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Mis primeras experiencias

Me inicie sexualmente a los 18 años, estando de vacaciones, visitando a unos familiares, la sirvienta de la casa, de nombre Angélica, una mujer de unos 40 años, honestamente fea pero con un cuerpo que todavía llamaba la atención y con la excusa de limpiar la habitación donde yo dormía, estando todavía acostado, empezó a platicarme varias cosas pero tendiendo a cosas sexuales, sobre mis experiencias y las suyas, buscando en cada momento acercárseme o poniéndome sus pechos, su culo o su vientre, cerca de mí, lógicamente a esa edad, no tardó mucho en lograr emocionarme , y viendo la oportunidad, buscaba tocar su cuerpo. —Órale joven, no se sobrepase, pues que se anda Ud. creyendo. Al principio haciéndose la remilgosa pero después poco a poco dejándose hacer, logro lo que ella realmente buscaba, excitarme de tal manera que cuando ella lo quiso, empezar a tocarme la verga por encima del short que yo usaba para dormir, para después pedirme que se la enseñara. —A ver joven, déjeme ver ese pedazo de carne, a ver si es cierto que ya es Ud. Hombre. Yo ya le había comentado que jamás estuve con una mujer y que me sentía cohibido con ella, pero ella siempre dueña de la situación, hizo a un lado mi ropa y empezó a masajearme la pija, para después llevársela a su boca y empezar a mamármela, hasta que logro que me viniera en su boca.


Hay mijo, pero que buena lechita tienes, dulce y tibia, un día de estos la voy a querer en otra parte. Siempre actuaba con cautela, para evitar que mis tíos o primos se enteraran. Después de esa primera vez, sus visitas mañaneras se volvieron más osadas, esperaba que mis primos se fueran, para entrar a realizar la limpieza, cada vez, me volvía a excitar y me dejaba hacer cada vez más, un día dejo le tocara sus senos y se los mamara. —mmmm, mi niño, que rico se siente, le gustan mi niño. Otro día, me dijo que le metiera la mano bajo su bata y me pidió sobarle su panocha y dedearla hasta llegar a su orgasmo. —Así, así, métame los dedos más rápido, dese prisa mijo, que ya me vengo. Siempre, acompañaba lo que yo le hacía, haciéndome una chaqueta. Yo estaba que no lo creía, era increíble lo que pasaba cada vez que ella llegaba al cuarto con la supuesta intención de limpiarlo. Hasta que una mañana en la que todos habían salido y mi tía le había comentado, que no regresaría hasta pasada más o menos una hora, en que Angélica, entro en la habitación sin ningún enser de limpieza, para enfrente mío quitarse su bata de doméstica y quedar únicamente con su ropa interior y decirme —Ahora si mi niño, hoy si vamos a tener tiempo para que me claves esa polla tuya.


Hazme espacio en la cama, hoy te haces hombre, de mi te haz de acordar toda tu vida. Y Vaya que si me acuerdo, y no solamente de ella, lo que más recuerdo de ese día, fue la horrible ropa interior que traía, unos calzones y brassiere rojos, enormes, que se quitó de inmediato antes de acostarse junto a mí. Ya desnuda, su cuerpo no era tan agradable, pero quien se iba a fijar en eso, Angélica, se dejaba tocar toda, besaba y succionaba mi polla para lograr excitarme, yo agarraba desesperado sus senos y los besaba y mamaba, ella dirigía mis manos y dedos a su concha, cuando logro que yo estuviera a punto y ella estaba totalmente húmeda de su coño, se acostó de espalda y me pidió me hincara para acomodarme frente a ella y mostrarme su sexo. Jamás había visto uno, y la verdad no fue nada agradable ver el suyo, su vientre y barriga flojos, su piel obscura, su panocha llena de pelos desordenados, cuando abrió con sus dedos sus labios para dejarme ver su cueva, yo pensé que no tenía tanta verga como para llenar eso, pero ella ni se inmuto por las caras que puse, solo me dijo. —Nada más mira todo lo que te vas a comer primor, clávame tu polla, y hazme sentir llena, déjate venir con todo mi niño. Me tomo de mi falo, se lo acomodo en su chocho y me dejo metérselo todito, ya procuraba moverme como en las películas, pero no encontraba el ritmo para hacerla sentir bien, desesperada se zafo y me acostó ahora a mi boca arriba, para clavarse ella misma e iniciar un movimiento de caderas que por fin logro excitarla de tal forma que yo, solo veía, que sus ojos se le ponían en blanco y me decía.


