonces la dejaron caer un poco y se fue empalando la pija por la gravedad. El que estaba delante, aprovechó que ya la tenía dura de nuevo para metérsela por la concha también. Entre los dos la levantaban y bajaban para follarla al mismo tiempo. El de delante la levantaba por las nalgas, y el de atrás le tenía las manos en las axilas, a ambos lados del pecho. Ana también participaba, y pude notar claramente como se le ponían duros los músculos de los brazos, muestra de que estaba usándolos para apoyarse en los hombros del musculitos, para subir y bajar. También pude notar como movía la pelvis, adelante y atrás, para restregar probablemente su clítoris contra el pubis del tío, que al tocarse con sus pelillos le provocaría probablemente un agradable roce. Era una escena de lo más erótica. Los tres se complementaban perfectamente después del primer minuto de confusión, cuando intentaban colocarse, habían encontrado un perfecto equilibrio, y los tres se movían al compás, disfrutando entre ellos al tiempo que hacían disfrutar al otro.


Formaban un buen trío, parecía mentira que acababan de conocerse y era la primera vez que follaban. Cualquiera que los viera podría decir que tenían años de práctica juntos. No recordaba que ni yo mismo hubiera tenido esa complicidad con ella en la cama. Y eso que eran tres, que era más difícil encontrar un acuerdo. Pero allí estaban, pegados, restregándose sincronizados, completamente fusionados. Cuando uno hacía un movimiento, el otro entendía lo que quería y le respondía con otro movimiento acorde, que encajaba perfectamente. La postura debía cansar, los tres brillaban en sudor, que se mezclaba, de modo que era imposible saber a quién pertenecía cada gota. Hubo un momento en que Ana, que tendría ya las piernas cansadas de estar encaramada y agarrada, resbaló un poco, también a causa del sudor. Ellos en seguida lo entendieron, y ambos se movieron un poco para agarrarla mejor. Uno la cogía por los muslos y el otro por las nalgas, para sostenerla mejor en el aire y que Ana no tuviera que hacer ningún esfuerzo. En ese movimiento, se dejó echar un poco atrás, apoyando la espalda sobre, momento en el que volvió a encontrarse cara a cara con el tío musculoso. Sus bocas quedaron a escasos centímetros, y se miraron un segundo a los ojos. Esta vez no se lo pensaron y empezaron a besarse. Pude ver como ella abría la boca y el tío le metía la lengua, cerrando ambos los ojos. Juraría haber visto que la lengua de Ana también se movía, y salía para introducirse en la boca de él. Estuvieron unos minutos liándose, rotando las cabezas, y babeándose la boca, sin parar de moverse y follar. Entonces el que estaba a la espalda, metió una mano entre ambos, para separarlos un poco al tiempo que le agarraba una teta a Ana. Ella notó el gesto, rompió el beso con el tío musculoso, giró la cabeza hacia atrás, y empezó a buscarle la boca al otro. Se giró un poco para mayor comodidad, poniéndose casi de lado, y pasando un brazo por encima del tío a su espalda, al tiempo que tenía el otro sobre los hombros del que estaba delante, formando una especie de puente. Siguieron liándose un rato, mientras le tocaba un pecho, al tiempo que el otro tío le besaba el cuello, y le agarraba la otra teta. Yo aunque estaba muy cachondo, empezaba a sentirme incómodo y ponerme colorado.


