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La barca


La barca y el rio siempre van a la par y se asocian en una unión perfecta. En esta postura sexual, los amantes aprenden a coordinar sus movimientos y, por una vez, tienen que acostumbrarse a no estar frente a frente. Embarcarse en esta aventura puede ser complicado, pero el viaje es agradable.


La barca sigue la corriente y raramente se va a pique. En la posición de la barca, hombre y mujer descubren nuevas sensaciones. Ambos exploran nuevas posibilidades prestando atención a no estropear la sincronización, la unidad de la relación sexual. Echado sobre su espalda, el hombre espera que la mujer se coloque sobre él. Introduciendo el pene en su vagina, la mujer tendrá que ponerse de lado, como en la posición de la amazona, pero con las piernas flexionadas.


En esta postura, inicia el vaivén. La penetración es profunda y otorga a ambos un placer intenso. La curvatura del pene no coincide con la de la vagina, de forma que cada sensación es muy singular. La mujer tiene que prestar atención a no torcer el pene de su pareja. Él, en esta posición de la barca, tiene más posibilidades que en la de Andrómaca. A la vez puede explorar los senos y las nalgas de la mujer, e incluso tocar su clítoris y acariciar su cara al mismo tiempo.


Para una mujer que alcanza difícilmente el orgasmo, la posición de la barca le deja tomar la iniciativa y retar su pudor. Así en primer plano, se descubre a su pareja, que contempla una visión integral de ella. Puede animarse a cambiar los movimientos, de izquierda a derecha o de arriba abajo. El hombre no puede moverse tanto pero disfruta con la libertad de sus manos. En esta posición original, hombre y mujer juegan a ser barca y al río, una manera de reforzar la complicidad sexual y hacerles descubrir sensaciones especiales. Fuente: doctissimo.es