Hay mijo, que vergota te cargas, como me recuerdas a mi ex novio, el también que la tenía grande, nada mas no te vengas chiquito, déjame disfrutarla, no te vengas chiquito. Yo sentía riquísimo todo ese vaivén, y en lo que ella hablaba, yo me vine sin decir nada, yo sentía que me salía y me salía leche y ella como poseída no paraba de menearse hasta que sintió lo calientito de mis mocos, y lógicamente tanta humedad, sin parar de moverse, me dijo. —Pendejo escuincle que has hecho, ya me llenaste toda de mocos, solo falta que me hagas un hijo, cabron, a ver cómo nos mantienes. Nada mas no te me arrugues chiquito que yo todavía no termino y no me vas a dejar picada, aguántame tu garrote bien parado cabron, que yo así soy de puta, dame verga. Y al poco rato dejarse venir con un buen orgasmo, que la dejo satisfecha y bien clavada, pues mi verga no se arrugo para nada, se mantuvo erecta hasta que ella dejo de moverse y poco a poco perder firmeza dentro de su chocho. Todavía se zafo y se puso a limpiármela con la boca logrando que se pusiera de nuevo a mil, diciéndome. —Ah Cabron, como se ve que estas nuevo en esto mijo, ya se te puso tiesa de nuevo, lástima que ya no tenemos tiempo, no tarda en llegar tu tía, y no quisiera que supiera que ya me chingué a su sobrinito, pero ya sabes el camino, tu nada más pide y aquí tendrás a tu puta para coger, que, con esa verga, cuando quieras. Y de los hijos ni te preocupes, que en 20 años no me he embarazado y vaya que me gusta coger como puta. Ahora metete a bañar mientras yo limpio todo este cochinero, no se vaya a dar cuenta tu tía de lo que paso aquí, y lávesela bien cabron, no vaya a agarrar un bicho. Y mientras me bañaba me hice una chaqueta para terminar lo que Angélica había empezado.


Dos años después, cuando estudiaba la prepa, yo andaba de novio, con una niña llamada Karla, era una chica atractiva, de un cuerpo muy bello, nada exagerado y con la cual tenía más de un año saliendo, éramos compañeros de salón y vivíamos relativamente cerca, aunque lejos de la escuela a la cual, por cierto, íbamos en la tarde. Al cumplir 20 años, mi papá me compro un ‘Vochito’, para ir a la escuela, y no llegar tan tarde como cuando regresaba en autobús, yo lo súper cuidaba, siempre lo traía bien mecánicamente y limpiecito por dentro, fue un magnifico complemento para mi vida estudiantil, además de facilitarme la vida para recoger y regresar a mi noviecita de su casa todos los días. Al regresar en coche, nos daba tiempo para pararnos un poco antes de llegar a su casa y ponernos unos arrumacos, que día con día fueron subiendo de temperatura, pero que siempre deteníamos, por miedo a terminar cogiendo. Karla, era una chica de familia, y poco había explorado su sexualidad, nuestras aventuras dentro del Vocho, sirvieron para que ella le encontrara más gusto a nuestras, cada vez más, atrevidas sesiones. En aquella época, había que buscar un lugar solo y obscuro donde estacionarnos, y donde nadie nos molestara mientras nos besábamos o nos acariciábamos, lugar que encontramos, en el estacionamiento de un pequeño estadio muy cerca de donde vivíamos, aunque teníamos que estar siempre atentos, pues cabía la posibilidad de que pasara una patrulla o una persona y nos echara a perder el momento, por lo que siempre estábamos estresados y apurados, además del nervio que existía, por lo que estaba sucediendo dentro del carro.


