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El abrazo del panda


Para unirse en este abrazo del panda, hombre y mujer se acuestan en toda su longitud, frente a frente pero pies contra cabeza. El rostro de ella frente a las piernas de él, y viceversa. Una posición riquísima en sensaciones. Cuando está suficientemente estimulada y cuando su vagina está bastante lubricada, la mujer pliega las piernas, deslizando una bajo el cuerpo del hombre y pasando la otra por encima, estrecha las caderas de su compañero y se deja penetrar al acercarse contra él.


Un goce para la vista y los sentidos

El hombre tiene ante sus ojos las nalgas abiertas de la mujer, que desvelan el ano y la vulva. Sus manos están libres para una gran variedad de caricias, sin olvidar las caderas y los muslos. Si la mujer lo desea o tiene curiosidad, el hombre intentará penetrar su ano con el dedo. Las terminaciones nerviosas de las fibras musculares del esfínter anal y las de los músculos situados en la entrada de la vagina están muy relacionadas, lo que provoca una excitación que se trasmite de unas a otras y multiplica las reacciones. Por esta razón, una penetración doble proporciona orgasmos a menudo más intensos a la mujer que sabe jugar con las excitaciones múltiples.


Hasta la punta de los pies

La mujer puede quedarse pasiva, sujetada a las piernas y la pelvis del hombre. Pero tendrá también la posibilidad de mover las caderas para amplificar las sensaciones vaginales. Sus manos recorren los muslos de su amante, de los pies a las nalgas. Desgraciadamente, lo que tiene al alcance de su boca es poco sensible a las caricias labiales o con la lengua. Quizás le gustará lamer los dedos de los pies, proporcionando dulces sensaciones a su hombre. Pero sin actividades muy acaparadoras, lo mejor que la mujer puede hacer es olvidar todo y concentrarse en las olas de placer que las caricias del hombre provocan en su cuerpo.