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Sigo con mi tío

Mi tío llegó unos minutos después. Llevaba varias bolsas en las manos. Yo baje a recibirlo y solo me besé en la boca y me dijo que lo siguiera. Subimos las escaleras hasta su habitación. Dejo las bolsas en la cama. —Te traje muchos regalitos—. Luego como si de pronto recordara que él no me había traído a la casa. —Oye pero ¿Por qué te viniste sola?— —Pues porque no te encontré tío—. Dije en un tono lastimero. —Además vi a algunos compañeros de la escuela y me dio miedo que me reconocieran—, era una media verdad, pero le daría credibilidad a mi relato. Pero a mi tío eso pareció gustarle. —¿Y te vieron?— —No, yo los vi desde lejos, cuando te estaba buscando. Porque te busqué tío y nunca te encontré—. —Debía estar dentro de alguna tienda, ahí estuve todo el rato—. —Pues no sé, pero me vine en taxi, y pues no batallé, me dio algo de miedo pero pues si puedo salir—. Mi tío me miró como midiendo si mis palabras eran verdad. —Y el taxista, ¿no te reconoció?— —No sé tío, no me dijo nada, y no me miró más de la cuenta, creo—. Me acerqué a las bolsas para ver que me había traído. Él me ayudó, de inmediato. Y salieron cientos de cosas, dildos, esposas, vestidos, ropa interior, disfraces, de todo, maquillaje. Me sentí querida y cuidada era algo extraño.


Muchas gracias tío—. Salté y lo abracé, también giré mis piernas en torno a su cintura. Nos besamos, o yo lo besé y él me devolvió el beso. De alguna forma yo quería ya su verga. Él lo notó, caminó hasta la orilla de la cama y se dejó caer. Quedamos yo boca arriba sobre la cama, y él boca abajo sobre mí. Nos seguimos besando y sentía su verga crecer. Pero se levantó —espera primero quiero que salgamos a cenar—. Yo lo miré como no estando seguro si hablaba en serio. Pero si hablaba en serio. Se levantó. Y fue al baño. —Báñate—. Me ordenó. Me desnudé rápido y me metí a bañar. La voz de mi tío se había vuelto una voz que era capaz de ordenarme en cualquier circunstancia. Sentía un poco de irritación donde me habían hecho la depilación. En eso se abrió la puerta de la regadera y entro mi tío. Lo pude ver desnudo una vez más. Su vientre voluminoso, su verga colgaba rica entre sus piernas. Pero no quería sexo. Me ayudo a bañarme, me dio un tierno beso —Sal ya esta lista tu ropa—, me dijo y me dio una nalgadita en el culo. Al salir estaba sobre la cama un corsé algo extraño. Era como un traje de baño, pero tenía cuerdas en la espalda. Me lo puse un poco despacio para asegurarme que me lo estaba colocando bien. Cuando mi tío salió del baño, apenas estaba terminado de colocármelo. —Dios, ya te tardas en vestirte como una mujer—. —Tío… es que no sé cómo ponerme esto—. Le dije. Él se acercó —a ver, vamos a ver—. Se colocó detrás de mí. Me acarició tantito el culo, yo lo saqué para que divirtiera. Pero solo me manosea un instante.


De inmediato agarro las cintas y dio un fuerte jalón que me tomó por sorpresa. Me jalo toda a mí. Me dijo con un tono ligeramente molesto. —Ponte duro, tengo que apretar esto—. Su regaño me ofendió. Hice fuerza y él jaló un par de veces más. Y sentí como dejó fijo el corsé con un nudo. —Vístete—, me ordenó. No estaba segura si su voz era de enfado o simplemente ya me ordenaba siempre las cosas. Pero yo estaba molesta por cómo me había jalado. Me vestí en silencio. Por ello no noté que el corsé me apretaba el vientre, me reducía la cintura, tenía unos rellenos que daban apariencia de tetitas y levantaban mi cola al mismo tiempo que escondían mi miembro. Lo otro que me había dejado eran unas medias negras que me llegaba hasta medio muslo, me las puse con cuidado. Luego una falda gris oscuro, de tela un poco gruesa, y una camisa blanca muy delgada. La parte superior del corsé se adivinaba bajo la blusa pero no se veía mal, ni vulgar. Me maquillé y me peine. Para finalizar me puse unos tacones negros muy bonitos. Me miré en el espejo. Y ahora si era una chica completamente. Mi tío se acercó a mí por la espalda, pude ver su reflejo en el espejo. Me abrazó y cuando quiso besarme, alejé el rostro. —¿Qué pasó? ¿Por qué te enojaste?— me preguntó mirándome a los ojos a través del espejo. Hice un esfuerzo por liberarme de su abrazó pero al sentirme apretó un poco más haciendo imposible que me soltara. —Me hablaste muy mal y me jaloneaste—.