De los besos y las caricias sobre la ropa, pronto pasamos a desabotonar las camisas y las blusas, después, a zafar el brassiere, y así acariciar y besar sus bubíes. Cada vez menos nos complacía eso, así que empezaron las caricias sobre nuestros pantalones, para posteriormente buscar desabrochar estos para acariciarnos nuestros sexos sobre la ropa interior. Hasta ahí llegábamos solamente, ninguno de los dos daba el siguiente paso, sabíamos que, de hacerlo, no habría que nos detuviera, ambos pensábamos en ir a un Motel o irnos de viaje para estar solos, pero como buenos estudiantes, jamás teníamos dinero para eso. Además, los dos sabíamos que tendríamos que cuidarnos para evitar el riesgo de un embarazo, pero ninguno, se atrevía a entrar a una farmacia para comprar unos preservativos. Cosas de muchachos, que me imagino la mayoría pasamos alguna vez. Pero llego un día, en que la calentura fue tanta que rebasamos nuestro limite. Ese día, hubo bastantes horas libres en la escuela, cosa que aprovechamos para irnos a un jardín dentro de la misma, donde era común que los novios se dedicaran a besarse y acariciarse (lo que nosotros conocíamos como echar faje), ya en ese momento estábamos muy excitados, por lo que decidimos matar la ultima hora, para irnos a nuestro lugar favorito en el carro y seguir nuestro faje con más privacidad. Al llegar al estacionamiento, buscamos el lugar más obscuro y apartado, sabíamos que ese sería el día, ambos lo deseábamos y en ese momento estábamos tan calientes que no medíamos las consecuencias.


Los besos tiernos ya no existían, había pasión y salvajismo en nuestras bocas y cuerpos, rápidamente zafamos cualquier botón que obstruyera nuestro deseo de besar y acariciar, Karla pedía cada vez más, deseaba ardientemente perder su virginidad ese día y no le importaba ni el lugar ni la situación en la que estábamos. Los nervios nos ofuscaban cada vez que no encontrábamos la forma de acomodarnos para cumplir nuestro deseo. Por la falta de espacio en el ‘Vochito’, no podíamos desnudarnos, por lo que solamente logramos bajarnos nuestra ropa, nuestra inexperiencia nos llevaba a situaciones ridículas, la única experiencia que yo tenía, era dejarme llevar por una madura mujer y no tenía ni idea de cómo llevar a mi novia a gozar totalmente del momento, ¿cómo acomodarnos?, ¿cómo lograría Karla abrir sus piernas para permitir el ingreso de mi pija?, ella estaba totalmente húmeda de tanta caricia, pero le urgía sentirse poseída. —Ya Fernando, por favor, ya hagámoslo, por favor, vamos a tratar de esta forma, creo que así si podremos. Pero al intentar arremeter y clavar, aparte de la incomodidad y el dolor que le causaba, Karla se cerraba para evitar el ingreso de mi pene. —Espérate Fer, me duele mucho, vamos más despacio, mejor buscamos otra posición, así no se puede. A ver ahora sí, creo que así está mejor, pero por favor hazlo despacio, me duele muchísimo, primero bésame y acaríciame.


