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La mecedora


¡Las mecedoras no son cosa de abuelas! Esta evocadora postura reinventa el concepto de la silla, elevando a los amantes hasta el séptimo cielo. Mientras la mujer realiza el esfuerzo, su chico la colma de besos en la espalda para alentarla. Una posición para amantes valientes, flexibles y en búsqueda de sensaciones fuertes. Al igual que en una mecedora, el centro de equilibrio es difícil de encontrar en esta postura sexual. Pero a la vez, es un desafío estimulante para los amantes que de este modo pierden el control y se abandonan al placer.


La mujer se sienta en cuclillas encima del hombre, dándole la espalda. Le sujeta de los pies para no caer y él la sostiene con sus brazos. Así pueden mantener el equilibrio aunque no facilita realmente la penetración. En esta posición de la mecedora, la mujer toma las riendas, decide la penetración y su intensidad. Aunque tiene mayor movilidad que el hombre, no puede servirse de sus manos ya que las usa de soporte, de tal modo que él puede ver y besar la espalda de su pareja.


Es una forma de redescubrir partes del cuerpo que fácilmente olvidamos explorar. La espalda es una zona erógena cuando se le presta suficiente atención. El hombre también puede incorporarse un poco con fin de alcanzar la nuca de la mujer. Él sostiene, suspende en el aire o sujeta a su mujer con ambas manos, y de vez en cuando, la suelta para acariciar su cintura, sus piernas o sus pechos. Esto permite a la mujer ponerse manos a la obra, ya que es ella la que se encarga de proporcionar placer a ambos. El hombre apreciará los esfuerzos desplegados por su amante, pero ella no tanto sobre todo si le falta flexibilidad o sufre de la espalda. ¡Atención: esta mecedora no está hecha para descansar! Fuente: doctissimo.es