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La violación de Yohana

...entonces, compadecida, me pidió que me echara de lado hacia ella apoyado sobre el codo, ella se puso en la misma posición y vigilando que nadie mirara, alargó su mano hasta la pernera de mi bañador, la introdujo hasta alcanzar mi pija y como pudo, la sacó para meneármela suavemente; no podía imprimir mucho movimiento porque se hubiera notado, se paraba a menudo cuando ella o yo veíamos a alguien que podía vernos, cuando alguien se acercó tuve que ponerme boca abajo para disimular. Al final, la Beba me dijo: -más vale que vayamos al agua, allí pasaremos desapercibidos, además tengo muchas ganas de mear, te dejaré que notes con tu mano como me sale el pis y te podrás hacer tú mismo la paja-, impaciente por comprobar esa nueva experiencia le dije: -ahora que nadie mira me voy corriendo al agua, no tardes.- Me adentré hasta que el agua me llegaba por encima de la cintura, las olas rompían entre mi posición y la playa, mientras esperaba a la Beba, que a mí me parecía se demoraba en exceso, yo no paraba de tocarme; por fin llegó a mi altura y pudimos, cogidos de la mano, adentrarnos más y alejarnos de los pocos bañistas que, cada uno a lo suyo, disfrutaban de una mar en calma y un agua templada.


Con la mano libre me saqué el bañador de una pierna dejándolo a la altura de la rodilla de la otra, cuando llegamos al sitio donde nos pareció estar libres de miradas indiscretas, me acerqué a ella para apretar mi cuerpo desnudo al suyo. Se apartó un poco de mí, hizo el movimiento inconfundible de sacarse la braga del bikini de una pierna y me dijo: -ponme la mano en la concha y notarás como meo-, así lo hice, tenía una deliciosa pelambrera y una concha grande de mujer madura y bregada que ya se lo había visto la noche anterior cuando dormía despatarrada, enseguida comencé a acariciárselo pero al momento paré para deleitarme sintiendo en las yemas de mis dedos el chorro que manaba con fuerza de su interior, era evidente que tenía muchas ganas por la cara de satisfacción que puso mientras miccionaba. Cuando terminó, buscó mi pija y comenzó a masturbarme, yo no soltaba su concha y seguía acariciando y manoseando sus gruesos labios y con la yema del dedo corazón recorría la entrada y me paraba en su clítoris que me pareció el más grande de los que había tocado...