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La bella durmiente


Mientras la amada duerme, ¡resucitar su sexo a placer es pura felicidad para el amante! ¡Y qué deliciosa sorpresa, para aquella que se despierta, de sentirse inundada de deseo, con el cuerpo ya ocupado por su hombre.


Hay que haber vivido el insomnio del amor para entender cuánto exalta el deseo físico del hombre observar el cuerpo de la amada dormida. Mientras que ella se ha acostado, cansada por el placer o simplemente por un día agotador, el hombre se queda excitado, sin poder dormir, con ganas de jugar con el cuerpo de su amante. O si llega muy tarde a la cama, le encantará descubrir su cuerpo abandonado en los brazos de Morfeo. ¡Pero no hay que precipitarse! Incluso si su pene está listo a penetrarla, el hombre se cuida de no importunar a su pareja. Evitando gozar demasiado rápidamente, se toma su tiempo para admirar el cuerpo lánguido de su pareja. Estimula pausadamente el sexo femenino con la boca o la mano humedecida con saliva. Saborea cada rincón íntimo de la mujer: los labios menores, elclítoris que se excita con sus caricias, la tierna piel perineal. Lame con suavidad la vulva ardiente y sonrosada, desliza la lengua hacia el ano. Incluso si no se despierta, la mujer ya se predispone al placer.


Con una bella dormida, todas caricias son bienvenidas. Sus pezones se erizan a besos. Su piel está más suave, sus rasgos distendidos han olvidado preocupaciones y contrariedades. Su bonito pelo se esparce sobre la almohada y sus músculos relajados la preparan para gozar. Ahí está el momento para penetrar a la bella. ¿Qué posición elegir? El hombre claramente se adapta a la posición de la durmiente, según esté de espaldas, de lado o boca abajo: en esta última, elevará suavemente sus nalgas para poder deslizar con facilidad su pene en la vagina. ¿Quizás sigue dormida? ¿O mejor dicho, todavía esta amodorrada y simula el sueño para gozar más de la situación? En este caso, el hombre sigue controlando el ritmo y el movimiento. Si se tambalea un poco y prolonga el coito, sentirá la eyaculación como fuegos artificiales de placer. En el umbral de la hipnosis y totalmente devota al placer físico, la mujer quizás revelará una sensualidad desconocida hasta ahora. Las zonas erógenas se multiplican en su cuerpo y los contactos con la piel de su pareja lo tornan más vibrante. Los movimientos, como ralentizados, dan a cada uno una sensación de unión excepcional. Cada esquina de su vagina reacciona a la penetración y genera una fusión completa de los cuerpos.


¿Tal vez, con el efecto de las caricias, la amada está plenamente despierta? Su sueño interrumpido la predispone a un placer más fogoso. Con su cuerpo electrizado por los tocamientos de su compañero, acompaña pasionalmente los movimientos del vaivén. Acelera entonces el ritmo del coito, gritando varias veces su deseo salvaje de gozar. Lo que mejorará el gozo de su pareja, orgulloso del espectáculo de su orgasmo.