La química que había entre ellos era más que evidente, incluso para los otros dos tíos, que hasta entonces habían estado sentados en el sofá pajeándose. Ahora que habían empezado a besarse, incluso decidieron darles un poco de intimidad, y se fueron a la cocina a beber agua y después también al baño, para hacer tiempo. Desde entonces no pararon de besarse. Se habían olvidado por completo de que yo estaba allí. Yo me limitaba a mirar en silencio con envidia el espectáculo. Siguieron follando, pero estaban continuamente enzarzados en un apasionado beso, Ana iba pasando de uno a otro. Así estuvieron un buen rato, fusionados en uno sólo, hasta que llegó un momento por fin, en el que mientras se liaba con el tío musculoso, rompieron el beso al abrir la boca, porque ambos empezaron a gemir. La nariz aun la tenía pegada, y sus bocas casi juntas se jadeaban la una a la otra, gimiéndose, anunciando que estaban a punto de correrse. Seguían mirándose intensamente el uno al otro, observándose los gestos de placer en el rostro. El rubio, que estaba a la espalda lo notó enseguida y empezó a moverse más rápido, para llegar al orgasmo también junto a ellos. Ana le agarró el pelo con pasión al tío musculoso, acercándolo más aun a su boca. Las tenían completamente pegadas, respirándose dentro el uno al otro, gimiendo cada vez más fuerte. Se restregaban cada vez con más fuerza, hasta que ambos se fundieron en un gran gemido, jadeando y corriéndose. Ellos dos terminaron antes, pero el tercero supo darse prisa y sincronizarse, consiguiendo acabar unos segundos después. Ninguno paró los movimientos hasta que todos habían terminado. Tras correrse los tres, empezaron a disminuir la velocidad de los movimientos progresivamente, hasta quedarse quietos, aun abrazados. Ana todavía besó una última vez a ambos antes de que estos la soltaran en el suelo con dificultad, ya que los tres estaban probablemente entumecidos. Fue un instante raro e incómodo, como un despertar, como volver a la realidad. Nadie lo diría, pero la verdad es que había 4 desconocidos en casa que estaban violando a Ana. Al separarse los tres tuvo lugar un momento raro, incluso para los tíos.


Los tres se miraron sin saber muy bien qué hacer. A Ana le chorreaba semen por los muslos, de las dos corridas que le acababan de echar dentro. Pareció bastante tiempo, pero en realidad sólo fue un par de segundos de miradas incómodas. Y por increíble que parezca, teniendo en cuenta que ellos eran profesionales, fue Ana la que rompió el silencio y supo continuar. Yo me quedé sorprendido, no me lo esperaba en absoluto y probablemente ellos dos tampoco. Ana, esta vez por iniciativa propia, empezó a ponerse de rodillas indecisa. Ellos no dudaron ni un momento, en seguida entendieron lo que hacía y se acercaron para que ella pudiera chupársela. En seguida volvieron a conectar, ella vio que ellos aceptaban la situación, se terminó de arrodillar y les agarró las pijas, que empezaban a perder la erección, para chupárselas y limpiárselas. Era increíble que ella misma hubiera arrancado esa situación, había salido de ella misma. En realidad, era lo que había estado haciendo, supongo que no tuvo que pensarlo porque era seguir la misma mecánica que con los otros tíos, después de follársela, tenía que chupársela y limpiársela; pero aun así no me lo esperaba, porque lo hizo del tirón sin que le dieran ninguna orden. Mientras tanto, los otros dos tíos que estaban empezando a aburrirse de quedarse al margen, decidieron entrar de nuevo en acción. Habían llegado de nuevo al sofá, y se pajeaban poniéndosela dura de nuevo. ¿No se iban a cansar nunca? -Mira, si el marido está hasta cachondo- dijo uno refiriéndose a mí. Ana dio un pequeño brinco al oírle hablar. Llevaban bastante tiempo todos en silencio, y probablemente después de la gran escena erótica que había vivido, casi se le había olvidado que había más gente en la habitación. El tío, que no sabría muy bien cómo romper esa conexión que había surgido en el trío, decidió tomarla conmigo. Yo que estaba concentrado en Ana mamándola, también salí de mi letargo y miré al que me hablaba, que señalaba a mi pija.


