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La nueva novia de papá

Después de la muerte de mamá y mis dos hermanitos en el accidente de tráfico cuando yo tenía doce años, nos quedamos papá y yo solos. Él hizo todo lo posible por ser un padre ideal, pero sabía que en el fondo yo le decepcionaba. No era el hijo viril y deportista que él quería. Era un delgaducho que sólo medía metro cincuenta y ocho, el asma me daba problemas a la hora de practicar deporte, mi cara aniñada y dulce me hacía sentir inferior al resto de los compañeros de clase, mi timidez hacía que me costase hablar con las chicas y aunque mis notas eran las mejores del instituto sabía que eso no compensaba su desilusión. Mi padre es el típico hombre que tiene muy claro que su imagen es tan importante como la inteligencia. Medía metro ochenta y cuatro, había sido subcampeón de España en pentatlón dos veces, tenía hecha la carrera de Derecho y había sido inspector de policía, pero lo dejó para convertirse en su pasión: director y monitor de un gimnasio. Por eso, a pesar de contar con 45 años, nadie diría que lo aparenta. Fuerte, viril y musculoso es objeto de deseo por buena parte de la clientela femenina… Y también por algunos hombres.


Con el paso del tiempo volvió a salir y de vez en cuando me comentaba que tenía alguna cita, perfectamente normal desde mi punto de vista. Hasta que un día, era mediados de junio y ya había acabado los exámenes, sólo me quedaba esperar las notas pues no tenía que recuperar ninguna asignatura, se sentó con aire muy serio y me confesó que estaba saliendo con una persona muy especial y que la cosa iba en serio. Quería que yo la conociera y para eso había quedado llevarme con él esa noche a cenar en un restaurante italiano que hay al lado de su gimnasio. Allí podríamos hablar y conocernos sin formalidades. Bianca era una mujer muy femenina, de metro setenta y poco, pelo negro brillante y liso hasta los hombros, piel pálida, ojos castaños, mirada dulce, con una delicada boca carnal, un cuerpo esbelto con dos pechos generosos y firmes, un culo más bien pequeño y unas largas piernas dignas de una modelo. Como era mediados de Junio, aunque a las diez y media el sol aun se resiste a irse, todavía hacia calor. Nos esperaba en la terraza del restaurante escogido para el encuentro. Vestía un holgado top blanco con dibujos en lentejuelas, un muy corto pantalón vaquero lavado a la piedra y unas sandalias con un muy generoso y fino tacón. Me saludó con un beso en cada mejilla, y casi desde el principio me encandiló su alegre personalidad, y sinceramente puedo decir que me conquistó en aquella cena.


Su arrolladora personalidad me envolvió, podía ver a mi padre como se convertía en un cachorrito en sus manos, se besaban con ternura y compartían disimuladas caricias; y yo me sentí tentado de convertirme en un esclavo más en sus manos para compartir la intimidad que veía entre ellos. Con los días y sucesivos encuentros, nuestra relación fue ganando confianza. Incluso un día llegaron de bien entrada la noche a casa, suponían que yo dormía pero les pude oír como susurraban algo entre risas antes de meterse en el dormitorio de mi padre. De allí podía oír como salían jadeos y gruñidos, el ruido de la cama, gritos ahogados contra la almohada o el colchón… Y así durante más de media hora. No sólo alucinaba, sino que mi polla se puso más tiesa y dura como nunca antes se me había puesto. Durante el tiempo que les escuché me hice al menos tres pajas, pero mi polla se negaba a rendirse y permanecía dura y firme como antes de correrme. Cuando acabaron intenté relajarme, pero la erección se mantenía y empezaba a resultar muy molesta. No podía evitar imaginármelos practicando sexo y eso sólo hacía que aun me excitara más. De repente la puerta se abrió despacio y de forma silenciosa.


