Bienvenidos

Gracias por elegirnos, enterate de mas novedades siguiendonos en las redes sociales.

El columpio


No hay necesidad alguna de mobiliario específico para este columpio. Tan solo deja tus sueños balancearse al ritmo de tus memorias. Recuerda el columpio que te alzaba a las alturas gracias, los impulsos de cadera que te estremecían de placer. En la postura del columpio la mujer está encima del hombre y le da la espalda. Éste se sienta y extiende las piernas ligeramente abiertas. Inclina el torso hacia atrás apoyando sus manos tras él, los brazos levemente doblados. Ella se arrodilla sobre él, los muslos plegados y separados por las piernas del hombre, mientras guía el pene a su vagina con una mano.


Durante el coito, la pareja juega lentamente a contonearse y dar golpes de cadera, imitando así el movimiento que se usa para columpiarse. La mujer tiene el pecho inclinado hacia adelante, sus manos se aferran a los muslos del hombre, que acompaña naturalmente sus golpes de cadera con ondulaciones del cuerpo, dando un llamativo espectáculo. Cada vez que ella se inclina, el pene hace lo mismo y sigue el vaivén en su vagina. Los movimientos del hombre son restringidos y se limitan a elevar ligeramente la pelvis, flexionando las piernas al mismo tiempo para acompañar su balanceo. De esta forma, presiona su pubis contra el de la mujer, provocando una excitación de lo más agradable. Ella puede incorporarse o agacharse de nuevo, dejándose llevar por sus propias sensaciones.


En la posición del columpio, no cuenta con su mirada para cerciorarse de la intensidad del placer del hombre. Sin embargo, se guía con los gemidos o jadeos de placer y por la dureza de su miembro viril. Para mantener el equilibrio, el hombre tendrá que apoyarse con sus manos, sin poder expresar su amor con caricias. El carácter específicamente sexual de la relación entre los amantes multiplica las percepciones en el bajo vientre, la única fuente de gozo. Para enriquecer el placer, la mujer se acaricia el clítoris y el monte de Venus, así como los testículos de su amante, o le estimula la base del pene rodeándolo con un anillo formado por su pulgar y su índice. Es posible innovar y variar de numerosas maneras esta posición, que tiene la particularidad de encauzar hacia el gozo con movimientos imperceptibles. Lo importante no es seguir al pié de la letra la descripción de esta postura, ¡mejor inventar vuestro propio columpio. Fuente: doctissimo.es