Efectivamente, toda la escena me había puesto muy cachondo. Como no me podía tocar, se me bajaba la erección, pero volvía al rato. En ese momento tenía un buen bulto en el pantalón y ellos se habían dado cuenta-. Jaja, le gusta mirar, al maricón. -¿Te gusta mirar eh cornudo?- dijo otro de ellos, centrándose en mí también-. Pues vas a mirar bien. Con esta excusa, ya pudieron volver a unirse a los otros dos, que tenían ya la pija bien limpia y tenían que dejar turno a los demás. Cogieron una silla y la pusieron justo enfrente con el respaldo hacia mí. Luego llevaron a Ana y la sentaron, con las piernas bien abiertas, mirándome. Sus brazos apoyados en el respaldo, y la cabeza sobresaliendo por encima, para que pudiera verle bien la cara. Estaba colorada, y evitaba mirarme directamente a los ojos. La sentaron justo en el borde del asiento, dejándole las nalgas fuera. Entonces se pusieron detrás, se agacharon un poco y empezaron a follarse el culo de nuevo, que estaba bien lubricado de la follada que acababa de recibir. Ana gemía. Cerró los ojos para evitar mirarme, pero su cara era de auténtico deseo. Llamadme loco, pero me dio la impresión de que podía leerle el pensamiento. Estaba seguro de que en ese instante imaginaba que el que le follaba el culo era o el tío musculoso o el rubio. Yo estaba allí con una erección de caballo y sin poder hacer nada, mientras miraba en primer plano como entre los 4 se la follaban una y otra vez. Estuvieron allí por lo menos un cuarto de hora sin parar. Cada uno se la follaba a su manera. Uno le agarraba del pelo, otro le sobaba las tetas, otro la chupeteaba. Cuando le llegó el turno al tío musculoso, pude notar como en seguida surgió la química de nuevo. Ella no miraba hacia atrás, no sabía quién la follaba, pero cuando este tío empezó a metérsela, lo hizo suavemente, con ternura, agarrándola por detrás, rodeándola con los brazos y acariciándole ambos pechos. Ella no sé cómo se dio cuenta, o al menos sospechó que era él, porque abrió los ojos y giró la cabeza. Al verlo confirmó sus sospechas, y empezaron a besarse de nuevo. Seguía acariciándole los pechos y las aureolas, hasta agarrarle los pezones, y apretarlos poco a poco, cada vez más fuerte hasta que Ana rompió el beso al abrir la boca de dolor.


Entonces los soltó y los acarició de nuevo con suavidad, al tiempo que volvía a besarla. Esta vez no tardó tanto, se corrió rápido y otro tío lo sustituyó, a lo que Ana volvió a cerrar los ojos y dejarse hacer. Por último le tocó al rubio y para eliminar toda sospecha, efectivamente al verlo, volvió a hacer lo mismo, girarse y besarlo, moviéndose también y acariciándolo. Se gustaban, y a ella se le notaba que prefería que l follaran ellos dos. Cuando habían acabado los cuatro, por fin se levantaron, sudando, con las primeras muestras de cansancio manifestándose en forma de jadeos y suspiros. Se habían corrido ya 3 veces o más casi de seguido. -Bueno, ya has disfrutado bastante cornudo. Seguro que te ha gustado, ¿eh? Ahora nos toca disfrutar a nosotros. Si no te importa, queremos tener nuestra intimidad. Cogió a Ana de la cintura, se la puso sobre el hombro haciendo que se le escapara un pedo al apretarle la barriga y los 4 se la llevaron al dormitorio. La escena enloquecería a cualquiera. Un tío con tu novia en brazos, desnudo, llevándola al dormitorio y 3 tíos detrás siguiéndoles con el culo al aire también, todos dispuestos a follársela una y otra vez en tu propia cama. Yo traté de gritar y gemir, quejándome. Ese no era el trato, se suponía que tenían que estar en el salón, para yo poder mirar. Me ignoraron. Entraron en el dormitorio, pero no cerraron la puerta. Desde esa posición no podía ver la cama, pero sí podía oír claramente todo. La tiraron sobre la cama, un par de ellos se subieron también. Se escuchaban claramente los movimientos de ésta, que crujía con las embestidas, y se chocaba contra la pared. Debían estar follándosela de nuevo. Ana gemía, aunque cada vez con menos intensidad. Debía de estar agotada. Esa situación era aún más frustrante. El no saber qué estaba pasando. Se escuchaban todo tipo de cosas, desde el somier, golpes, gemidos de tíos y de Ana, cachetadas, algunos sonidos inidentificables… Intenté asomar el cuello, pero no pude ver nada. Sólo me quedaba esperar y seguir escuchando cómo violaban a mi novia en mi dormitorio. Hacía ya una hora que habían entrado en la habitación. A mí me había parecido mucho más tiempo, pero sabía que era una hora porque veía el reloj de la cocina desde mi posición. Rondaba ya la una de la mañana. No podía imaginar que estaban haciendo aún allí dentro. A Ana hacía ya tiempo que no se la oía.