Por fin encontramos una posición donde no solamente, conseguíamos acariciarnos mejor, sino que por primera vez pude apreciar en todo su esplendor, la riquísima vagina de Karla, nada que ver con lo visto dos años antes, el vientre y la conchita de mi novia invitaban a besarla, sus bellos púbicos recortaditos y bien delineados, su vagina virgen y con un fresco olor a hembra, sus labios vaginales rosas y húmedos, mi boca busco placer llevando placer, de esa forma, Karla tuvo lo que creíamos fue su primer orgasmo —Fer, Fer, no pares, síguele, se siente riquísimo. Que me voy a orinar, siento que me voy a orinar. Siiiiii, síguele con tu lengua, no pares, Siiiii. Ya estábamos listos, me acomodé de la mejor manera posible, para intentar nuevamente introducirle mi verga, que en ese momento estaba totalmente parada y tumefacta. Cuando mi novia, tomo mi verga en sus manos para acomodarla en su panochita, y sin poder verla por la posición en la que estábamos, presintió que era imposible darle entrada a aquello. —No mames Fer, esto no va a entrar en mí, que te hiciste, está más grande de lo que había visto, me vas a lastimar mucho, despacito por favor, no me vayas a lastimar. Poco a poco, le fui metiendo mi polla, poco a poco tratando de no lastimar, pero Karla no dejaba de quejarse, y por lo nervios y la inexperiencia, en cada grito de dolor yo se la sacaba inmediatamente e intentaba nuevamente desde el principio, hasta que ella más excitada que nunca me dijo —Ya Fer, no la vuelvas a sacar, métela con ganas, que ya la quiero adentro, yo me aguanto, dicen que después se acostumbra una, déjate ir con todo, ¡cógeme amor, cógeme! Y pues me dejé ir con todo, cuando sentí que ya no avanzaba, y ella pedía más, me dejé caer sobre ella, rompiéndole su castidad de un solo golpe.


Si grito de dolor, más no dejo que me saliera, mejor que eso, pedía que le diera más fuerte —Puta Madre como duele, pero se siente riquísimo, síguete moviendo, sígueme cogiendo, muévete cabron, dame duro. Yo le daba lo que me pedía, le daba lo más duro posible, ella gritaba de dolor y placer, pero llego el momento donde sentí que estaba a punto de terminar, sabía que no debía hacerlo dentro de ella, pero tampoco quería salirme de su cuevita, ¿qué hacer?, deseaba dejarle mi leche adentro, pero también temía las consecuencias de ello. —Me voy a venir, me voy a venir, ¿qué hago amor, que hago? —No mames Fernando, no te vengas adentro, sácalo, sácalo cabron, no mames. Logré sacarlo cuando ya me venía, pero estoy seguro que algo se quedó adentro, más la mayor parte cayo en su vientre, en sus bellos, en el asiento del carro y en nuestras ropas, fue un largo orgasmo seguido de otros chisguetes. —¿Si lo hiciste afuera verdad?, ¿no te viniste adentro?, no mames, y si quedo embarazada, ¿seguro si lo sacaste a tiempo verdad? —No se amor, la verdad no sé si algo se me fue adentro, estaba tan a toda madre, la verdad no sé cuánto se quedó adentro.


NO MAMES, llévame de volada a la casa, me tengo que lavar y ducharme, más vale, no vaya a ser la de malas. Y así rápidamente nos vestimos, nos acomodamos y la lleve a su casa, ni se despidió. Al llegar a mi casa le hable por teléfono y ya estaba más tranquila y nos despedimos quedándonos de ver al día siguiente para ir a la escuela. Aunque platicamos mucho sobre lo que habíamos sentido cada uno y de lo padre que nos la pasamos, fueron varios días de incertidumbre y stress mientras le llegaba su regla, nos peleamos y nos dejamos de hablar por unos días, hasta que, al fin, me hablo para pasar por ella, y confiarme que ya le había bajado, que no había pasado a mayores, y todo volvió a la calma. Mantuvimos nuestro noviazgo por unos meses más, las sesiones de arrumacos y fajes continuaron casi todos los días, y también hicimos el amor varias veces más, algunas en nuestro Vocho y otras en mejores lugares, a veces nos cuidábamos y otras tantas, procurando interrumpirlo a tiempo, para hacerlo afuera.