Le dije con un tono de niña regañada, que la verdad no sé de donde salió. Simplemente decirlo, casi hace que se me salgan las lagrimas, si no las deje salir, fue porque habría lastimado mi maquillaje. Él me giró con fuerza, pero sin maltratarme. —Princesa, discúlpame, no te quería lastimar—. Yo no sabía si creer sus palabras. No lo miraba, él tomó mi barbilla, y levantó mi rostro hacia el de él. Estaba cada vez más cerca de llorar. Él lo notó, —no llores princesa—. Me besó en la mejilla, en los ojos y en la frente y me abrazó. Mi momento de llanto pasó. —¿Nos vamos?— me preguntó. Yo todavía no podía hablar. Solo asentí con la cabeza. Él tomó mi mano y me guió fuera del cuarto. Llegamos al carro, me abrió la puerta y subí. Él subió y salimos de la casa en silencio. Puso su mano sobre mi pierna, sin decir nada yo empecé a acariciar su mano, su brazo. La tensión comenzó a disminuir. Anduvimos en silencio todo el camino, hasta un pequeño restaurante italiano. Ahí mi tío detuvo el auto en la entrada y un joven mesero me abrió la puerta. Bajé con cuidado, tomando la mano del chico cuando me la ofreció. Mi tío se acercó a mí me abrazó por la cintura y así entramos. La imagen era un hombre de unos 50 años, algo gordo y una chica delgada de unos 20. El capitán de meseros preguntó si teníamos reservación, mi tío dijo que sí y nos pasaron hasta una pequeña mesa. Las mesas estaban una frente a la otra, con la mesa en medio, pero yo quería estar más cerca de mi tío, de mi hombre y se lo susurré en la oreja. Mi tío sonrió y movió la silla, el capitán de meseros, lo miró pero no dijo nada. Nos sentamos y me preguntó que si me gustaba el lugar. —Me encanta—. Me sentía cuidada y procurada, consentida.


Me incline sobre él y lo besé en la mejilla y comencé a acariciar su pierna. Se acercó en ese momento el mesero. Era un chico joven, guapo. Lo miré y noté casi de inmediato un bulto agradable bajo el pantalón. Pero seguí acariciando la pierna de mí tío. Nos dejó las cartas y dijo que si queríamos algo de beber. Mi tío ordenó para mí y para él. Seguimos platicando, me preguntó si me gustaba el mesero. Le dije que claro que no. Mi dijo que coquetear con el mesero. Yo no entendía que era lo que me pedía. Me dijo —Coquetea con el mesero—. El mesero se acercó, —Ya están listos para ordenar—. Mi tío guardó silencio, yo esperaba que el tomará el mando de la situación pero no decía nada. Finalmente hablo, pero no sobre el menú. —¿Cómo te llamas muchacho?— El chico pareció sorprendió por la pregunta. —Mauricio— finalmente dijo luego de un segundo. —Mucho gusto Mauricio—, yo me incorporé mientras mi tío hablaba. —Ella es mi sobrina, Dany, y ahorita me estaba diciendo que le pareces muy guapo—. Yo me puse muy roja —TÍO— le dije, luego miré al chico —no le hagas caso—. El chico sonrió tenía una linda sonrisa —entonces no soy guapo—. Su comentario también me dio risa, —no… es decir, si eres guapo, pero no le dije nada—. —Ohh ok, tú también eres guapa—. —Gracias— le dije sin mirarlo “maldición tío porque haces esto”, pensaba. —¿Ya saben que van a ordenar?— —Sí—, dijo mi tío sin dudar. Ordenó para los dos y el chico, Mauricio se fue. Dedicándome una sonrisa antes de irse. Cuando el chico se fue, le reclamé a mi tío —¿Por qué hiciste eso?— Él se rió, —me gusta, que te vean. Que sepan que eres mi perrita, que otros te deseen pero que solo yo te pueda tener—. No entendía porque le gustaba eso, pero supongo que lo acepté.