Lo que sí se escuchaba aún era el sonido de la cama, moviéndose por los meneos. Eso no había parado ni un sólo segundo desde que entraron. Se escuchaban también de vez en cuando gemidos guturales de los tíos, posiblemente corriéndose, aunque de ser así, se habrían corrido ya 3 veces cada uno por lo menos. También se escuchaba el choque de cuerpos y algún tortazo que resonaba en todo el piso. Yo no podía más que esperar. Seguía teniendo erecciones esporádicas, pero me había resignado ya al placer físico. Me dolía cada vez más la espalda de la posición, ya no conseguía encontrar una postura cómoda, tenía el culo dormido y los brazos doloridos. A eso de la 1:30, escuché otro gran gemido de uno de los tíos que pasó desapercibido para mí porque estaba ya acostumbrado a oírlos, pero segundos después, la cama dejó de crujir y moverse. Se hizo el silencio y eso me sacó de mi letargo. ¿Habrían terminado? Volvió a oírse la cama moverse un momento y luego pisadas, que se movían por el cuarto. Al cabo de un par de minutos, empezaron a salir 3 tíos, con las pijas colgando, morcillonas, y empapados en sudor. Uno de ellos se secaba un poco con una de nuestras toallas. Cómo la habrían dejado a ella. Sonreían satisfechos, mientras buscaban su ropa por el suelo, y se la iban poniendo. El que faltaba, el tío musculoso, salió un par de minutos después. No sabía en ese momento por qué se había retrasado. No me miraban, y pasaron de mí en todo el tiempo, hasta que al final, los vi dejar la llave en la encimera de la cocina, y se dirigieron a la puerta. Supongo que no querían romper la fantasía que habían estado manteniendo, diciéndome algo que demostrara que nos conocíamos de antes, así que se fueron así sin más. Antes de salir, el tío bajito se acercó, y me quitó las esposas, mis brazos cayeron muertos al suelo, dormidos. - Mis calcetines te los puedes quedar de recuerdo. Te los regalo. Luego se dirigió a la puerta con los demás y se fueron, cerrando tras de sí. La casa se quedó en silencio, ahora que estaba sola, me di cuenta de nuevo de que la tele sonaba bien alta. Me levanté, dolorido y la apagué. Me dolía todo, y me crujió medio cuerpo al estirarme. Ana seguía sin hacer ni un sólo ruido.


