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Fernando desperto la mujer dentro mio

Recuerdan el momento en que se dieron cuenta de que estaban más cerca de ser una niña que un niño? A mí me ocurrió en una de mis primeras fiestas. Era el cumpleaños de mi hermana Mercedes y estaban muchos amigos de ella, chicos que yo no había visto nunca antes. Uno de ellos, muy alto y atlético destacaba sobre los demás. Hasta ese momento me gustaba una vecina, pero ese gusto se terminó desde que apareció Fernando, el chico atlético. Ni bien lo vi, me imaginé a mí misma como una chica, vestida como chica, peinada como chica, maquillada como mujer, con zapatos de mujer, con ropa interior de mujer, con sentimientos de mujer, con excitación de mujer y con genitales de mujer. Tenía solo 14 añitos cuando esto me ocurrió y no tenía muy gráfica de cómo son los genitales de una mujer, ya que sólo había visto a mi hermana una vez que salió de la ducha hacia su dormitorio creyendo que yo no estaba en la casa. Me di cuenta de que ella no tenía nada allí abajo, donde yo sí tengo algo.


Mi primera reacción fue de gran desconcierto. Me daba mucha vergüenza sentir lo que sentía, pero también me daba mucho placer sentirme expuesta ante los demás, porque sentía que todos se percataban de lo que me pasaba. Hasta que comprendí que eso no era cierto, que sólo era mi fantasía y que de esa manera yo disfrutaba mucho de esa secreta personalidad de mujer. Mientras bailaba con la chica que antes me gustaba, me imaginaba bailando con Fernando. Y cuando lo tuve cerca a él mismo, cuando mi hermana me lo presentó, casi le doy un beso en la mejilla. Felizmente me pude contener y sólo lo abracé, pero fue embarazoso y a la vez delicioso verme en ese trance, porque cuando lo abracé, yo me sentía exactamente como una mujer que abraza al hombre del cual está enamorada. Fernando se interesó en mí de tal manera que empecé a dudar de que eso fuese una fantasía. ¿Y si yo ya era una mujer transformada por mi hada madrina que me cumplía el sueño que acababa de empezar? Eran demasiadas emociones para aquella primera incursión en la mujer que tenía adentro. Acababa de nacer de nuevo. Cada minuto que pasaba yo era más mujer. Y Fernando me seguía hablando. En un momento me abrazó y me llevó al jardín, donde me dijo “Mira, compadre, en realidad quiero que seas mi cuñado. Tu hermana me gusta mucho y quiero que me ayudes a enamorarla”.


Casi me muero, porque estoy segura de que en todo momento yo le estuve coqueteando, como si fuese una mujer. Yo, en verdad, no hacía eso. Sólo imaginaba que lo hacía, pero lo vivía de un modo tan real que era como si de verdad ocurriera. Y eso se convirtió en mi juego favorito. Fernando me hablaba de sus sentimientos hacia mi hermana y yo lo sentía como si hablara de mí. ¿Les dije que una vez a la semana yo tenía mi tarde de chica? Creo que no, así que les cuento. Los viernes todos salían a visitar a mi abuelita y yo me quedaba en la casa solita con el pretexto de que tenía que estudiar. Me ponía la ropa de mi hermana y paseaba por toda la casa vestidita. Jugaba con sus muñecas y me miraba al espejo haciendo gestos coquetos. Ese viernes, cuando yo estaba más linda que nunca, con el vestido que mejor me queda, con las uñas pintadas de rojo, con una peluca de mi mamá y los zapatos de taco de mi hermana, en ese momento sonó mi celular. Era Fernando. —Aló —dije poniendo la voz que me salió en ese momento, o sea super femenina. —Hola, Mercedes —me dijo él.


Fernando nos confundió las voces! Y agregó: —¿Estás en tu casa? —Sí —respondí con voz igualmente femenina. —Quería hablar con tu hermano y debo haber marcado tu número y no el de él. Pero mejor así, estoy en la puerta de tu casa, ábreme. —No, no, le dije. Te mentí. No estoy en mi casa. Estoy en la casa de mi abuelita, pero si estás en la puerta de la casa, toca, que mi hermano está allí. Y me apresuré a cambiarme de ropa. El tocaba la puerta con insistencia y yo le gritaba que espere. Hasta que le abrí la puerta, y me esforcé en hablar contra mis impulsos, o sea tuve que reprimirme y hablar como hombre. Nos sentamos a conversar y continuó hablándome de mi hermana. De pronto, me miró fijamente y habló. —Ahora que veo bien, tienes el mismo rostro que tu hermana. No es que seas la versión masculina de ella, sino que en verdad eres parecido a ella como si fuese su hermanA y no su hermano. ¿Me puedes hacer un favor? ¿Puedes vestirte con la ropa de tu hermana? Compláceme, por favor. Ella no me corresponde en mis sentimientos, y por lo menos quisiera que tú simules ser ella y me trates bien. De pronto tenía el pretexto perfecto para cumplir mi fantasía.


Lo haré por ayudarte porque sé cuánto la quieres y me da pena que sufras. Llegamos al cuarto de Mercedes y le dije que espere afuera, que me deje cambiarme a solas. Y entonces me arreglé como estaba antes. Linda, maravillosamente femenina. —Que conste que lo hago sólo por ayudarte a calmar tus penas. Entonces me agarró por la cintura y me llevó hacia él con fuerza. —Siempre sospeché que eras una mariconcita, una sissy. —No, no creas eso. —No seas tonta. Te voy a tratar como mujer. No mientas. Ahora cuando abriste la puerta te vi con las uñas pintadas. Mientras te cambiabas, revisé mi celular y supe que no me equivoqué de número. Eras tú. Mi mariconcita linda.