Entre las sombras distinguí primero a mi padre y detrás de él a Bianca que se tapaba la boca para no reírse. - MJ, Sé que estás despierto. Martín Javier es un nombre demasiado largo, por eso siempre había abreviado. Se colocó a mi izquierda poniéndose de rodillas. - Lo estoy. La primera regla que teníamos padre y yo desde que quedamos solos era sinceridad completa. Por entonces me era imposible mentirle. - Quiero que conozcas a Bianca tal y como la conozco yo. En ese momento entendí que se refería a un intercambio de intimidades o una confesión de algún trauma… La sábana con la que dormía no disimulaba demasiado bien la erección (aunque sólo sea de trece centímetros) y eso me ponía nervioso. Desde el otro lado se acercó Bianca vestida con una de las camisas de mi padre, se subió en la cama y colocándose encima de mí cogió mi cara entre sus manos y me besó por sorpresa. Antes de poder reaccionar, pude sentir su lengua en mi boca. Intenté incorporarme, pero ella deslizó su derecha por mi cuello, continuó por mi pecho desnudo y sin parar alcanzó el bóxer que cubría mi sexo erecto. Introdujo los dedos y lo rodeó con delicadeza. Podía ver como mi padre acariciaba la espalda y los pechos de Bianca a través de la tela de la camisa, la besaba con ternura en el cuello, hundía la cara entre la melena y ronroneaba como un gato feliz. No sabía como reaccionar.


La novia de mi padre me estaba morreando delante de él a la vez que me hacía una paja… Era increíble como deslizaba los dedos haciéndome sentir cerca del cielo. - No le llega a tu talla. Murmuró cuando liberó mi boca, dejándome jadeante y rendido. - ¡¡Qué se va a hacer!! Contestó mi padre como si fuera lo más normal. La estaba levantando la camisa por detrás y ella empezaba a gemir. Su mano se hundió un poco más. Los dedos rozaban de una manera sinuosa y deshonesta mis testículos haciéndome gemir sin querer. -Sí, sí… Disfruta, hijo. Descubre lo que puede hacer Bianca. Me susurro al oído sin abandonar la parte de atrás de la espalda de Bianca. Apartó con delicadeza la sábana primero y luego agarró el bóxer y tirando de él me dejó desnudo ante ellos. Entonces unos dedos se deslizaron entre mis piernas dejando un reguero de increíbles sensaciones, rodearon mis testículos bailando con los dedos de ella haciéndome gemir aun más, uno de ellos acariciaba justo detrás de las pelotas haciéndome ver las estrellas cuando se hundió de repente en el ano. - ¡Oh! Exclamé sorprendido ante la intrusión en medio de una borrachera de placer. Lo sentí más como una molesta intrusión pero flotaba en una nube de lujuria y sólo reaccioné abriendo aun más la boca. En ese mismo instante, en ella entró un pedazo de carne caliente recubierta de piel y con un tacto suave. Se deslizó entre los labios y sólo reaccioné envolviéndole con ellos y rodeándole con la lengua.


Antes de ser consciente de lo que hacía, noté como entraba y salía de mi boca sin terminar de abandonarla por completo. - Sí. Sabe chuparla. Es puro instinto. Gimió Bianca apretando con sus dedos mi miembro. Gemí de dolor y placer. Cuando el dedo abandonó mi culo sentí una extraña sensación de vacío. En esos momentos sólo quería correrme, pero con las tres pajas que me había hecho esa noche la cosa se presentaba complicada. Una uña se deslizó desde la base hasta justo la boca del pene, la rodeó y terminó por hundirse de manera muy suave. - Joder lo que aguanta… Seguro que se ha estado pajeando mientras lo hacíamos. La dulce voz de Bianca sonaba cargada de cruda lascivia salvaje. Cuando se retiró de mi cara entonces entendí que era lo que había estado chupando. ¡¡Era una polla!! ¿Bianca era un tío? No podía serlo. Ella era pura feminidad. Todo lo que una mujer puede ser para ser sensual y sexual con naturalidad. No podía creerlo. Antes de poder asimilar esta revelación, una nueva polla entró en mi boca. Esta vez fue sin delicadeza, era mucho más grande de tamaño, penetró despacio pero con fuerza hasta el fondo de la garganta haciéndome sentir arcadas. - Despacio, aun está verde… Susurró la voz de Bianca que provenía de mi cintura. Una lengua comenzó a acariciarme el culo mientas unas delicadas manos masajeaban la polla y los testículos. De vez en cuando presionaba contra el agujero que me sentía tentado de abrir sólo para poder disfrutar de esas magníficas carícias. Sin pensarlo, rodeé con mi boca aquella inmensa polla dura y la acaricié con la lengua cubriéndola de una generosa capa de saliva como había visto hacer en las películas porno de Internet.