Estaba preocupado, pero me aterraba ir a la habitación. Era el momento de la verdad, y no sabía si iba a ser capaz de enfrentarme a él. ¿Estaría aterrorizada? ¿Deprimida? ¿Traumatizada? Estaba claro que en la parte final había disfrutado pero aun así, qué sentiría ahora que la excitación habita terminado. ¿Se sentiría usada? Finalmente me armé de valor. Fui a parar el video del portátil y luego caminé hasta la habitación y me asomé un poco. Dentro hacía un calor tremendo, ya que la calefacción seguía puesta más alta de lo normal, olía a sudor y sexo. Ana estaba tumbada en la cama, boca arriba, con los brazos y las piernas estirados, formando una estrella. Me di cuenta que tenía los brazos atados a los barrotes del reposacabezas, una muñeca a cada esquina, con un par de corbatas. Los tobillos también los tenía atados del mismo modo en las esquinas inferiores, aun con los calcetines puestos. Eran corbatas mías, que habían cogido del armario. - ¿Ana…?- dije tímidamente. No me contestó. Entré en la habitación y me fui acercando a ella. Todos los cubrecamas estaban por el suelo, sólo quedaba puesta las sábanas, que estaban revueltas, y empapadas. Ana brillaba en sudor. También, conforme me acercaba, pude ver manchas y grumos blancos de semen por su cuerpo, desde la barriga y el vello púbico hasta el cuello y la cara. Tenía el pelo revuelto y por la cara, y tenía los ojos cerrados. Un terrible pensamiento me asaltó, e hizo que se me encogiese el pecho, pero pude ver inmediatamente que respiraba, y me tranquilicé. Tenía las piernas suficientemente separados para ver un poco los labios vaginales, que los tenía hinchados, salidos y rojos. Me quedé un rato allí de pie, pero como no hacía nada, volví a repetir. - ¿Ana? Entonces abrió los ojos y me miró. Nos miramos unos segundos. No supe descifrar sus ojos. Entonces movió una mano, indicándose que me acercara a ella. Hizo un gesto con las manos atadas, intentando liberarse, por lo que rápidamente la desaté. Se encogió, y se quitó el pelo de la cara, para mirarme más claramente. Alargó el brazo para agarrarme de la camiseta, y acercarme hacia ella, hasta colocarme encima, a escasos centímetros de su cara. - Fóllame…- susurró. Su aliento olía mucho a semen, e incluso pude ver, ahora que estaba cerca, manchas de corrida en el cuello, en la comisura de los labios, y un poco en la mejilla.


Abrió las piernas lentamente, debido al cansancio. su concha estaba muy abierto. Me quité los pantalones veloz, y me puse de rodillas entre sus piernas, sobre una zona mojada, notando la humedad en mis rodillas. No me importó lo más mínimo. No necesitaba oírlo dos veces. Me acerqué y le metí la pija de golpe, que ya la tenía dura. la concha estaba muy abierto, y tan mojado y encharcado por dentro, que el roce era demasiado suave para que me diera demasiado gusto, pero no importaba. Estaba tan cachondo que eso era más que suficiente. Empezamos a besarnos como locos, me quitó la camiseta y nos abrazamos, restregándonos, empapándome de su sudor y todos los fluidos que tenía por el cuerpo. La agarré de las dos tetas con fuerza mientras le embestía. La boca le sabía a semen, y tenía los pechos pringosos de vete a saber qué, pero no me importaba. Sólo estábamos ella y yo. En un minuto, pude notar como tuvo un orgasmo al lanzar un suspiro, aunque fue suave a causa del cansancio. Yo estaba tan cachondo que no esperé más, y me corrí también, temblando, con escalofríos por todo el cuerpo. Tuve el mejor orgasmo de mi vida. Tras terminar, me tumbé a su lado, y permanecimos en silencio. No sabía muy bien eso que significaba. ¿Le había gustado? - ¿Estás bien…?- pregunté un poco asustado. - Mejor que nunca. - Pero- - No te preocupes cariño. Sé que era un montaje. - ¿Cómo?- me dio la vuelta el corazón. - Hace tiempo que de vez en cuando miro tu ordenador, tu historial de internet, tus correos, para saber un poco más de ti. Descubrí los mensajes que le estuviste enviando a esta gente. - Ah- me decepcioné-. Entonces, se estropeo todo ¿no? ¿No te ha gustado? - Al contrario, ha sido lo mejor. De no haberlo sabido, habría tenido miedo, y no habría disfrutado realmente. Y tampoco sabía qué día era exactamente, porque dejé de leer los correos para que me sorprendiera. Llevo varias semanas cachonda, pensando que en cualquier momento me violarían. Además, sabiéndolo he podido comprar esto con antelación - sacó del cajón de la mesita una caja, con una pastilla. La píldora del día de después-. ¿Me traes un poco de agua? Me apresuré a la cocina, y le llevé un vaso de agua. Cuando se lo bebió, lo puse en la mesita, y me volví a tumbar a su lado. - ¿Te ha gustado entonces? - Si cariño, muchas gracias- nos acurrucamos y nos dormimos allí, tal cual. Al día siguiente, ambos teníamos que ir a trabajar.