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Perdiendo mi virginidad

Tengo 21 años y soy virgen aún. La verdad es que creo que mi deseo sexual tardó bastante en despertar y por eso me conservaba virgen. Pero hoy, a mis 21 años tengo un deseo incontenible, los pensamientos eróticos resuenan en mi mente. El día de hoy tengo cita para realizarme un estudio requerido por el doctor. Me ha pedido un ultrasonido. Me presento en el laboratorio y a mi turno sale un laboratorista bastante atractivo a recibirme. Me pide que pase y a mi mamá que espere afuera. Paso con él a la sala y me pregunta si he iniciado vida sexual. Le contesto que no. Me dice que para mí revisión lo ideal es realizar un ultrasonido transvaginal, pero que para ese estudio la única contraindicación es que no se puede realizar a chicas vírgenes, pero ya veremos qué podemos hacer, me comenta.


Me pide que pase a la camilla para el estudio, que me quite toda mi ropa y que me ponga la bata con la abertura hacia atrás, que en un momento estará conmigo. Así lo hago y comienzo por quitarme la blusa. En ese momento, siento que alguien rodea mi cintura, abrazándome por detrás. Me susurran al oído: “Yo te ayudo con lo demás”. Volteo un poco a ver quién es. Por supuesto, es el laboratorista, quien aprovecha el giro de mi cabeza para darme un beso bien profundo y apasionado, mientras me voltea hacia él. De pronto, siento cómo desabrocha mi sostén, para entonces, dejarlo caer y comenzar a masajear mis pechos. Su boca se aleja de la mía, muy poco a poco, para recorrer todo mi cuello, hasta llegar a mis pechos y succionarlos. Con una mano estimula uno, y con su boca succiona otro. Y me dice: “Tus pechos son jodidamente perfectos”. De pronto siento como su mano se mete por debajo de mi pantalón para masajear mis nalgas, las acaricia con frenesí, pero sin dejar de ser tierno.


Una de sus manos viaja hacia mi vagina, y también comienza a acariciarla con maestría. No puedo evitar gemir, aun sabiendo que mi mamá está afuera esperándome, y quizá pueda escucharme. Mi pantalón y mis bragas en unos segundos ya están tirados en el piso. Me pide que me recueste en la camilla. Y comienza a recorrer con sus labios todo mi abdomen. Al llegar a mi ombligo, lo lame un poco. Me pide que me recorra hacia el borde delantero de la camilla y que recargue en dicho borde mis caderas. Así lo hago e inmediatamente comienza a besar mis pantorrillas, recorriendo cada centímetro de mis piernas. Cuando llega a mis rodillas, mis piernas se abren, casi sin que yo lo piense. Besa mis muslos y juguetea con ellos, acariciándolos.


Al llegar a mi entrepierna hace justo lo que estoy rogando que haga, me da un perfecto sexo oral, atrapando mis labios vaginales con su boca, succionándolos, y dando lengüetazos en mi clítoris. De pronto, se pone de pie y se baja sus pantalones, dejándome ver su erección, dura como una piedra. Y me dice: “Me encantaría que lo hicieras tú también”. Estoy tan excitada, que hago todo lo que él me indica. Se sienta en una silla cercana y yo meto su polla en mi boca, queriendo casi tragármela. El comienza a gemir y gritar “Excelente nena, aprendes rápido”. Posteriormente, me dice: “Ven, te quiero sentir cerca, rodea mis caderas con tus muslos”. Así lo hago, y entonces me dice: “Me muero por hacer esto, estoy por penetrarte y quitarte tu virginidad”. Y así, con mucho cuidado, comienza a introducir su gorda polla dentro de mí y yo no puedo más con el placer que siento, grito: “Gracias, gracias, hazme tuya”.


Se ríe un poco y succiona mis pechos, mientras yo me muevo lentamente hacia delante y hacia atrás para sentirlo dentro de mí, hasta tener un perfecto orgasmo, mi primer orgasmo compartido. Cuando terminamos, yo estaba aún llena de flujo, así que me dijo: “Hay que aprovechar tu humedad como lubricante para realizarte el estudio”. Así que me recostó en la camilla y metió en mi vagina, el aparato necesario para el estudio. Me preguntó: “¿Todo bien? ¿No te lastima?” Y le contesté: “No, pero definitivamente se siente mejor con tu sexo dentro del mío” A lo que contesta: “En cuanto termine el estudio, arreglamos eso” y me guiña el ojo. De pronto, escucho una voz que me dice: “Listo, eso sería todo”. En ese momento me doy cuenta que todo lo que pasó había sido solo una fantasía y el laboratorista solo me realizo un ultrasonido pélvico. Es triste, pero ha sido la mejor y más vívida fantasía que he tenido.