Mauricio se acerca, con dos bebidas. —Aquí están dos bebidas cortesía de la casa para Dany y su tío—. Mauricio me puso las bebidas sobre la mesa mirándome y sonriendo. Yo no pude evitar sonrereir, —ayyy muchas gracias, Mau—, le dije, haciendo voz de nena chiflada. Tomé la bebida y noté que estaba cargadita de alcohol. —Que rico Mau, eres un amor—. Le dije nuevamente, el chico se volteó con una sonrisa en la cara, y pude notar como su bulto se había hecho un poco más grande. —Ufff eres una puta— me susurró mi tío, cuando el chico ya estaba lejos. Yo sonrió, me está empezando a gustar el juego. Sigo tomando la bebida. Y casi sin darme cuenta me empiezo a poner ebria. Sigo coqueteando con Mauri toda la cena, y mi tío nos miraba sin decir nada. De vez en cuando nos dábamos un beso sucio cuando Mauri no nos miraba. Al finalizar la cena ya estaba algo ebria, no lo suficiente para no poder caminar, pero si para haber perdido muchas de mis inhibiciones. Nos levantamos y cuando Mauri se acercó le sonreí y le di un abrazó pegando mis senos falsos contra su pecho. Pero luego me acerqué a mi tío y lo besé en la boca. Pasé mi mano por su pecho, su vientre casi hasta su bulto. Mauri vio y solo se quedó con la boca abierta, supongo que incapaz de comprender que pasaba. Mi tío me sujeta de la cintura, y yo le bajo su mano hasta mi culo y así abrazados salimos del restaurante. Mi tío abrió la puerta del carro y subió a él también.


Muy bien muñeca, me encantas—, dijo mientras comenzaba a manosearme. Partimos a casa y de pronto mi tío se paró en un super siete. —Espérame aquí— me dice. Pero de pronto se me ocurre algo. Me bajó del carro y entró al super. No hay muchos, clientes, solo un hombre que está comprando un par de cervezas y unos muchachos que no venían al parecer de jugar futbol. Mi tío estaba comprando al parecer leche o yogurt. Me acerqué al mostrador y estaba una señora joven, algo bonita aunque con un rostro cansado de lo rutinario del trabajo. —Me pasa unos condones extragrandes—, lo dije con la voz suficientemente alta para que todos los que estaban en la tienda, lo escucharan. Y así fue, todos en la tiendo giraron su cabeza para ver quien hablaba. Mi tío me miró un poco sin entender que pasaba. —Aquí están mi vida—, le dije nuevamente en alto. Ahora todas las caras giraron para ver con quien hablaba. Mi tío me sonrió se giró, tomó lo que buscaba y empezó a caminar entre los pasillos hacía mí. Todas las miradas lo seguían y las soportó con valor que me hizo sentirme más atraída por él. —Gracias princesa—, me dijo cuando finalmente llegó junto a mí y me plantó un beso, y acarició mi culo. —¿Cuánto es?— preguntó simplemente. —¿Quieres otra cosa mi amor?— Me preguntó antes de darle el billete a la mujer detrás de la caja. —Sólo a ti, bebe—, le dije y lo besé una vez más. Supongo que él se sentía el gallo más grande del gallinero y eso me encantó. Salimos de la tienda. Mi tío sonrió —cabrona, que rica vieja tengo—.


Se acercó a mi lado del auto y me beso, recargando su peso sobre mi cuerpo. Pude sentir su verga sobre mi cuerpo y quería complacerlo. Pero abrió la puerta y subí. Aún nos seguían la mirada los chicos y la mujer detrás de la caja. Al llegar a la casa subimos rápido al cuarto. Nos besamos, mi tío me dejó nada más el corsé. Yo me hinque a sus pies. Él sacó su miembro que ya estaba pidiendo guerra. Lo besé y me lleve a la boca, empecé a mamarlo, con cariño y lujuria. Lo recosté en la cama, y él me jaló con fuerza a su lado. Hizo un movimiento extraño en mi corsé y la parte de abajo, la que sería el calzón desapareció. Increíble, me subí sobre él. Puse mis rodillas a cada lado de su cadera y guía su miembro a mi culo. Baje despacito sintiendo como entraba. Hasta que la tuve toda adentro. Entonces empecé a cabalgar la verga de mi tío. Uff que placer. Mi tío gemía, yo intentaba darle el mayor placer posible. Y disfrutaba de sus besos, de sus manos en mi cintura guiando y marcando el ritmo del sexo.


Yo empecé a mover mis caderas en un movimiento circular y eso pareció agradar a mi tío, por el gemido que lanzó y lo seguí haciendo. —Uyyy que rico, así putita, así mi amor—. Seguí moviéndome así en unos cuantos segundos después mi tío comenzó a gruñir fuerte, sentí como su verga adentro de mi vibraba y se sacudía. Seguí cabalgando a pesar de eso, sentía como mi culo estaba lleno de leche y como conforme seguía bombeando el semen salía de mi culo. Hasta que finalmente mi tío me detuvo. Me abrazó y nos fundimos en un tierno beso. —mmm sabía que ibas a ser una puta muy buena, pero hoy me sorprendiste—. Sus palabras me llenaron de placer. Tenía que levantarme y desmaquillarme, quitarme el corsé, pero estaba muy a gusto en los brazos de mi tío. Lo haría después.