Usé mis manos para acariciarla además de para hacer de tope y que no me llegase hasta el fondo y provocase nuevas arcadas. Aunque lo negase de manera consciente, sabía que esa polla era la de mi padre. ¡¡Le estaba chupando la polla a mi padre!! Un dedo precedido de una larga uña se empezó a hundir en mi culo y yo no fui capaz de ofrecer resistencia. Mi polla parecía a punto de estallar desde que Bianca empezó a besarme; pero con cada minuto que pasaba esa sensación se hacía más y más poderosa, y ese dedo moviéndose dentro de mí era como estar en el centro de un reactor nuclear a punto de estallar. Quien estalló en ese momento fue mi padre. La hundió todo lo que pudo hacia dentro, y tensándose exclamó entre dientes mientras se derramaba en mi boca: - Sí… Joder. Sí. Fue una corrida líquida y más bien breve, supongo que porque no era la primera sesión de esa noche. - Chúpala bien. Hijo. Quiero que le dejes bien preparada para follar delante de ti a Bianca. - Vicioso. Susurró ella antes de besarle en la boca de una manera casi pornográfica. Mi padre se apartó a la vez que Bianca me abría aun más las piernas añadiendo un segundo dedo dentro de mi culo. Los movía en círculos haciendo que defuera dilatando el esfínter. - No puedo aguantar más, cariño. Tengo que follarte. Dijo con voz ronca mi padre a Bianca. Ella rió chispeante mientras lograba entrar el tercer dedo dentro de mí.


Mis manos apretaban el colchón sintiéndome poseído en aquella intrusión. No era dolor. Era una extraña sensación de ser llenado por algo nuevo… Tan físico, tan real… Entonces los dedos se retiraron, sentí que un pene entraba en su lugar de manera natural y sin resistencia, como si fuese lo más normal. Apreté los ojos y me tensé al sentir algo nuevo. Estaba caliente y no era tan duro como los dedos, pero a la vez me hacía sentirme más lleno. Bianca me levantó el culo y se hundió todo lo que pudo dentro de mí a la vez que se tumbaba encima mío para pode besarme con una excitación salvaje y descontrolada. Coloqué mis manos contra el cabecero de la cama para sujetarme y no ser arrastrado contra la pared. Bianca comenzó a bombear de una manera suave y sin prisas, con voluptuosidad, sabiendo que me estaba torturando. Entonces, de golpe llegó el primer empujón. El cuerpo de Bianca se fundió con el mío y ahogué un grito entre sus labios. Después vino otro aun más fuerte y salvaje. Los brazos apenas lograban que mi cabeza no diera con el cabecero de la cama. Entre gruñidos y obscenidades susurradas, mi padre estaba follando a Bianca mientras ella me follaba a mí… Sólo al ser consciente de semejante obscenidad mi cuerpo se rompió y por fin pude correrme… De una manera agotadora, como si la vida me fuera en ello, por fin sentí que explotaba. Mareado y sin fuerzas caí rendido, entonces oí el gruñido bestial de mi padre al correrse.


Bianca jadeaba contra mi oreja sin dejar de moverse de una forma despacio y sensual, como si fuera una serpiente hundida dentro de mí, se apretaba e incluso me mordía el hombro hasta que por fin se tensó por unos segundos y después se relajó sin prisa, jadeando satisfecha. Sentí que su polla encogía muy poco a poco y empezaba a notar el vacío que se iba haciendo… Aumentado al sacarla. Si se había corrido yo no había notada nada. Alargué la derecha hasta rozar su miembro y entonces descubrí la razón… ¡¡Llevaba puesto un preservativo!!... Tenía que haberlo imaginado. Mi culo no estaba preparado para ser invadido así como así, al natural. La respiración de los tres era agitada, nuestros cuerpos estaban apoyados unos sobre otros y cubiertos de sudor, relajados e inmóviles… Esos segundos después del éxtasis eran para saborear el recuerdo del placer logrado.


Feliz dieciséis cumpleaños, hijo. – Me susurró una penetrante voz grave y profunda al oído. - Gracias papá. – Respondí sin pensar. Segundos después fui consciente del significado de las palabras. - ¿Lo de Bianca es una trola? - No. Lo de Bianca es verdad… - me respondió ella bazuqueándome los pezones. - ¿Te gustaría que fuese tu madrastra? - ¿Sería siempre así? – Pregunté algo adormilado pero encantado. - ¿Quién sabe? – habló mi padre. Su voz sonaba alegre.- Tal vez podía ser mejor… Es cuestión de probar. Nunca se sabe lo que puedes descubrir. - Me gustaría probar esas cosas… A lo mejor me gustan. - Te gustarán. – Me aseguró Bianca mordisqueándome el pezón izquierdo mientras me acariciaba la polla que volvía a empalmarse de nuevo.- Ya me encargaré yo de que te gusten… Te lo prometo.